
Las siete diferencias del golf virtual
En Seúl, los simuladores de este deporte compiten con el pool y los dardos
1 minuto de lectura'
SEUL ( International Herald Tribune ).- Cuando cae la noche, una hilera de restaurantes del distrito Mapo, de Seúl, se llena de clientes. Para Kwon Sung-woon es el momento de encender los carteles luminosos para atraer parroquianos a su negocio. Ahí, los hombres se sacan las corbatas y juegan al golf en canchas de 12 hoyos. Pueden elegir desde los clubes de Pebble Beach en California hasta St. Andrews en Escocia, pasando por otras canchas famosas del mundo. Eso sí, todas simuladas por computación. Con palos de verdad, les pegan a las pelotas en habitaciones de tres metros por cuatro con pantallas plásticas sobre las que se proyectan campos.
En nuestro país, hay muchos jugadores y pocas canchas, y ésta es una alternativa económica y rápida para gente como nosotros, que no puede jugar golf verdadero muy a menudo", explica Kim Young-woo, de 46 años, que acababa de jugar un partido de 18 hoyos con dos amigos en el Pastel Screen Golf, que pertenece a Kwon Sung-woon, un hombre de 43 años y ex ingeniero en computación que abrió su golf café hace tres meses e invirtió 135.000 dólares para instalar cuatro simuladores.
Desde entonces seis competidores se mudaron a su barrio, pero no tiene problemas en llenar el lugar todos los días, desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la madrugada del día siguiente. Parejas, amas de casa y oficinistas de los alrededores juegan al golf mientras saborean alguna fritura y toman cerveza."Este juego crea adicción, pero también es un buen ejercicio, ya que uno usa palos y pelotas reales. Además, se puede jugar en cualquier momento, llueva, nieve o truene, de día o de noche", explica Kwon Sung-woon.
Como el pool o los dardos
Los simuladores de golf existen en el mundo desde hace tiempo, especialmente en Europa y Estados Unidos, pero más como herramienta de aprendizaje o para disfrutar del juego en los cruceros. En Corea del Sur, el golf virtual se convirtió rápidamente en un pasatiempo exitoso, tanto como las mesas de pool o los tableros de dardos. El número de cafés de golf en Corea del Sur aumentó de 300, en 2003, a 2500, en 2007. Según voceros oficiales de la industria, siete de cada 10 simuladores vendidos globalmente se instalan en Corea del Sur. Y cada día unas 200.000 personas juegan golf virtual allí, seis veces más que en las canchas comunes.
"La reproducción es perfecta en cada detalle", asegura Kim Ae-hee, ama de casa de 42 años, cuando se refiere a las 50 canchas a las que tiene acceso apenas con un clic del mouse. En la pantalla, las nubes de alta definición se deslizan por el cielo; las ramas de los árboles se mecen con la brisa virtual, y los pájaros revolotean felices. La pelota cae al azar en algún lugar virtual lejos de los hoyos, atraviesa las ramas, o llega felizmente al ansiado objetivo haciendo sonar un timbre que provoca la ovación inmediata de los espectadores.
Hace poco Kim Ae-hee y su marido seleccionaron para jugar su cancha preferida: Sun Hill Country Club, al norte de Seúl, y hasta se dieron el gusto de instalar las condiciones climáticas y la acción del viento que querían. Kim embocó la pelota en el hoyo e inmediatamente la computadora analizó la velocidad a que había balanceado el palo, el ángulo de lanzamiento, la rapidez y el rodado de la pelota.
Mientras tanto, en el cuarto de al lado aumentaban las felicitaciones: Lee Jong-hwa, importador de ropa que comenzó a jugar hace apenas seis meses, había llegado por primera vez al hoyo con un primer tiro. Su premio fue un cupón para poder jugar cinco veces gratis.
Los simuladores organizan torneos de golf virtuales, con dinero, autos y tickets para jugar en competencias reales, como premio. El que llega a la ronda final compite en el mismo café con jugadores profesionales y los canales de cable transmiten el juego.
Reputación dudosa
No obstante, el golf tiene una reputación ambivalente en Corea; es visto como un deporte para ricos que brinda un lugar propicio para hacer pactos corruptos entre políticos y empresarios. El gobierno cobra impuestos al golf, y una vez hasta llegó a prohibir su práctica a los servidores públicos. En 2006, el primer ministro Lee Hae-chan tuvo que renunciar, pues se comprobó que estaba jugando al golf con empresarios mientras el gobierno trataba de sofocar una huelga ferroviaria.



