
Los hermanos Taviani atacan de nuevo
Los reconocidos cineastas italianos vuelven a su Toscana natal para crear su propia versión del Decamerón, de Boccaccio
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A principios de este año, los hermanos Taviani recibieron el Pegaso de Oro, el mayor trofeo cultural de la Región Toscana. Los veteranos cineastas son oriundos de esa región, cuya capital es la bella Florencia. Pero hace mucho que no viven allí, por lo que la ceremonia de entrega del premio tuvo una significación especial. Ocurre que ambos comenzaron su carrera allí en 1954 con San Miniato 1944, un documental sobre la pequeña ciudad del título, donde nacieron los dos: Vittorio, en 1929, y Paolo, en 1931. Ahora, 62 años después del debut, los insignes hijos de la Toscana se disponen a estrenar su más reciente película, filmada allí mismo entre marzo y noviembre del año pasado, a partir de uno de los pilares de la literatura universal, gestado en esos mismos lares: Maraviglioso Boccaccio -tal el título del film- adapta cinco de los cien relatos del Decamerón.
"El Boccaccio es un amigo toscano que conocimos en la escuela y que después releímos, ya grandes", contó Paolo Taviani la semana pasada, en ocasión del lanzamiento del film en una conferencia de prensa realizada en la romana (y elegante) Villa Borghese. "El Decamerón es una obra que no ha sido estudiada tan profundamente como hubiera merecido -siguió; al horror de la peste (tanto a la de 1348 como a la de hoy) le oponemos la elección de supervivencia de los jóvenes protagonistas de la obra." Con un elenco destacado y una salida inicial de cien salas en toda Italia, Maravilloso Boccaccio se estrenó a fines de febrero en la península.
Después del documental sobre San Miniato, los hermanos realizaron dieciocho films de ficción, algunos de los cuales marcaron hitos en la cinematografía italiana: Padre padrone(1977), La noche de San Lorenzo (1982), Kaos (1984) y -entre otros La casona de las alondras (de 2007, sobre la masacre armenia). El que venía cerrando la lista era César debe morir, con el que en 2012 obtuvieron el Oso de Oro en el Festival de Berlín. En esa profusa y rica producción, Maravilloso Boccaccio se incorpora con el número diecinueve.
Los escenarios del film son los prados y los castillos de la Toscana del fin del medioevo, pero también hay algo del Lazio (como el célebre Castello Odescalchi, en Bassano Romano). Sobre ese fondo se recortan los trajes de vivos colores de diez jóvenes florentinos, siete chicas y tres muchachos que han elegido aferrarse a la vida frente al avance de la muerte: buscan retirarse a un lugar aislado para huir de la peste que está asolando la ciudad (se sabe que la epidemia real de 1348 arrasó con un 30 por ciento de la población de Florencia). En los relatos que se van sucediendo en boca de estos jóvenes se impone un ánimo de regocijo vinculado al sexo, a las trampas, a la picardía y a veces también a las consecuencias dramáticas de alguna transgresión.
No pasa inadvertido que el más logrado antecedente de transcripción a la pantalla de estos cuentos (o nouvelles) fue el que en 1971 plasmó Pier Paolo Pasolini con una óptica propia. Pero, al parecer, los autores de esta nueva versión no pretenden competir con la visión de su ilustre predecesor; los veteranos realizadores apuntan a "actualizar" el conflicto, con la esperanza de que "el espectador contemporáneo sepa reconocerse en todas las pestes que nos circundan hoy, desde el espectáculo de horror de esos verdugos vestidos de negro que conducen a prisioneros vestidos de naranja hasta las crisis de todo tipo que están asolando la casa nostra", señaló, con amarga ironía, Vittorio Taviani.
El elenco reúne rostros conocidos: Riccardo Scamarcio y Vittoria Puccini asumen la historia de amor, enfermedad y resurrección de Catalina y Gentile; Kasia Smutniak, Michele Rondino y Lello Arena protagonizan un triángulo de celos entre un padre, su hija y un joven artesano; el notable Kim Rossi Stuart (prestigioso realizador, además) personifica al tonto de Calandrino, víctima de una burla, y, entre otras travesuras, Paola Cortellesi y Carolina Crescentini comparecen con los hábitos de dos monjas de clausura nada santas.
Desconcertó que, en el anuncio del estreno, los autores asociaran este abordaje de un clásico de la literatura italiana con la experiencia vérité anterior, la de los rudos condenados de la cárcel de Rebibbia que interpretan a Shakespeare. "Ocurre que el film es una celebración de la fuerza de las mujeres -explicó Paolo; son las siete chicas del grupo las que conciben la idea de abandonar Florencia, y los tres muchachos las siguen. En un momento de dolor y horror el arte puede salvarte, como ocurre con los presos-actores de nuestro film anterior: en el fondo, aquí bulle la misma idea que sustenta César debe morir."
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