Llega el estilo industrial de Front
La banda belga actuará desde las 22 en Museum, y cultiva un género surgido en los años 70
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La música industrial, desde su comienzo a mediados de los setenta, nunca estuvo en el centro de la escena; aunque, con algún disco, alguna banda pudo haber sacado transitoriamente la cabeza del gueto. Para Patrick Codenys, tecladista de la banda belga Front 242, que se presentará esta noche, en Museum, Perú 535, a partir de las 22, éste no sólo es un destino esperable, sino incluso deseable. "Sí, Nine Inch Nails pudo haber vendido más de lo esperado y a nosotros también nos sucedió, en 1990. Pero este tipo de grupos nunca va a permanecer allí. Enseguida vuelven al underground editando un disco no comercial."
Desde sus orígenes, la música industrial fue estéticamente revolucionaria. Su nombre fue acuñado por Genesis P-Orridge, un inglés que lideró el grupo precursor Throbbing Gristle. Con actuaciones que eran verdaderas performances chocantes, buscaba que su música reflejara la realidad maquínica, desde una visión europeísta. Para él, la música que venía de los Estados Unidos, el blues y el jazz, forjada por los esclavos en los campos de algodón, ya no era actual. En un suburbio industrial de Londres, en un sótano que llamó la Death Factory, porque esa zona había sido una fosa común durante la epidemia de peste bubónica del siglo XVII, encontró el nombre justo: música industrial, la que se inspira en esos trabajos repetitivos, monótonos, ruidosos.
Con ellos convivía en la naciente escena industrial Cabaret Voltaire, que se reconocía influenciado por el movimiento dadaísta. Incluso su nombre proviene del club de Zurich donde se reunían los integrantes de aquel movimiento. Los integrantes de ese grupo eran feroces lectores del escritor norteamericano Philip K. Dick y fueron de los primeros en experimentar con loops de cintas, sintetizadores y samplers.
Pero si algo caracteriza a la música industrial de entonces y a sus sucesores, como los alemanes Einturzende Neubauten, Front 242, Nine Inch Nails y Ministry es el uso de ruidos y texturas sonoras ásperas y amenazadoras, voces procesadas con efectos variados, retazos de sonidos ambientales y urbanos o diálogos y letras fuertes que ven la realidad con ojos apocalípticos.
A Patrick Codenys el rótulo de música industrial no le incomoda, aunque reconoce que cada banda que puede quedar bajo su ala tiene características particulares. "Pero si industrial significa oscuro, poderoso y underground, está bien, me gustan ese sentimiento y ese nombre."
El colonialismo musical del rock
De allí a una diferencia clara y tajante con la escena del rock hay un paso. "Nunca nos quisimos sentir como una banda rockera ni formar parte de ello. En ese mundo cada uno tiene un ego que lucir, siempre a la espera de su parte solista para lucirse. Front 242 es más que eso, es más que la suma de los egos, porque nosotros trabajamos para el resultado, nos importa lo que suena, lo que la gente va a escuchar. Claro que cada uno tiene su personalidad, pero la escondemos detrás de la banda, no necesitamos exhibirla. No queremos ser estrellas de rock, hacernos tatuajes o piercing y pedir grandes habitaciones en los hoteles, no nos interesan esos clichés. Nosotros somos gente más disciplinada. En verdad, nunca tuvimos ni queremos tener relación con la escena rock. Empezamos a hacer música justamente en contra de eso, odiábamos que la única opción musical fuera la anglosajona, la inglesa o norteamericana. Esas estrellas del sistema, tratando de imponer su colonialismo musical, representan justamente todo lo que no me interesa. Quiero que me entiendas, hay excelentes grupos de rock y canciones de rock, pero la actitud general, la idea tan propia del sistema es lo que detestamos."
Si algo caracterizó desde siempre a la banda fueron las máquinas, las computadoras, los sintetizadores y un uso no usual de los samplers. Sin embargo, tampoco han erigido un culto a las máquinas. Incluso uno de sus temas se llama "Punish your machine" (Castiga a tu máquina). "Es nuestra manera de decir que no hay que temerles a las máquinas, sino ser el amo de ellas. Mucha gente les teme, cree que puede estropearlas y las trata con demasiado respeto. Yo, en cambio, cuando me compro una máquina o un sintetizador nuevo primero quiero golpearlo, sacudir lo que tiene adentro, hacerlo gritar, hacerlo llorar. Esa es mi manera de adueñarme, de que quede claro que es, simplemente, una herramienta."
Patrick Codenys se entusiasma. "Uno debe mantener el control, de eso se trata", agrega, y cita "Neuromante", la novela ciberpunk de William Gibson que él considera una obra maestra y a la que le dedicaron el tema, "Neurodancer".
Con respecto al uso de samplers, cuenta que, no teniendo una estricta formación musical, cuando comenzó a hacer canciones sólo contaba con su oído. "Siempre he estado muy atento a todo lo que escucho. El sonido de la puerta de un auto, la voz con que alguien llama a otro, un vidrio que se rompe, el particular bullicio de los aeropuertos. Todo eso no me parece ruido, sino que ya estoy pensando que con ello puedo hacer una secuencia. Mi oído no está entrenado en notas y armonías, sino listo para escuchar los sonidos del mundo."





