
La televisión se tiñe de azul
Apoyado en un símbolo que semeja una ola que va en procura de alcanzar su plenitud, el Canal Azul acaba de darse su baño de bautismo. La emisora que con bombos, platos y una generosa dosis de fuegos artificiales salió al ruedo en la noche del miércoles último, para empezar formalmente sus transmisiones el 4 de enero, parece, ante todo, dispuesta a convertir en apenas un recuerdo tres instancias fundamentales de la historia del medio: un número, el 9; un símbolo, la palomita, y un nombre, Alejandro Romay.
El Canal Azul es, en principio, el color de los nuevos vientos televisivos. Que soplan en dirección a un tiempo en el que se habla el idioma de las megafusiones, de las comunicaciones integradas, del riguroso marketing, de los holdings que crecen y se desenvuelven en un mundo globalizado.
Y que, sin complejos ni nostalgias, dejan atrás, para fundar uno nuevo, el mundo de la televisión argentina de los self made man . Personajes como Romay, que en los éxitos y en los fracasos siempre dejaron en claro que nada les era ajeno y que todo giraba alrededor del manejo personalísimo e indelegable que ejercían a la hora de las decisiones fundamentales.
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En aquellos tiempos valía muchísimo más la intuición que cualquier concienzudo estudio de mercado. Y se planteaba sin escrúpulos ni limitaciones la lucha sin cuartel por el rating que sostenían Romay, Goar Mestre (Canal 13) y Héctor Ricardo García (Teleonce).
Que las cosas hoy son bien diferentes lo demostró el perfil que tuvo el encuentro de lanzamiento del Canal Azul. Más que los artistas o las estrellas de turno, los protagonistas de la fiesta fueron ejecutivos, hombres de negocios y publicitarios, interesados seguramente en recoger datos para definir, de aquí en más, cuál será el posicionamiento de este colorido nuevo actor en el tablero televisivo local.
En este escenario inédito, las batallas de antaño entre el 11 y el 9 ya se convirtieron en asunto exclusivo de los historiadores del medio. Los actores, que ahora llevan identidades diferentes de las de aquellos tiempos (responden, respectivamente, a los nombres de Telefé y Canal Azul), hoy se han convertido en primos hermanos que responden a una misma conducción: la que ejercen el CEI Citicorp Holdings y TISA (Telefónica Internacional). La presencia de las cabezas de Telefé (Constancio Vigil y Carlos Fontán Balestra) en la fiesta inaugural de la nueva etapa de su archirrival de otrora, con el que hoy está unido por más de un lazo, es todo un signo de los nuevos tiempos.
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Si en materia de estrategias empresarias las cosas parecen más o menos claras, la otra pata de esta novel construcción -la programación- abre más de un interrogante.
Mientras los australianos de Prime optaron por un perfil bajísimo, sus socios locales y máximos responsables del Azul, el activo Carlos Avila (la cabeza de Torneos & Competencias, partícipe estratégico y esencial del proyecto) y Pablo Galli (ex ejecutivo de Telefé) salieron a la cancha y se encargaron de puntualizar que lo que ofrecerá la emisora no estará sesgado por preferencia temática alguna.
"No seremos ni un canal de noticias ni un canal de deportes ni un canal de series. Seremos todo eso y mucho más", dijo Galli, como para dejar en claro que el lugar del Azul fue, es y será el de todo canal abierto que, en términos de audiencia, piensa más en lo general que en particularizar propuestas en función de públicos segmentado por algún tipo de clasificación o preferencia, como ocurre en el cable.
¿Será una transición o una tendencia que se profundizará en el futuro? Lo cierto es que, en términos de programación, lo que insinuaron los anuncios es que lo nuevo no terminó de nacer y lo viejo no terminó de morir. Y que el modelo del viejo Canal 9 (o de Romay, que es decir lo mismo) convivirá, al menos por un tiempo, con los nuevos aires coloreados de azul.
Sólo de este modo puede entenderse la coexistencia de personalidades tan diferentes -y hasta contradictorías- como Jesús Quintero y el Pato Galván, Mariano Grondona y los bailanteros de "Salvajes", fútbol a granel y las andanzas de "Mamitas" o "Mi ex". Donde el canal parece que ganará terreno es en el del cine (con prometedores títulos como "Sensatez y sentimientos", "Il postino" y "El secreto de Mary Reilly"), mientras que el ámbito periodístico, por lo que se ve, sólo quedará abonado por la presencia de "Hora clave" y nadie más.
Se dirá que así es la TV, un mundo heterogéneo en el que todos pueden convivir en armonía porque así está escrito en el decálogo de un medio de comunicación de alcance masivo como ninguno.
Aunque en los hechos queda claro que el modelo Romay tardará en desaparecer de la letra y del espíritu del futuro ex Canal 9 (y allí están para comprobarlo detalles visuales de la campaña promocional, con guiños y rastros del viejo estilo), los responsables del Azul, con la decisión de prescindir de dos banderas del viejo canal, como Lucho Avilés y Mirtha Legrand, ya dieron gestos muy claros para mostrar que están decididos a cambiar la historia. Aunque la diva de los almuerzos, que se siente como la gran perdedora de todo este proceso, parece dispuesta a no callarse de aquí hasta que termine su ciclo.
Habrá sal y pimienta en las vísperas de la llegada formal de un nuevo color a un cuadro televisivo que cierra el año sin bravos y con tonos decididamente opacos.







