
Los sonidos sin pasión del nuevo Alan Parsons
"Recitales de Alan Parsons". Nuestra opinión: Regular.
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Recitales de Alan Parsons, integrado por Parsons (guitarra, teclado y voz), Ian Bairnson (guitarra), Stuart Elliot (batería), John Giblin (bajo), Peter Beckett (voz), John Beck (teclados) y Neil Lockwood (voz). En el teatro Gran Rex.
Lo primero que sorprende es la cantidad de gente agolpada en la puerta del teatro. Muchos mayorcitos, muchas parejas que en otros tiempos bailaban en las discotecas (las hoy llamadas discos) el pop de este técnico de sonido devenido en músico que tuvo un éxito sensacional con "Pirámide", cuando los Bee Gees nos volvían locos a todos con su "Fiebre del sábado por la noche".
Pero dejando de lado la troupe de John Travolta, Alan Parsons Proyect tenía una ventaja: se podía escuchar. Por momentos era un jueguito electrónico interesante. ¿Es eso lo que vamos a ver hoy? No. Definitivamente, este señor que se para en lo más alto del escenario, tiene en estos tiempos otras ideas musicales, y está más cerca de la balada romántica que del pop atrevido o al menos sugerente de algún cambio interesante.
Capacidad de aburrir
Parsons, de acuerdo al repertorio elegido, tiene la capacidad de aburrir. Y con una buena banda, lo que se hace más difícil todavía. Lo más entretenido es el ingreso, porque cuando la banda empieza a tocar, hay todavía mucha gente afuera y pasó lo que se suponía: entraron todos de golpe, a los empujones, protestando.
Pero al rato poco importa, la sala, llenísima y entusiasta, se pone romántica con "Day Are Number", "Old and White" o "I Wouldn`t Want Be Like".
Todo es liviano, efímero y sin pasión, salvo la del público que pagó sesenta pesos para sentarse.
Tampoco parecen quedar rastros del rol de ingeniero de sonido que revolucionó la forma de escuchar rock desde "The Dark Side of the Moon", de Pink Floyd.
Lo que tenemos enfrente hoy es una banda formal y eficiente, con muy buenos músicos, como el caso de John Giblin, pero que se pierde en un repertorio poco exigente y sin vuelo.
La impresión es que no hay ninguna búsqueda y el resultado es ese pop lavado que puede repetirse en una FM sin que incomode a nadie. Música placentera que nos deja quietos aunque el ritmo acelere.
Los músicos están ahí. La música está ahí, pero nosotros quedamos afuera.
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