La actriz y modelo falleció en 1962; una extensa investigación que busca dilucidar las causas de su fallecimiento
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“¿Cómo se escribe una historia de vida? La verdad rara vez sale a la luz; normalmente circulan las falsedades. Pero es difícil saber por dónde empezar si no empiezas con la verdad”.
Así se expresaba Marilyn Monroe en la última entrevista que concedió antes de su muerte, el 5 de agosto de 1962. Norma Jeane Baker -su verdadero nombre- tenía 36 años y dejaba atrás una vida llena de contrastes: estrella adorada por millones de personas alrededor del mundo, lidió con innumerables problemas psicológicos y emocionales que ella misma atribuía a su infancia y, en menor medida, al peso de la fama.
Su solitaria muerte de madrugada, clasificada oficialmente como “probable suicidio”, desató múltiples rumores y teorías conspirativas que perduran hasta hoy, 100 años después de su nacimiento.
Su deceso contiene los ingredientes perfectos para una película de Hollywood: sexo, política, agentes secretos e incluso la presunta implicación de la mafia o de una poderosa familia como los Kennedy.
El periodista y escritor británico Anthony Summers se sumergió en los años ochenta en una exhaustiva investigación, ahora actualizada, para intentar desentrañar el misterio.

Una meticulosa labor
El objetivo inicial del viaje del periodista a Hollywood era cubrir la reapertura de la investigación sobre la muerte de la actriz anunciada por el fiscal de distrito de Los Ángeles. Era 1982 y se cumplían veinte años del suceso.
“Marilyn no había sido una de mis actrices favoritas, me gustaban más Natalie Wood y otras artistas de esa época”, le dijo Summers a BBC Mundo. “Fui a Los Ángeles y empecé a mirar qué hacía el fiscal de distrito. Muy pronto me di cuenta de que la historia era mucho más amplia y complicada de lo que pensaba. También me di cuenta de que su vida entera había sido mal cubierta por la prensa, excepto en dos o tres biografías. Había mucho que aprender”, recordó.

Se compró un auto y empezó a tocar puertas y hacer llamadas. Las evasivas o directamente negativas de la gente a hablar le demostraron que, a pesar del paso del tiempo, el asunto todavía despertaba temores y suspicacias.
Pero Summers insistió. Finalmente consiguió entrevistar a más de 700 personas, algunas de ellas con un conocimiento muy estrecho de los últimos días y horas de vida de la actriz, como su niñera, Eunice Murray, o la familia del doctor Ralph Greenson, su último psiquiatra.
Fruto de ese trabajo, Summers publicó en 1985 Goddess: The Secret Lives of Marilyn Monroe (“Diosa: las vidas secretas de Marilyn Monroe”). El libro ha sido actualizado y reeditado en varias ocasiones y sirvió de base para el documental de Netflix The Mystery of Marilyn Monroe: the Unheard Tapes (“El misterio de Marilyn Monroe: las cintas inéditas”) en el que se pudieron oír grabaciones hasta ese momento desconocidas de personas muy cercanas a Monroe.

“No encontré nada que me convenciera de que fue asesinada, pero sí hallé pruebas de que las circunstancias de su muerte fueron deliberadamente encubiertas”, sostuvo el periodista.
“Y diría que la evidencia sugiere que fue así por la conexión de la actriz con los hermanos Kennedy”, destacó, dejando un manto de suspenso.
Marilyn y los Kennedy
En el centro de todo el misterio que rodea la muerte de Marilyn Monroe está, efectivamente, la supuesta relación de la actriz con los hermanos John y Robert “Bobby” Kennedy, en aquella época presidente y fiscal general de Estados Unidos, respectivamente.
Corrían los años 1961 y 1962, y a la actriz no le quedaría mucho tiempo de vida. Summers consiguió que fuentes directas corroboraran que Monroe y los Kennedy coincidieron con cierta frecuencia en la mansión de Peter Lawford, cuñado de los políticos y conocido de la actriz, en la playa de Malibú.

Otros entrevistados fueron más allá y hablaron de una presunta relación sentimental de Monroe con ambos, primero con John y luego con Bobby, que nunca ha sido reconocida por la familia Kennedy.
Entre las grabaciones de Summers llaman especial atención los testimonios de detectives privados, informantes y exagentes del FBI que reconocen abiertamente ante el micrófono que tanto Monroe como los Kennedy estaban siendo espiados.
Investigadores directamente involucrados en el caso como Fred Otash o John Danoff le explicaron al periodista que la casa de la actriz y la de Lawford tenían micrófonos instalados por las fuerzas del orden y por grupos mafiosos a los que les interesaba tener un posible escándalo con el que presionar al fiscal general.
Además, Summers tuvo acceso a expedientes oficiales que demuestran que el FBI investigaba a la actriz por su presunta ideología “izquierdista” y que la agencia consideraba “motivo de preocupación por cuestiones de seguridad” los encuentros de Monroe con el presidente y con el fiscal general.

Según la investigación de Summers, esto llevó a que los Kennedy rompieran toda relación con la actriz. Reed Wilson, un agente que era experto en escuchas y trabajaba tanto para el FBI como para la CIA, le confió a Summers que, en la última conversación de Monroe con Peter Lawford el mismo día de su muerte, la actriz exigió que la dejaran en paz.
“Me siento usada. Me siento como un pedazo de carne. Siento que me han pasado de uno a otro”, reprochó Monroe citada por Wilson. “No es que tuviera el corazón roto, no creo que fuera eso. Era más bien que sentía que se habían aprovechado de ella, que le habían mentido”, apuntó Wilson.
¿Un complot para asesinarla?
La idea de que Monroe pudiera haberse convertido en una figura molesta o incluso peligrosa para los Kennedy hizo que la teoría del asesinato cobrara fuerza. Sin embargo, para Anthony Summers no hay evidencia que la sustente.
“La insinuación de que fue asesinada no tiene una base fundamentada en hechos”, le explicó el autor a BBC Mundo. “Para sugerir que alguien ha sido asesinado tienes que tener alguna prueba, y no la hay”, agregó.

“La evidencia de la noche que murió sí indica que se fabricó una historia, que no se contó la verdad sobre cómo se desarrollaron los hechos”, afirmó, sobre una extensa investigación.
“Según la versión que se dio en su momento, la niñera Eunice Murray vio una luz [en la habitación de la actriz] a las tres de la madrugada del domingo 5 de agosto y llamó a Ralph Greenson, el psiquiatra de Monroe, quien al llegar miró por la ventana y la vio tendida en la cama, aparentemente muerta. Entonces Greenson rompió el vidrio y, al cabo de un rato, él y Murray llamaron a la policía”, reconstruyó el autor.
Sin embargo, Summers recogió testimonios de otras personas con una versión diferente, como Nathalie Jacobs, viuda del representante de prensa de Monroe, que recordó que alguien avisó a su esposo de que había una emergencia con la actriz a las diez o las 11 de la noche del sábado 4.

En esta línea, el forense que hizo la autopsia, Thomas Noguchi, determinó como hora probable de la muerte las 23 o las 00, lo que colocaría la fecha del fallecimiento en el 4 de agosto y no el día 5.
¿Qué pasó en esas horas de diferencia entre las 23 y las 3 de la madrugada de la versión oficial? “Me llevó mucho tiempo ver qué piezas del rompecabezas podía encontrar y si encajaban”, contó Summers.
“Con el descubrimiento de que mandaron una ambulancia a casa de Monroe, dato que provino de una fuente muy confiable —el jefe de la empresa de ambulancias Schaefer— y fue corroborado por otras siete personas, pude hacer un análisis más real de los tiempos. Quedé convencido, y ahora lo estoy aún más, de que hubo un engaño sobre lo que pasó, pero no que la hubieran matado. No se veían daños físicos según la autopsia, tampoco señales de inyecciones”, reiteró.
“Antes de saltar a esa conclusión, tienes que preguntarte qué otra cosa pudo haber pasado. Se encontraron pastillas para dormir, un frasco vacío de Nembutal, que es un barbitúrico. Me pareció completamente posible que hubiera muerto por sobredosis accidental. O que se hubiera matado deliberadamente, algo que había intentado antes”, explicó Summers.
Ante la consulta sobre las posibles hipótesis, deslizó: “Si me preguntas qué pienso yo de las dos, creo que es más probable que fuera un terrible accidente. Si hubiera querido suicidarse, yo esperaría que se lo hubiera dicho a alguien o que hubiera dejado una nota informando que se estaba matando. No parece que lo hiciera. Nunca lo sabremos, creo, pero me decanto por el lado de la muerte accidental”, subrayó el autor.

En una de las actualizaciones de su libro, el periodista pudo añadir algunas de las piezas que le faltaban de su particular rompecabezas. Una de esas piezas era Sydney Guilaroff, peluquero de Monroe en varias de sus películas y confidente de la actriz.
“Cuando estuve en Los Ángeles en los años 80 una y otra vez, me encontré con él y hablamos”, evocó Summers. “Siempre era muy amable y cooperativo sobre cosas que ocurrieron antes de la muerte de Marilyn, pero se comportaba de forma muy extraña cuando le preguntaba sobre los eventos de esa noche. Años después, Guilaroff describió en su biografía cómo a las 9:30 de la noche en que murió, Marilyn le llamó. Sonaba aletargada y disgustada”, dijo.
Y, en la misma línea, siguió: “Le contó desesperada que estaba ‘rodeada de peligros, de traiciones de hombres en altos cargos’ y que Robert estuvo en la casa ese mismo día y la había amenazado y gritado”.
La niñera también le dijo a Summers que Kennedy visitó a la actriz esa tarde y que hubo una acalorada discusión.
“Mi interpretación, con base en todas las personas con las que hablé, es que Bobby fue a verla ese día, que discutieron y que él tenía que dejar la ciudad; por eso necesitaban ganar tiempo”, opinó.
“Hubiera sido comprometedor que se supiera que había estado en la casa horas antes de su muerte. Parte del retraso era para asegurarse de que Bobby estaba fuera de la ciudad”, completó.
El periodista consiguió acceder a los registros de vuelo de un helicóptero que esa misma noche despegó de la casa de Peter Lawford. Sin embargo, Robert Kennedy nunca reconoció que estuviera en Los Ángeles el día en que murió la actriz.
Una fascinación que perdura
“La felicidad… ¿se llega a conocer? Intentar ser feliz es casi tan difícil como intentar ser buena actriz”. La vida de Marilyn Monroe estuvo repleta de momentos estelares y de tremendos dolores y decepciones.

Cien años después de su nacimiento, su figura sigue despertando un gran interés. “No estoy seguro de lo que es, pero sí sé que desde Connecticut hasta el Congo Marilyn aparece en tazas de café, bolsos, lo que se te ocurra”, sostuvo Summers.
“En Malasia, por ejemplo, hay un restaurante con su nombre y un banco con una figura de cartón de Marilyn Monroe para que te puedas sentar a su lado y sacarte una foto con ella. Me pregunto qué piensan de ella los jóvenes de ahora. ¿La ven como una persona real con sentimientos? Espero que sí, porque fue una mujer real con inteligencia real", sentenció.
Su cercanía con el caso la llevó a revelar datos de la vida privada de la celebridad: “Hay numerosas razones para sentir empatía hacia ella. Es mucho más que una figura de cartón. Y será más que eso. Creo que las cosas se han salido de control. Nadie tiene una noción de quién era la verdadera Marilyn Monroe”.
“Marilyn Monroe era una mujer brillante y una muy buena actriz. Leía mucho, sabía sobre política. Era una mujer inteligente sometida a una presión casi intolerable y al final se puede decir que esa presión la mató”, manifestó.
Las últimas palabras que le dijo la actriz a Richard Meryman, el periodista que la entrevistó para Life, reflejan también ese deseo de ser tomada en serio: “Por favor, no me hagas quedar como un chiste”.
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