
Las epifanías musicales de Sergio Rotman
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Sergio Rotman no eligió tocar el saxofón, pero lo hizo en casi todas sus bandas, desde Día D y Cienfuegos hasta Mimi Maura y, por supuesto, Los Fabulosos Cadillacs (la excepción sería El Siempreterno, donde canta, y junto a quienes, dicho sea de paso, toca hoy y mañana en Niceto). Su saxo actual, que compró hace más de veinte años, tiene un aura mágica: no se rompió nunca, lo llevó de gira a Japón y le permitió grabar el hit más grande de su carrera. Esta es la historia, que la disfruten.
¿Cuál es tu instrumento favorito?
El saxofón que tengo ahora, un Yamaha 62 alto. Lo compré en el Promúsica de Cabildo y Sucre en 1992. Ya lo venía mirando, y junté plata de los shows con los Cadillacs hasta que pude tenerlo. Lo primero que grabé con ese saxo fue "Matador", así que arrancó con el pie derecho.
¿Por qué lo elegiste?
Porque era un upgrade del que yo usaba antes: el mismo modelo pero un poco mejor. Y además era el que estaba a mi alcance económicamente en ese momento.
Después de "Matador" seguramente te podrías haber comprado uno mejor...
Sí, pero si tu primera grabación es "Matador", lo primero que tenés que hacer, claramente, ¡es no cambiar el saxofón! Además, como yo nunca estudié y soy cien por ciento autodidacta, tampoco es que lo elegí por una cuestión técnica. No me importaba mucho la marca ni nada. De hecho yo no elegí tocar el saxofón.
¿Cómo es eso?
Claro, lo que pasó fue que en una época yo iba a todos los ensayos de Día D, la banda que después se convirtió en Cienfuegos, y un día Martín Aloe me dijo: "bueno, si vas a venir siempre, tocá algo". Y yo: "¿OK, qué toco?". "Comprate un saxofón", me dijo. Ese fue el primero que tuve, y era muy parecido a algo que ponés en la cocina para que chorreé el agua. El de ahora es mi tercer saxo.
Decías entonces que no lo elegiste por una cuestión técnica...
Y, no... Los saxofonistas eran algo lejano para mí, que escuchaba a The Gun Club y The Cramps. Mi espejo siempre fue Roberto Pettinato. De hecho lo que me terminó de motivar para dedicarme al instrumento fue el solo de "White Trash", de Sumo. Ahí dije "OK, yo puedo hacer esto". Era algo que no tenía que ver con poder tocar siete escalas, y estaba bien, bien, bien lejos de Kenny G. El otro día escuchaba en la radio el acompañamiento que Roberto hace en "Heroin", y no suena como un saxofón. ¡Parece una guitarra eléctrica tocada por un saxofonista!
¿Este saxo te permitía lograr ese sonido?
No, no. Mi incapacidad para convertirme en un saxofonista de jazz es lo que hace que toque así. Lo que quiero decir es que, más allá de que el saxofón que tengo es muy bueno, no lo elegí para conquistar a las audiencias de jazz, sino simplemente para mejorar un poco el que tenía. Mi relación con el instrumento es más carnal que mental.
¿Recordás algún momento junto a este saxo que supere a la grabación de "Matador" o partir de ahí todo fue en bajada?
¡Mi mejor recuerdo es muy reciente! Con Mimi Maura fuimos a Japón dos veces en diez meses –la última ahora a principios de junio–, y allá tuve la oportunidad de conocer a Michihisa Ishikawa, que es el mejor saxofonista alto que yo haya visto. En dos giras con él aprendí más que en treinta años. Me vi retratado en este muchacho. Me mostró hasta dónde podía llegar. Y ese encuentro se lo debo a mi saxo, primero porque si hubiera ido con un tenor, no hubiéramos pegado onda, y segundo porque fue nuestra manera de comunicarnos. Michihisa no habla castellano ni inglés, y yo no hablo japonés. Fue una epifanía.
Hace unos meses en esta misma sección Gillespi dijo que los saxos son los instrumentos más delicados. ¿Se te rompió muchas veces?
No, por ahora viene invicto. Pero mi segundo saxo, el anterior a este, sufrió el embate del solo de "Silencio hospital", que fue lo primero que yo toqué para los Cadillacs. Los shows de la primera época tenían una cosa mucho más punky que lo que después se conoció de la banda, había una gran intenisdad, y una vez, año 1987, en el escenario de Platinum de Berazategui, me entusiasmé en el solo y traté a mi saxofón de la misma manera que Pete Townshend trataba a sus guitarras, olvidando que un saxo es de una aleación de bronce que no se puede reparar.
Enseguida te diste cuenta de que te habías equivocado...
Yo creo que sentí lo mismo que Pete Townshend cuando rompió su primera guitarra: que fue un accidente. Lo que pasa es que el sonido que hace una guitarra al romperse es muy diferente al de un saxofón. Un saxo que se dobla literalmente en dos es como un bebé cayendo de un quinto piso. Sucede una cosa totalmente dramática. Cuando se parte una guitarra, la gente dice: "Siiiiii", pero cuando pasa lo mismo con un saxo, todos gritan: "Nooooo".
Lucas Garófalo
La semana que viene: la guitarra sintetizador de Lucas Martí.
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