Las risas más baratas de la televisión
Con orígenes diversos, como el circo, el carnaval uruguayo o el teatro under, los humoristas del programa de Telefé hacen reír con un bajo presupuesto, pero un alto rendimiento de rating
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En el edificio de las inmediaciones de Pavón y Matheu, donde funcionaba el viejo Canal 11 y donde tuvo en los 90 sus exitosos orígenes Telefé, ya no se graban ni emiten demasiados programas. La mayor parte de la actividad del canal se realiza en los estudios que posee en la localidad de Martínez, en instalaciones de productoras independientes que trabajan para la emisora o en Carlos Calvo y Salta, donde funciona la producción de sus noticieros. Lejos quedaron los tiempos en que esos estudios del barrio de San Cristóbal hervían de actividad con las grabaciones de Grande Pa!; las emisiones diarias de Nico , a la hora de la siesta; de Jugate conmigo , a la tardecita, y el trajinar nervioso de la troupe de VideoMatch preparando las notas que a la medianoche cerrarían la transmisión generando sonrisas que se medían a diario en cifras crecientes de rating. Sin embargo, hace unos meses, como un fantasma juguetón de aquellos tiempos, un grupo de bufones, asumidos y orgullosos de su condición, avivan nuevamente la alegría en los pasillos y estudios del viejo canal.
La universidad de Tinelli
"Todos pasamos por esa enorme facultad que son los programas de Tinelli. Allí aprendés a ser un actor 4x4, de esos que sirven en todoterreno. Tenías que ser un poco de todo: periodista, imitador, comediante, mimo; lo que fuera. Había que estar preparado para salir al toro como sea. Y no salir a dar un par de pases en el partido. Tenías que salir a hacer un gol, sino no servía", recuerda Campi, de los años en que la mayoría de los protagonistas actuales de Peligro, sin codificar pasó por VideoMatch , Ritmo de la noche o la versión del primero que en nuevos canales cambió su nombre por ShowMatch.
" De lo que fue VideoMatch en sus épocas de oro, en lo que a contenidos se refiere, estamos a años luz. En cambio, en lo que se refiere a la manera en que nos divertimos nosotros cuando hacemos esto, te diría que estamos a la par de aquello", confiesa Diego Korol, mientras Campi abandona los hábitos blancos del papa Francisco y agranda su nariz con látex para convertirse en un Pepe Mujica que supone que nadie escucha las barbaridades que dice porque oculta su cabeza en una campana plástica de fiambrería.
Desde lejos, Pachu Peña asiente, mientras intenta que el bigote postizo con el que se convertirá en el cantante de tangos Edmundo Vivero responda al pegamento. "En aquellos programas teníamos una parafernalia impresionante. Acá tenemos que compartir hasta los bigotes. Pero igual los recursos nos sobran para divertirnos nosotros y que los televidentes se diviertan también. La clave está ahí. Si nosotros lo pasamos bien, el público seguro que se muere de risa en su casa", reflexiona el ex compañero de travesuras de Pablo Granados, cuyo nombre ahora aparece en "La granja de Pachu", la canción cómica que hizo famosa Pichu Straneo, desde su personaje del "hombre más chiquito del mundo".
Destino de gloria
Los integrantes de Peligro, sin codificar acaban de ganar el Martín Fierro al Mejor Programa Humorístico, por la labor que realizaron en 2012, desde la pantalla de América, con el ciclo que entonces se llamaba Sin codificar . Este premio se suma al momento de éxito por el que pasa el programa, que en su mudanza a Telefé se convirtió en uno de los más vistos en su horario original de los domingos a la siesta y sumó muy buenas mediciones de rating, en el prime time nocturno de martes, miércoles y jueves.
"Cuando estábamos en América, ya hubo un coqueteo de Telefé para que viniéramos al canal. Nosotros teníamos miedo por lo que significa una pantalla caliente. Hasta que el año pasado, dijimos: «Que sea lo que Dios quiera». Vinimos preparados con todo, pero para ir sólo los domingos. Después surgió este tema de sumar más días, que nos tuvo inquietos por un tiempo. Pero hasta ahora los resultados son muy buenos, así que estamos cada vez más cómodos", cuenta Pichu. "Sí, más allá de que se nos sumaron días, sentimos que haber aceptado el reto estuvo bien. Los años en América nos sirvieron para asentar el programa. En los dos lados laburamos con la misma comodidad, con la misma libertad. La verdad es que los vaticinios de que en Telefé no íbamos a poder hacer algunas cosas, no se cumplieron para nada", reflexiona Korol, mientras oye en el estudio un alboroto tremendo generado por las provocaciones que le hace, en su personaje de Rebo 4, Nazareno Mottola a Pachu, quien, mordiéndose los labios para no largar la carcajada, ensaya hacia su compañero una cachetada ficticia que sin querer se convierte en real y lo tira al piso.
"¡Tensión...! ¡Escándalo...!", enuncia a viva voz el locutor del programa con un tono especial, mientras el entrevero se agiganta y las risas de los chicos en la tribuna del estudio se agrandan también.
"Lo que me ayuda a caer sin golpearme fue haber aprendido acrobacia básica. Siempre hice acrobacia para hacer reír, o al menos lo intenté. Con eso aprendí a caerme sin que me duela, aunque a veces unos buenos porrazos me di. No hay una técnica que se pueda aprender para caer sin golpearte, pero el hecho de estar entrenado en acrobacia te ayuda bastante", explica Nazareno, luego de recuperar el aliento tras su encontronazo con Pachu. El humorista nos cuenta también que su formación viene del circo, que allí aprendió muchísimo. "Todo lo que sé me lo ha dado el circo. Allí, muchas veces hay que salir a improvisar o a hacer cosas que uno no suele hacer habitualmente. Eso te da una gimnasia muy grande para resolver sobre la marcha. Mi punto flojo es cuando tengo que componer un personaje, porque no estudié teatro. Me ayudan mucho los compañeros, y con eso me arreglo bastante. Con el que aprendí un montón es con [Antonio] Gasalla, por supuesto", confiesa. La referencia al actor que hacía de la Abuela en Susana Giménez es porque Nazareno trabajó junto con él en No me grites que soy tu madre .
"Acá al pibe lo ayudamos en lo que sea necesario. En este grupo nos ayudamos todos. Ninguno se hace la estrella por sobre el otro. Y si a alguno se le ocurre, lo llevamo' a la esquina y lo cagamo' a trompadas", dice, con su tonada cordobesa, Yayo Guridi, con los ojos saltones que suele poner en sus interpretaciones, para largar la carcajada después y abrazarse muerto de risa con Nazareno. "Eso es cierto. Acá nadie quiere quitarle protagonismo al otro. Somos amigotes desde hace mucho tiempo y trabajar juntos es como juntarse con los pibes para ir a jugar al pelotero. La idea es divertirnos, no mostrar que uno es más que el otro", sostiene Campi.
"Somos un equipo de trabajo que funciona muy bien. No somos amigos de ir a comer asado juntos los fines de semana; sin embargo, nos apoyamos y nos cubrimos como equipo. Sé que tengo la selección del humor a mi lado y tengo una ubicación de privilegio para verlo. Cuando presento algo, sé que me voy a cagar de risa y que si estuviera en mi casa viéndolo, me pasaría lo mismo", opina Korol de este grupo con integrantes de orígenes diferentes, que van desde el circo hasta el carnaval uruguayo, pasando por la escritura callejera de grafitis, pero que convergen todos en un humor simple, de comprobada eficacia.






