La Rinaldi juega de hada madrina
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"Tangos de una noche de verano". Intérpretes: Susana Rinaldi, Anahí Allue, Ligia Piro, Rodrigo Aragón, Dante Montero, Cristina Montero, Gustavo Maris y los músicos Jua Calos Cuacci, Juan Alberto Pugliano y Juan Esteban Cuacci. Dirección musical: Juan Carlos Cuacci.Dirección general: Susana Rinaldi. En el Radio City.
MAR DEL PLATA (De una enviada especial).- El pequeño conjunto recibe con generosos acordes al público que asciende las escaleras del teatro. Así comienza a gestarse el clima del dos por cuatro que va inundando la sala y las mesas distribuidas a los laterales del escenario. La propuesta es recrear el café concert y su espíritu: la cercanía con el artista, el cobijo a la inexperiencia, la calidez que ofrece la proximidad.
La atmósfera se tiende y distiende como el fuelle de un bandoneón, hasta que suenan los primeros compases de "El choclo" y voces nuevas y frescas marcan el comienzo del espectáculo. Conducidos por una madrina sin igual, Anahí Allue, Ligia Piro, Ana Cuacci, Alfredo Piro y Rodrigo Aragón son los protagonistas de la primera parte del show. Anahí Allue, probada en su expresión canora, y Ligia Piro (hija de la Rinaldi), son rostros conocidos por su participación en "Gotán". Los demás deparan una grata novedad.
La vieja voz de los hacedores del tango se refresca en estas gargantas cristalinas. Y remozada en su frescura llega "La Morocha" acompañada por el "Niño bien", mientras "Madame Ivonne" se reencuentra con "Flor de lino", para cantar una "Milonga sentimental". Todos ellos, "Frente al mar", se unifican en el himno piazzollano de "Balada para un loco".
Aunque todavía tímida y temerosa, resulta una gratificante sorpresa reconocer en la voz de Ana Cuacci, sobrina de la Tana, resonancias "rinaldianas" que la insinúan como un legítima heredera familiar.
Esta presentación fue el preámbulo de la aparición de Susana Rinaldi, el plato fuerte de la noche. Quizá por este motivo resultó un poco extensa. Pero el momento llegó y la sala comenzó a vibrar impulsada por la energía de una cantante que, sin lugar a dudas, cada día canta mejor. Y no se trata de una evaluación personal, sino de la respuesta que su canto obtiene del público, que respalda con la tensión de su cuerpo cada una de las notas que la Tana vuelca con increíble naturalidad.
Es curioso que el escenario que aparece desnudo, inmenso en la primera parte, se vea reducido en sus dimensiones ante la avasalladora presencia de Susana Rinaldi.
Esta magia es la que, finalmente, el público celebra entusiasmado.





