
Latas como objetos de... decoración
Una casa-testigo del gusto por la cerveza
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HOUSTON ( The New York Times ).-Desde el porche de su casa, John Milkovisch veía cómo el camión de cerveza se dirigía al supermercado, y esto lo ponía en acción. "Corría hasta allí y se llevaba las latas -recuerda su hijo Ronald-. Nunca tenía menos de 8 o 10 cajas apiladas en el garaje."
Desde 1968 hasta su muerte, 20 años después, Milkovisch, un tapicero de la compañía de ferrocarriles Southern Pacific Railroad, no sólo vació 50.000 latas o más de su bebida favorita, sino que hizo buen uso de los recipientes: vistió su casa y su taller con miles de latas aplastadas y, para protegerse del sol, fabricó cortinas, al estilo de guirnaldas, con las partes de arriba.
Conocida entre varias generaciones de paseantes como La casa de latas de cervez a, el monumento de arte folk abrió sus puertas al público el sábado, la primera vez desde que fue comprada a la familia Milkovisch y después de una refacción de 400.000 dólares.
"La mayoría de la gente que hace algo novedoso suele ser tomada como un poco loca", dijo el intendente Bill White, mientras le rendía tributo al "duro trabajo de generar todas esas latas de cerveza".
Adentro, una cita de Milkovisch adorna una pared: Dicen que los hombres deberían dejar algo por lo que ser recordados. Al menos logré ese objetivo.
Lo que ya puede considerarse como el segundo espectáculo más estrafalario de Houston fue comprado por los que ya poseían el primero: la Orange Show Center for Visionary Art (Centro de Exhibiciones Naranja para El Arte Visionario), fundación que creció de la excéntrica obsesión de su dueño por el cítrico.
Desde 1956 hasta que murió, en 1980, el cartero Jeff McKissack construyó un laberinto de habitaciones conectadas, balcones y pasillos de baldosas que ensalzan las propiedades de las naranjas.Visitar la estructura cuesta un dólar, lo mismo que recorrer La casa de latas de cerveza .
Marilyn Oshman, la mecenas que fundó el Orange Show, dijo que no ha sido un accidente que Houston sea el anfitrión de tantas atracciones. "Algo bueno de no tener planificación urbana es que se puede hacer cualquier cosa", afirmó.
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