La primera gran orquesta rusa ahora regresa como Filarmónica de San Petersburgo
En dos programas del Mozarteum Argentino, se presenta hoy y mañana en el Teatro Colón
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Para las generaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la Filarmónica de Leningrado fue una de las seis mejores orquestas del mundo, conocida y admirada sólo por medio de algunos discos, pero rodeada durante mucho tiempo del misterio impuesto por el muro de incomunicación con Occidente.
Pocos recordaban que alguna vez se había llamado Filarmónica de San Petersburgo hasta 1914, luego Petrogrado hasta que murió Lenin y a partir de allí Leningrado, un nombre otra vez abandonado hace unos años para retornar al antiguo que evoca a Pedro El Grande, fundador de la ciudad. Tantas mutaciones no lograron alterar la identidad de la orquesta ni dejar de lado su trayectoria mantenida a lo largo de 116 años. Porque la Filarmónica nació en 1882 como la primera gran orquesta rusa, salida de la Capilla Real de la Corte zarista en la autocracia de Alejandro III. Parece material de leyenda comprobar que la Filarmónica fue caldo de cultivo para algunas de las más grandes batutas de la historia contemporánea, caso de Serge Kussevitzky, su primer director estable entre 1917 y 1921. Pero, en realidad, la institución orquestal de Leningrado, empezó a subir en la escala cualitativa a partir de 1938, cuando se hizo cargo de su podio Evgeni Mravinsky en el que permanecería hasta su muerte en 1988. Fue con este músico que la Filarmónica alcanzó un nivel incomparable y se ubicó entre las seis primeras del mundo.
Todos los aficionados a la música orquestal saben que las dos cajas con los 20 CD de la Edición Mravinsky del sello Melodiya, que recorren desde Bartok hasta Weber, es el legado de una de las dos grandes escuelas de dirección orquestal, por medio del que fue su más distinguido representante.
Actuaciones en Buenos Aires
Esta es la segunda visita de la orquesta a Buenos Aires. La primera se produjo todavía como Filarmónica de Leningrado en 1991, también con los auspicios del Mozarteum y con la dirección de Mariss Jansons, que después de haber sido asistente de Mravinsky, lo sucedió a partir de 1988 en colaboración con Yuri Temirkanov. Es este director (nacido en una ciudad del Cáucaso en 1938) el que la lidera en su nueva visita, ya recuperada la inicial denominación de Filarmónica de San Petersburgo.
Temirkanov es una batuta particularmente conocida fuera de Rusia porque, desde hace años, actúa con especial frecuencia en Europa y Estados Unidos, en algunos casos habiéndose hecho cargo de orquestas durante temporadas enteras y en otros como director de algunas visitas que el elenco del teatro Kirov hizo a Londres para representar "Boris Godunov" de Mussorgsky o "La dama de pique" y "Onegin" de Tchaikovsky. Otro de los artistas rusos que han salido con esta gira de la Filarmónica es el violinista Sergei Guirchenko, profesional que se destacó en su país por la actividad pedagógica en el Conservatorio de Moscú y como profesor de cursos violinísticos en el exterior, además de haber asumido en 1978 el puesto de concertino en la Orquesta Sinfónica del teatro Bolshoi. Guirchenko será el solista en el Concierto Nº 2 de Prokofiev incluido en el programa de mañana, dedicado a obras de los dos grandes contemporáneos rusos.
Al margen de los discos con registros de la Filarmónica muy consumidos por los aficionados argentinos, la anterior visita de esta orquesta en 1991 dejó una impresión profunda que todavía se cita como referente para hablar de los grandes momentos musicales del país. Ninguna zona de la orquesta aparecía entonces menos ejemplar que las otras, pero particularmente, la cuerda exhibía nítida luminosidad y los metales llamativa precisión de conjunto. En los discos, se percibe que Temirkanov tiene un estilo muy vibrante que imprime mucho nervio a las versiones, aunque este rasgo no altera la respiración de la orquesta recordada como un organismo especialmente aplomado. Tal vez, una de las características más salientes de la Filarmónica de San Petersburgo, resida en el hecho de la contagiosa convicción que, seguramente, se advertirá cuando toquen la música de sus compatriotas.
Programas: Hoy. Primer ciclo. Borodin: Danzas polovtsianas. Rimsky-Korsakov: suite de "El gallo de oro". Tchaikovsky: Sinfonía Nº 5. Viernes 17 de este mes: Prokofiev: Sinfonía Nº 1 "Clásica" y Concierto Nº 2 para violín y orquesta. Solista: Sergei Guirchenko. Shostakovich: Sinfonía Nº 10. En ambos casos, Teatro Colón, a las 20.30.





