La siembra de Horacio Guarany

René Vargas Vera
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17 de enero de 2017  

¿Quién es y qué representa Horacio Guarany en el panorama del folklore argentino? ¿Qué nos legaron su inventiva de compositor y poeta, y el ventarrón de su voz como cantor de multitudes? Guarany es una figura insoslayable, irrepetible, única. Totalmente distinta de Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, y hasta del Cuchi Legizamón, hermano en el gracejo provinciano. Volcánico como pocos, intrépido, irreverente, cabrón frente al cholulismo. El Guarany poeta de la verborragia era dueño de la palabra clara y comprometida, que también acoge exquisiteces poéticas en la nostalgia y en el amor. Cantor de lanzar al aire sus cuerdas vocales en remolinos de voz incontrolada, con notas desafinadas (abemoladas), un arrollador sentido de la humorada y una simpatía desbordante en escena, que le otorgó siempre el carisma de prócer popular y conquistador nato.

Nadie pudo quedar indiferente cuando asomó su figura retacona, de pelo y barba teñidos, para sentirse depositario de los "veinte años en un rincón del corazón". Avasalló con su canto comprometido o sentimental, guitarra en mano, junto a las de sus fieles compañeros de las seis cuerdas y ese ineludible bombo malabar de mil y obstinados repiqueteos.

Canto iconoclasta de poesía encendida en metáforas y alegorías. No versificaciones prolijas, prosaicas y huecas para hacer rima. Y melodías sencillas pero nada convencionales, que se entretejieron en perfecta simbiosis con la palabra, siempre inmerso en el folklore tradicional. No le hizo falta ser renovador en lo musical para blandir con nuevas melodías su pluma rebelde contra los poderosos y la injusticia. Y cantar, encendido, al amor añorado o perdido.

¿Quién, si no, pudo escribir estrofas como éstas de Si se calla el cantor? "Si se calla el cantor? mueren de espanto/la esperanza, la luz y la alegría. Debe el canto ser luz sobre los campos,/iluminando siempre a los de abajo?"

¿Quién pudo decir ternura en "Memorias de una vieja canción"? ¿Cómo olvidar los lacerantes versos de "La villerita"? Un vivo retrato de lo que con eufemismo se llama trata de blancas. "Villerita, rancho de lata, cartón y chapa, pinta sus labios, peina su pelo, rubio dorado, recién teñido, que ayer fue negro?/Tacos de engaño, escasos años, los diecisiete recién cumplidos? Vuela bien alto que no te alcancen buitres de barro. Paloma herida. Mi villerita."

Climas de ternura en "Aroma de mandarina" y en "Piel morena". Y otras del cantor enamorado. Canciones como "Estamos prisioneros, carcelero", de profundos significados humanitarios: "Estamos prisioneros, carcelero. No hay quien le compre la suerte/al dueño de los candados/murió con un ojo abierto/y nadie pudo cerrarlo. Le regalé una paloma/al hijo del carcelero/cuentan que la dejó ir/tan sólo por ver el vuelo. ¡Qué hermoso va a ser el mundo/del hijo del carcelero. Muchos callaron... ¡Yo preso y ellos sometidos!".

Le bastó una treintena de cantos dictados por un corazón emocionado: "Guitarra de medianoche", "Pescador y guitarrero", "Cuando ya nadie te nombre", "Volver en vino", "Zamba del Chúcaro"?

No será fácil que hoy las asuma cualquier cantor, cuando tienden a borrarse las raíces y la ética. El cantar de Horacio Guarany: varonil en su ternura, visceral hasta la desmesura, rudo, si se quiere, pero auténtico, liberador de conciencias, lejos de las pautas del negocio del espectáculo y la industria del disco. Con el mismo admirable sentido del humor que le permitió burlarse de sí mismo asumió, humilde, el estudio del canto con el eminente maestro Sergio Tulián. Su siembra habrá de fructificar en los espíritus libres.

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