
Las canciones de la princesa de hielo
Los autores de la banda de sonido del exitoso film contaron su génesis
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ANAHEIM, California.- Hace dos años, en este mismo lugar, John Lasseter, fundador de Pixar y mandamás de los estudios animados de Disney, estaba finalizando la presentación de todos los films que se estrenarían entre 2014 y 2015. Muchos ya habían escuchado algo sobre Intensa-Mente y Seis grandes héroes, pero a pocos les sonaba Frozen: una aventura congelada. Hasta que Lasseter, con el entusiasmo que lo caracteriza, anunció la llegada de las nuevas princesas, Elsa y Anna y, sobre todo, la participación de Idina Menzel, talentosa actriz y cantante de Broadway, en la película. Y entonces apareció ella y cantó "Let it Go", el tema que se volvió himno en todos los idiomas, la banda de sonido de la vida cotidiana de millones de chicos -y sus padres- en todo el planeta. Fenómeno de multitudes la película y esas canciones, que recién ahora empezaron a sacárselas de la cabeza.
Lo saben Bobby Lopez y su socia y esposa, Kristen Anderson-Lopez, que después de conquistar el teatro musical con sus partituras para la obra The Book of Mormon dieron el gran salto al cine gracias a Disney. Primero trabajaron en la modesta y tierna nueva aventura de Winnie Pooh y luego en Frozen, y de allí al éxito global y al Oscar. Responsables -culpables, dirían algunos agotados padres- de hacer de una muy buena película de animación una experiencia inolvidable. Como la que ambos están a punto de protagonizar.
En medio del escenario principal de la convención D23, casi como si fuera su ceremonia de cierre no oficial, los Lopez, acompañados del productor musical Chris Montan (responsable de elegir a los compositores de las películas de Disney desde 1995), aparecen simpáticos y conversadores mientras las pantallas gigantes muestran las muchas versiones de su canción en todos los idiomas imaginables.
En el origen
"Volvamos a esa época en la que no había cartucheras ni mochilas ni figuritas de Frozen. Sólo la tarea de escribir las canciones para este proyecto", arranca Montan, el mejor maestro de ceremonias para el Frozen Fandemonium, un encuentro de los fanáticos de la película con los creadores de esa música que no pueden dejar de cantar.
Y ellos aceptan el viaje en el tiempo, el regreso a aquellos momentos en que todavía el guión del film era un trabajo en proceso y, por ende, sus composiciones eran apenas esbozos de lo que vendría después.
"Hubo canciones que tuvimos que descartar. Teníamos una que nos entusiasmaba mucho para el príncipe Hans, pero la tuvimos que dejar de lado cuando nos dimos cuenta de que revelaba demasiado sobre sus verdaderas intenciones y los guionistas prefirieron mantener eso en secreto hasta más adelante en la trama", detalla Kristen Lopez, la encargada de cantar cada una de las melodías del espectáculo, mientras su marido, Bobby, la acompaña en el piano. Una dinámica, cuentan, que se repite en su espacio de trabajo. Aunque allí muchas veces las mejores ideas ocurren en las pausas para ir al baño.
Sin demasiadas reservas ni inhibiciones, los Lopez parecen hechos para contar cómo hacen su trabajo frente a miles de personas, aunque las cosas no siempre fueron tan fáciles para ellos. O para ella. "Hasta que Jennifer Lee (codirectora del film) se sumó al equipo, era muy difícil ser la única mujer en la mesa de producción tratando de hacerles entender a los muchachos que probablemente las peleas entre las hermanas no tuvieran por qué ser por un chico. «Es más profundo que eso», les insistía", recuerda la Lopez, y también tiene presente el momento en que las escucharon. Si no lo hubieran hecho, probablemente Frozen no sería lo que fue. Lo que es.
A veces las voces combinadas o en solitario del dúo matrimonial y autoral no alcanzaban. Mientras pasaban los meses y los demos viajaban entre la casa de los Lopez en Nueva York y los estudios Disney en Burbank, los músicos necesitaron refuerzos, y qué mejor que engendrarlos. "Nuestras hijas, Annie y Cathy Lopez, cantaron las primeras versiones de «¿Y si hacemos un muñeco?»", revelan los compositores, y presentan a la mayor, Annie, a la que se le suma en el escenario Aggie Lee (la hija de la directora) para interpretar las canciones que de alguna manera inspiraron.
Y junto a ellas, Anna. Es que no podía ser una verdadera fiesta de Frozen si al menos una de sus princesas no se sumaba al festejo. La actriz y cantante conocida por la serie Veronica Mars y por prestarle su voz a la versión original del film se gana una de las ovaciones más sonoras de la tarde, una que sólo superará la aparición de Josh Gad, el intérprete responsable de darle sonido y movimientos al tierno Olaf, el muñeco de nieve que canta sobre lo mucho que ama el verano.
Y luego llega el momento de "Let it Go". De cantarla a coro con más de siete mil fanáticos que no necesitaban de las grandes pantallas para seguir la letra y de explicarla también. "Necesitábamos una canción que explicara la personalidad y el recorrido de Elsa. Sabíamos que teníamos que hacer una canción sobre su transformación, pero aún no sabíamos si era buena o una villana. Escribimos el principio de la canción y salimos de la oficina a caminar un poco, y empezamos a hablar de esa sensación de tener un secreto, algo que escondés y que por un error todo se descubre y tu vida se desmorona", detalla Kristen Lopez. Y desde el piano su esposo completa la idea: "Imaginamos a esa alumna de secundaria que se saca siempre buenas notas y por un examen en el que le va mal no consigue entrar a la universidad". Pero eso no era todo. No alcanzaba. Porque la historia de la reina de hielo, de la heredera y la princesa de repuesto, estaba más cerca de lo que incluso sus compositores se imaginaban.
"En un momento empecé a hablar de lo duro que es ser una mamá y preparar la quinoa orgánica y tener un buen trabajo y un matrimonio exitoso y lograr vestirte con algo que no sea siempre el mismo pantalón para hacer yoga. Y entonces empezamos a interpretar lo que Elsa podría estar sintiendo en ese momento. Nos subimos a la mesa...", cuenta Kristen, y enseguida llega la necesaria aclaración, entre risas, de su marido: "Ella se subió a la mesa, yo me quedé abajo abanicándola para que le diera brisa en el pelo".
No importa quién se quedara abajo y quién sintiera el viento en la cabeza en Nueva York, porque cuando la canción llegó a Burbank, más precisamente a la oficina de Lasseter, estaba todo dicho. Hasta el mínimo movimiento de la poderosa Elsa interpretada por el director y ejecutivo de las camisas graciosas. El mismo que ahora se sube al escenario para cantar con los compositores, sus hijos, la directora y los actores la canción que construyó un fenómeno nota a nota.




