
"Lo que falta en el mundo es amor, paz y verdad"
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"Si yo sé realmente quién soy, sé exactamente lo que tengo que hacer y por qué. Y todo el universo conspira para que yo pueda hacerlo. Cuando tenemos ese conocimiento que resignifica la vida, nada me cansa, nada me aburre, y la motivación es natural. Ese es el sentido de la meditación", explica Moira Lowe, directora coordinadora de la Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris para la Argentina y Paraguay.
"Estamos transitando un tiempo de caos que puede llegar a ser intenso y prolongado, pero del caos nace el orden y tenemos que prepararnos para poder transformar ese caos con confianza, juntos. Porque en el fondo todos somos lo mismo: amor, paz y verdad, ésa es nuestra esencia y eso es lo que une a la humanidad. Las diferencias son adquiridas, por eso me parece muy importante que volvamos a vernos como una gran familia humana", sonríe.
Brahma Kumaris fue creada en 1937 por Brahma Baba, un hombre muy rico que pensaba que para lograr su equilibrio el mundo necesitaba de la energía femenina. Kumaris significa "hijas de Brahma", porque las primeras alumnas de la universidad eran jóvenes madres que venían con sus hijos.
"Actualmente, la universidad tiene centros en 90 países y está dirigida por Dadi Janki, una mujer de 95 años, muy chiquitita, pero con una enorme vitalidad que viaja continuamente por el mundo para mantener lallama encendida. Janki no genera seguidores, sino que potencia el liderazgo de cada uno, porque entiende que cada persona tiene que generar su propia conexión con la gente y con el mundo", agrega.
-¿Cómo descubre a Brahma Kumaris?
-Tenía 23 años y un buen pasar, pero no encontraba que mi vida tuviera sentido y me hacía muchas preguntas. Tengo una familia maravillosa, somos cinco hermanos, y aunque nací en Buenos Aires, me eduqué en La Cumbre en un colegio inglés. Cansada de hacerme preguntas decidí buscar en el mundo una respuesta y fui como mochilera en esos viajes que había con 10 dólares por día. Deambulé por Europa, pero el interrogatorio seguía; recuerdo que estaba en París, parada frente a la Sorbona y pensaba por qué no estudiaba algo?, ¿pero para qué? En Londres viví un año y cuando viajaba en el subterráneo veía los rostros tristes, no a gente realmente feliz. ¿Qué significaba ser feliz? ¿Qué significaba el amor verdadero? Tiene que haber algo más en nosotros que dé sentido a todo eso. Era 1985, en mi cabeza había mucho ruido y decidí ir a la India, porque una voz interior me decía que tenía que encontrar una antigua sabiduría y aprender a meditar.
Un atardecer llegué a la ciudad de Madhuban y de pronto me encontré en medio de un enorme grupo de gente joven, toda vestida de blanco, que salía de un edificio también muy blanco. Había llegado a la sede de Brahma Kumaris buscando algo que al volver a la Argentina no se me rompiera como una ilusión en el aeropuerto de Ezeiza, algo que pudiera practicar que me relacionara con todo. Entonces hice un curso de meditación que es el mismo que ofrecemos aquí, en nuestra sede. Me impactó que todo fuera gratuito.
-¿Qué logró aprendiendo a meditar?
-Aprendí a conocerme, a entender que soy un alma, diferente del cuerpo, algo mucho más profundo que los papeles que vivo diariamente. Que cualquier persona puede servir a la humanidad haciendo que servir sea el sentido de la vida. Y así, finalmente, encontré lo que buscaba: llevo una vida de servicio, soy voluntaria a tiempo completo. En realidad, todos los que trabajamos en Brahma Kumaris somos voluntarios. Curiosamente, el único que cobra aquí es el contador ( ríe ).
-¿Cuál es su visión del mundo actual?
-Creo que el síntoma más evidente de la cultura de nuestro tiempo es el miedo. El pánico a perder el trabajo, a la soledad, al futuro, al qué dirán, al fracaso. Pero también a cosas más cotidianas como temor a subir a un taxi, a abrir una puerta. El miedo pasó a ser la emoción que controla el estado del ser. Del miedo deriva una segunda emoción: la ira. La humanidad está enojada y la ira no es sólo una reacción, es como un paraguas del que se disparan muchas otras emociones, como la decepción, el sentirse humillado, etcétera.
-¿Por qué nace el miedo?
-Principalmente, por el vacío que hay en el alma de la gente. La esencia del alma humana es amor, paz y verdad, y justamente lo que falta en el mundo es amor, paz y verdad. Cuando nuestra alma está alejada de su esencia, nos hacemos tremendamente vulnerables a todo lo externo. Y esto genera un profundo temor, ya no puedo elegir libremente porque estoy condicionado por ese mundo exterior, que puede ser ficticio o real, pero cuyo efecto es el mismo.
-¿Qué habría que hacer?
-Necesitamos volver a nuestra casa interior, a la dimensión de la luz, y rescatar esa esencia de amor, paz y verdad. Por otra parte, veo como dos energías: una que destruye, pero otra que construye. Se puede observar en las actitudes de mucha gente empeñada en una búsqueda de su ser interior. Que no se conforma con teorías, que quiere hechos concretos. Si le hablamos de meditación, quiere pasar a la práctica y que le enseñemos a meditar. Y pese a todo lo que se suele escuchar en sentido contrario, también veo a gente muy joven empeñada en encontrar un sentido profundo para su vida. La energía dispersa debe volver a concentrarse.



