Lobos y corderos de un pobre Zoo
Actitud: sin reperguntas y con planteos erróneos, el reportaje a Firmenich en el programa "Zoo" fue casi un espacio publicitario.
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En las pantallas de televisión, como en otras zonas difusas del quehacer social y cultural, se suelen mostrar personajes, temas, episodios que convocan la atención del teleespectador.
Pero una cosa es la convocatoria, el rating, la pretensión de discutir sobre aspectos de la realidad y otra son los contenidos específicos, los tratamientos que se hacen sobre ellos.
El domingo último, en el programa Zoo, que se emite por el canal 2 a las 23, se dedicó el ciclo a un sólo invitado: Mario Firmenich.
El conductor, Juan Castro, planteó el tema en forma, a nuestro juicio, errónea. Hizo un corte temporal, con una idea comparativa entre, "los 70" y los 90".
Firmenich fue entrevistado y presentado permanentemente como un representante de aquella época.
El único, acaso por problemas de la producción de ubicar otros testimonios, otras voces que dieran cuenta de una etapa, un momento, del país y sus circunstancias.
El corte por décadas ("los 60, 70, 80, 0 90") es tan arbitrario como incorrecto: la historia no se permite esos lujos y esos cortes, simplemente deviene, se despliega y realiza.
Esa historia tiene momentos particulares, susceptibles de ser estudiados, no por décadas, sino por hechos, proyectos o ideas-fuerzas.
Si lo que se intentó y no logró fue hablar de los procesos políticos y sociales cuyo signo fue la violencia, eso no encaja en ese estereotipo generacional.
Presentar a Firmenich como el único representante en todo caso de los que por entonces eran jóvenes, es tan arbitrario como excluyente.
Para que no haya duda: no se postula aquí que Firmenich no pueda hablar.Se trata de cómo es el tratamiento, los cuestionarios.
Plantear al ex dirigente montonero preguntas ya conocidas, sin repreguntar o profundizar las cuestiones, termina siendo una vidriera para que se diga lo que ya se sabe o lo que se quiera.
No importa mucho que al pasar se cuestionen los indultos, se reclame autocrítica o se interrogue al entrevistado sobre por qué está vivo.
Frente a este interrogatorio, Firmenich se manejó cómodo: parecía que nada lo perturbaría demasiado.
Con todo, tuvo una salida tan insólita como sorpresiva. Fue cuando se le preguntó acerca de si estaba arrepentido de algo. Respondió con otra pregunta, ¿"Acaso de arrepintió Alsogaray?". (???).
Y lanzó un discurso que tapaba claramente que la tan mentada "autocrítica" está tan lejos como "los 70".
Mientras, la co- conductora del programa, Dolores Cahen D` Anvers, ofrecía testimonios de los "representantes de los 90", algunos jóvenes tatuados o no, con "look" rockero, cuya característica común era denostar contra la política, con sarcasmos individualistas y , si hubiese que ubicarlos ideológicamente, muy cerca de cierto anarquismo de principios de siglo ("Los 90").
Fue una pena, existiendo tantos otros jóvenes en diversos ámbitos de la vida nacional: del trabajo, el estudio, la docencia, la salud, asociaciones intermedias solidarias, en fin, algo tan real y tan mostrable como aquello.





