
Las nuevas andanzas de Paul Fort
Varios lectores se interesan por mayores precisiones sobre las andanzas teatrales del poeta francés Paul Fort, referidas en la edición de esta columna del pasado sábado 24 de julio. Parece que el personaje les ha resultado insólito, como en verdad lo era. He aquí algunos datos complementarios.
Recordemos que Fort (1872-1960), proclamado "príncipe de los poetas", fundó en París, cuando apenas contaba dieciocho años y todavía cursaba el bachillerato, el Teatro de Arte, cuya primera representación se hizo el 18 de noviembre de 1890, en la hoy desaparecida Sala Duprez. Pero carecía de sala propia y las representaciones, que llegaron a ser hasta siete por año, se ofrecían donde se podía: en el Beaumarchais, en el Vaudeville, en el Montparnasse y en un recinto ubicado en la pequeña localidad de Asniéres, integrada hoy al Gran París. En "El arte teatral" (Fondo de Cultura Económica, México,1951, traducción de Juan José Arreola), Gastón Baty y René Chavance lo describen así: "El público era tumultuoso. Fieles y profanos se dirigían copiosas invectivas. Los fieles no desdeñaban ningún medio de persuasión: colocaban petardos en la butaca de Francisque Sarcey (famoso crítico de la época). Mientras tanto, Paul Fort cruzaba los pasillos o el escenario, repitiendo con optimismo: ¡Esto marcha, esto marcha!"
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"Los intérpretes se reclutaban gratis y casi al azar. Al lado de los debutantes, generalmente barnizados de literatura y que se aplicaban de buena fe a la tarea de traducir todas las sugestiones de un texto frecuentemente hermético, se hallaban en mayoría los viejos actores de melodrama, cuyas voces destempladas y ronroneos incomprensibles desesperaban a los autores". Entre éstos figuraron Paul Claudel y Maurice Maeterlinck.
¿Tuvo alguna importancia, finalmente, el Teatro de Arte de Paul Fort? Sí, responden Baty y Chavance: en el terreno de la escenografía. Falto de dinero para recurrir a los costosos talleres profesionales, el poeta pidió ayuda a amigos pintores. Y así, casi todos los posimpresionistas que llegarían a ser famosos y cotizados y están hoy en los museos, se improvisaron escenógrafos: Ambroise Vuillard, Pierre Bonnard (nada menos), Maurice Denis, Odilon Redon, Ker-Xavier Roussel, Paul Sérusier...
"En todo caso, parece que el movimiento simbolista, originalmente literario, alcanzó en el teatro resultados sobre todo visuales. Fue restaurada la verdad, de orden pictórico, de que el color de los trajes debe ir de acuerdo con el decorado, cosa evidente pero largo tiempo olvidada (...). Toda la moderna decoración teatral ha salido de allí. Pero se había olvidado, a su vez, una parte importante del problema. En su teatro, el movimiento y la actuación desaparecían bajo el flujo de las palabras."





