Una DJ que no sabe dibujar, pero que les pone color a los ratos de ocio
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Actualizado el 29 de junio de 2020
Durante los viajes y en situaciones de espera en general, cuando está de paso en la habitación de un hotel, varada en algún aeropuerto o simplemente aburrida, la DJ Romina Cohn recurre a una terapia singular para combatir las horas lerdas, la mamarracho therapy. "Dibujos, experimentos, collages que hago en los tiempos muertos, en los que se tiende a la simple espera de algo; en mi caso, la llegada de un avión, el intervalo entre uno y otro, la espera hasta que llegue el momento de ir a tocar, jet lags, en fin...", expresa con voz áspera y tono pausado. Aclarado el concepto detrás de sus tres cuadernos, que contienen ilustraciones de colores vivos y texturas infinitas, explica lo de mamarracho: "¿El nombre? Supongo que me queda cómodo llamarlo así, ya que dibujante no soy, estoy lejos de serlo... Es más, dibujo mal", se disculpa.
No será una artista de lo plástico, pero la DJ, que también se dedica al cine –escribe guiones y filma cortos–, le imprime a cada dibujo una originalidad envidiable. No cualquiera compone una imagen combinando una seguidilla de materiales, por ejemplo, lápiz labial, delineador de ojos, cigarrillos, objetos del avión, esmalte de uñas, papelitos que encuentra dentro de la cartera o a su alrededor, gorra de baño y toalla de hotel, pinturitas, tinta china, papel carbónico, serpentinas y pegamento. Admirable. Cuando la mamarracho therapy comenzó a afianzarse como método de distracción y llenó el primer cuaderno y después el segundo, Cohn decidió tomar el pasatiempo más en serio: "Tomé conciencia de que esta tendencia al dibujo, el mamarracho, me salía en los momentos de espera, entonces empecé a viajar con acrílicos, témperas, acuarelas y mucha brillantina, pero sin dejar jamás los otros elementos", precisa.
El resultado de esta mezcla de ingredientes, que estampa en vulgares cuadernos, son composiciones de trazo sencillo que aluden a bandas de música y películas de su interés. Es el caso del dibujo de Drácula, en el que se inspiró en el actor húngaro Bela Lugosi. "Me gustan mucho las historias de vampiros, la literatura y los films de terror desde muy pequeña", declara. Y despeja dudas en cuanto a los utensilios: "Usé delineador de ojos negro, un crayón blanco, esmalte de uñas rojo para la sangre en los colmillos, carbón, tinta china y acrílico negro mate".
Otro, con la cara de un gato, lo dibujó durante un vuelo a Berlín, y es en honor de su colega francesa Miss Kittin, DJ conocida desde hace mucho tiempo. La imagen del felino vuelve a repetirse, esta vez con un guiño de ojo y decorando la frase I can get no satisfaction. Cohn comenta que roció con spray de pelo la imagen para fijar el color, y admite que es su favorito.
Por último, el que lleva por rótulo Wanna be a... y un ojo gigante con sombrero como estampa. "Ese dibujo representa la banda norteamericana The Residents, de la que soy fanática. Se presentan con un ojo gigante sobre la cabeza. No se sabe si es un disfraz o si realmente son seres que ya vinieron así, pero lo que sé es que jamás dejaron ver sus rostros", explica para los menos melómanos. En una de las páginas, se ve un sinfín de calcomanías superpuestas: etiquetas adhesivas con la palabra fragile y priority y algunas que prohíben fumar o indican destinos remotos, aquellos donde Cohn aprovecha para avanzar en su terapia y llenar de brillantina y esmaltes otra página del cuaderno.