
1 minuto de lectura'
Uno de los ascensos más firmes del rock argentino en la última década sin duda ha sido el de Las Pastillas del Abuelo. Desde la contaminación en la web de esa perfecta descripción de una ronda fumona que fue "El sensei" hasta hoy, la banda de Piti Fernández construyó cuatro discos en que fusiona rock, country, gotas de jazz y ritmos rioplatenses como el candombe, y multiplicó su convocatoria. Nacido de una idea concebida en Cuál es?, Versiones es un breve muestrario por las canciones más emblemáticas de las Pastillas (elegidas por su público a través de una votación) en un formato distinto, reposado y con cálidos arreglos, grabado en vivo en el estudio Estudio Norberto Napolitano de la Rock & Pop. Con una calidad de audio impecable, el sexteto se mueve cómodamente entre acústicas, saxos y la fuerte presencia del piano de Ale Mondelos, quien se luce en ricos contrapuntos ("Oportunistas", "Cerveza") con las precisas guitarras de Diego Bozzalla y Fernando Vecchio. Texturas con sabor orillero que sirven para la prosa atorrante del Piti: ese amigo gamba, ese hermano mayor que sabe que fumamos porro y guarda el secreto; ese pillo sabio de barrio de filiación sabinesca y oficio de narrador. Su voz rompe, pero no grita; confiesa, pero no susurra. Y así, entre recitados y reflexiones sobre la vida del hombre común, guía al combo a través de clásicos pastilleros como "Resulta imposible" del lejano Por colectora (2005) y el tour de force de siete minutos de ese tango deforme que es "Amar y envejecer". En diez tracks, el grupo capitalino pone el foco en los paisajes musicales que alcanzan su punto máximo en la suite inédita "Contra viento yo marea": casi ocho minutos en que brilla el saxo de Joel Barbeito y nuevamente el teclado de Mondelos, que finaliza con una sutil referencia a "Norwegian Wood" de los Beatles. Con una de las convocatorias más importantes del rock nacional y músicos que tienen la oreja más cerca del corazón que de la radio, en Versiones Las Pastillas se recibieron de Pastillas. Y no es poco.
Por Daniel Jimenez





