
Las manos mágicas de Barragán
"Barragán, el mago", musical mágico sobre idea de Feli Zimmermann, Carlos Barragán, Horacio Vesce, Gabriela Galán, Ignacio Fama y Lino Patalano. Intérpretes: Anahí Allue, Paula Bellone, Alejandra Díaz, Pablo Di Felice, Ignacio Fama, Gabriela Galán, Diego Hodara, Suhail Mahmud, Flavia Pereda, Andrea Rossi, Marcelo Testa, Horacio Vesce y los magos infantiles Andrés Okoskyn y Jonathan Chab. Libro y canciones: Elio Marchi. Diseño de escenografía: Alberto Negrín. Diseño de iluminación: Miguel Cuartas. Dirección de magia: Feli Zimmermann. Diseño de vestario: Manuel González. Diseño de sonido: Gastón Brisky. Música original: Alberto Favero. Coreografía y dirección: Ricky Pashkus. Duración: 80 minutos. En el Metropolitan. Nuestra opinión: bueno.
1 minuto de lectura'
Un acto de magia tiene, por naturaleza, el encanto de lo desconocido, más la necesidad de descubrir el truco que se esconde en todo ilusionismo. Si la mano del profesional es más rápida que el ojo del espectador, entonces se produce el hecho mágico y el espectador se cree todo lo que ve. También está la rutina de los actos ya conocidos, no menos efectivos, pero donde la sorpresa no se ve tan estimulada como frente a lo inédito.
El acierto de este espectáculo es haber construido un soporte musical, con un hilo argumental, danza y canto, para complementar la actuación de Carlos Barragán. La historia retoma la infancia del mago, donde se insinúa su precoz vocación frente a los deseos y proyectos de vida de sus padres. A partir de aquí se desarrollan diversos números musicales, atractivos desde la factura visual y sonora, en los que el mago participa con su canto, su baile y su ilusionismo hasta llegar al gran número final, el más armado y complejo por las "desapariciones" múltiples.
Hay otros números de magia: la danza de los pañuelos, simple pero efectiva por su belleza estética; la partenaire ubicada en diferentes cajas, donde se ve sometida a la torsión de cabeza o al conocido corte que se hace con planchas metálicas para separar el cuerpo; el increíble cambio, a la vista, del vestuario de un personaje; la sustitución de una persona por otra. Una rutina atractiva.
Cuando se trata de una producción de Lino Patalano, se sabe que el espectáculo va a contar con un óptimo rigor artístico. Al respecto, más que elocuente es la ficha técnica. Y en esta oportunidad, no fue la excepción.
El vestuario pasa a convertirse en el atractivo visual por antonomasia, especialmente en el número de la "Feria de las maravillas", donde las características de los personajes (mujer barbuda, las tres siamesas, los gitanos, los osos) ofrecen un despliegue de brillo y color.
El diseño escenográfico permite ilustrar las acciones y mantener el ritmo, que se sostiene durante el espectáculo, en los cambios que se suceden sin interrupción. Un trabajo muy interesante desde lo estético y desde la sincronización.
Con la dirección de Ricky Pashkus, los bailarines y cantantes se muestran impecables en sus exposiciones vocales y coreográficas, a las que Barragán se suma sin desentonar. Como una pieza de relojería, se suma la música de Alberto Favero para poner el broche de alegría y humor que ya se insinúa desde los textos del libro y las canciones de Elio Marchi.
Atado con cinta adhesiva
Finalmente, el sonido, que resulta impecable a través de los micrófonos incorporados. Pero... aquí viene el reparo. Ante tanto cuidado estético, es una desprolijidad ver a esos diminutos artefactos pegados con cinta adhesiva en la frente de los artistas, con un cable que cruza la cabeza, sostenido con visibles hebillas, sigue por el cuello y la espalda para terminar en una cajita cuadrada.
Si a esto se suman los inconvenientes que sufrieron la noche del estreno el mago -cuando se le despegó el micrófono de la frente y se soltó una de las hebillas que sostenía el cable a su corto cabello-, y Merlín, a quien, durante una escena, también se le despegó y tuvo que bailar acompañado por el movimiento del micrófono; esto cortó la magia del espectáculo y focalizó la atención y la preocupación sobre el destino final que tendría ese pequeño adminículo.
El último rubro, la iluminación, también juega su papel en la creación de los climas, pero no fue lo suficientemente cuidada, al menos la noche en cuestión, con relación a los artificios del mago, que quedaron al descubierto cuando se vieron los hilos que maneja en algunos de los trucos.
El espectáculo tiene el hechizo de lo mágico, y atrapa con facilidad, hasta que aparecen estas pequeñas cosas que ponen de manifiesto que la magia sólo es cuestión de trucos.



