Los jinetes del Apocalipsis están vivos
Recital de Red Hot Chili Peppers, anteanoche, en el estadio Luna Park. Músicos: Anthony Kiedis, voz; Flea, bajo; John Frusciante, guitarra, y Chad Smith, batería. Grupo invitado: Puya. Nuestra opinión: excelente.
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A la derecha, John Frusciante y su look setentista: flaco, de aspecto casi descuidado, pelo largo y barba. A la izquierda, Flea y su pelo furiosamente teñido de rosa, muy ochenta, con el torso desnudo y el físico marcado al mejor estilo chico-de-Los Angeles. Un pequeño duelo bajo/guitarra que erizó la piel de cada uno de los presentes y sirvió para desatar la energía reservada para todo comienzo. Un duelo corto, poderoso, excitante y en el que se derrochó virtuosismo sin caer en el lugar común de lo pretencioso.
Así, el prólogo de un aluvión devastador de esa combinación de rock-funk-hardcore-rap, que hizo de la música de los Red Hot Chili Peppers la mejor banda de sonido de esta década que termina. El grupo californiano volvió a presentarse en el país, luego de casi siete años, y demostró que, regreso de Frusciante de por medio, se encuentra en uno de sus mejores momentos.
En un viaje sin escalas de una hora y media, los Peppers se despacharon con un set que quedará en el recuerdo, inclusive mucho más que aquellos shows que ofrecieron en 1993 en el estadio Obras. Y la diferencia, sin dudas, estuvo en las seis cuerdas de Frusciante: el niño mimado del público argentino, el joven desgarbado que resucitó luego de su adicción al alcohol y la heroína, el Jimmy Page de los años noventa. Sí, aunque la afirmación asuste a los enciclopedistas del rock, es así. Y quien asegure que el ex Led Zeppelin es inigualable, seguramente peque de nostálgico.
Con un show compacto -que de dieciséis canciones, seis fueron extraídas de su álbum más exitoso "BloodSugarSexMagik" y otras seis de la última producción, que los hizo resurgir de sus propias cenizas, "Californication"- y sin ningún tipo de efectos especiales más que la interpretación perfecta de los pilares básicos de una banda -guitarra, bajo, batería, voz-, los cuatro jinetes del apocalipsis rockero arrasaron con las cabezas de las siete mil personas que llegaron y se retiraron del Luna Park saltando.
Los ajíes más picantes
Una inyección de adrenalina pura que solo encontró espacio para el rélax en los dos hits obligados: "Scar Tissue" -primer corte de difusión de "Californication"- y el emotivo "Under The Bridge", que Anthony Kiedis compuso en honor a su amigo y compañero muerto por una sobredosis, en 1988, el guitarrista Hillel Slovak.
En un concierto tan parejo y tan intenso, sólo resta destacar imágenes y sensaciones que se entrelazaron en la noche del martes: la masa uniforme de público saltando en "Give It Away"; el demoledor rock & roll a lo Led Zeppelin de "Skinny Sweaty Man"; el sabor disco de "Right On Time"; los primeros acordes del "London Calling", de The Clash en "If You Have To Ask"; Flea dejando el alma en su bajo en cada una de las canciones; Chad Smith rompiendo parches y palillos sin parar; el corazón de Frusciante en cada punteo, y la personalidad del ahora blondísimo Kiedis, comandando el ataque furioso de los ajíes más picantes del rock.
A pedido del público
Ya en el cierre, Flea se dirigió al público en su escueto español: "Mucho amor, muchas gracias, nuestro corazón es de ustedes... Y esta canción es para el Che Guevara". La aplanadora "The Power Of Equality" dio por terminado el concierto.
Aunque cinco minutos después, ante el incesante pedido de la gente, tuvieron que rearmar la batería y regresar para un tema extra, fuera de la lista original. Porque a pesar que todos querían más, ya no hacía falta: el paladar de los presentes había quedado impregnado con ese gustito picante que sólo los Red Hot Chili Peppers pueden ofrecer. Y que, seguramente, será difícil de olvidar. A un paso, no más, del fin de la década que los consagró, los jinetes del Apocalipsis están más vivos que nunca.




