
¿Por qué un fanático de la tecnología conservaría un viejo sintetizador durante más de veinte años?
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Lógicamente el pionero del pop electrónico local se inclinó por un sintetizador. ¿Qué esperaban? ¿Qué eligiera un charango? Cabe aclarar que no se trata de cualquier teclado, sino de uno de los que usó con Los Encargados durante el ya mítico show en el festival B.A. Rock de 1982 (aunque no el que tuvo que atajar en el aire mientras la multitud le tiraba treinta kilos de fruta). Esta es la historia de amor entre Daniel Melero y un instrumento que pasó por mil manos pero siempre vuelve al amparo de su dueño.
¿Cuál es tu instrumento favorito?
El Yamaha CS5, que fue mi primer teclado y todavía conservo. Aún en los peores momentos, hace muchos años, en los que tuve que desprenderme de todos mis instrumentos, ese no lo vendí.
¿Lo querés porque lo tenés hace mucho, o hay un motivo más racional?
No, no, hay razones lógicas: tiene algunas funciones muy difíciles de encontrar en un sintetizador de su época, e incluso de la actualidad. Principalmente, que te permite procesar audio. Es el día de hoy que lo sigo usando: cuando grabamos, lo conecto como si fuera un delay o una reverb.
¿En qué año lo compraste?
Digamos que en 1980, aunque también pudo haber sido a fines de 1979, que es el año en que salió el teclado. Como todas las cosas antiguas, hoy tiene un precio de reventa desmesurado. Sale como mil dólares.
Si no lo vendés ahora...
No creo, la verdad es que nunca consideré la idea de venderlo, sobre todo porque en la época en que pude haberlo hecho, todavía estaba muy subvaluado. Igualmente en mi pensamiento figura también la idea de que ningún instrumento es indispensable. Yo siento, en mi vanidad, que los instrumentos son los conceptos que uno tenga, y después los generadores de sonidos pueden ser múltiples, cada vez más. De hecho creo en los músicos como instrumentos, en su poder amplificador.
¿Te acordás por qué elegiste este teclado?
No me acuerdo bien por qué lo compré en su momento, pero sí que fue rápido: enseguida que lo vi, supe que era para mí. Supongo que en aquella época mis posibilidades eran limitadas, y, como siempre sucede, dentro de las limitaciones uno termina pensando mejor.
¿Dónde lo compraste?
¡En Harrods! En un local que había tipo Promúsica. Me acuerdo que lo pagué en cuatro cuotas.
¿Qué fue lo primero que tocaste?
Hacía poco me había comprado dos grabadores Revox a cinta y una consola, y andaba emulando las experiencias de Terry Riley, Robert Fripp y Brian Eno, John Cage... Así que lo primero que hice con el Yamaha fueron loops.
¿Lo usás para componer?
Sí, es el único teclado que tengo siempre a mano. Igualmente, más que en la composición, tiene mucha influencia en el resultado de esa composición. Lo uso más como procesador... No quiero usar la palabra "arreglos", porque me suena a que algo está roto, pero es enorme la cantidad de temas que se vieron modificados por este sintetizador. Es eso: un "modificador". Supernatural, mi último disco, está totalmente basado en su presencia. Creo que el único álbum en que no aparece es en Piano.
Si te lo piden, ¿lo prestás?
En la época en la que daba los "talleres de desaprendizaje", ese teclado lo tuvieron todos aquellos que quisieron tenerlo. Se lo llevaban un tiempo y yo lo prestaba sin problemas. Igualmente cada vez más empiezo a creer que debería ser más cuidadoso. Pero bueno, ese aparato está hecho para resistir. Me resulta increíble que antes las cosas no tenían fecha de vencimiento. Ahora todo lo que comprás ya sabés que vas a tener que reemplazarlo por un modelo más nuevo. Yo al Yamaha lo comparo con una heladera SIAM de las viejas: dura toda la vida.
O sea que siempre volvió en buenas condiciones.
Y... No sé, pero también pasaba que el que lo recibía en malas condiciones lo devolvía mejor de lo que estaba. Tiene mucho que ver con cómo uno forma las relaciones con la gente. Todos los que se lo llevaron –a veces por un tiempo largo, porque durante esos años yo no hice música– sabían muy bien lo que significaba.
Por Lucas Garófalo
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