Los verdaderos dueños de la Luna
Es fácil comprar un lote selenita, el problema es el transporte
1 minuto de lectura'
Claro que se sabe: hoy se cumplen 35 años de cuando, por primera vez en la historia de la humanidad, un hombre puso pie firme más allá de los confines de nuestro planeta, justamente en su satélite natural, la Luna. De todo esto surge, como mínimo, una duda: ¿la Luna tiene dueños?
Aunque Neil Armstrong clavó en suelo selenita la bandera norteamericana, por un acuerdo internacional de las Naciones Unidas, emitido en junio de 1967, ningún país puede reclamar derechos soberanos sobre ningún grano de polvo lunar ni otro cuerpo del espacio. Pero nada se especifica sobre personas o empresas.
En el aprovechamiento de ese vacío legal, existen por lo menos dos firmas que se disputan el derecho de vender lotes en la Luna. Una es Lunar Republic ( www.lunarrepublic.com ), con base de operaciones en la Quinta Avenida en Nueva York; la otra, también con sede en Estados Unidos;en este caso en el estado de Nevada; es The Lunar Embassy Corp ( www.moonshop.com ).
Las dos compañías ofrecen terrenos a valores que oscilan entre los 60 y 92 pesos el acre -una medida que representa algo así como el 40% de una manzana urbana- y garantizan que, a vuelta de correo, cada comprador recibirá sus títulos de propiedad (los de Lunar Republic aseguran: "No es un simple pedazo de papel; es un boleto hacia el futuro"), una copia de la Constitución Lunar y un mapa para –en el caso de viajar hasta allá algún un día– poder ubicar perfectamente la propiedad adquirida.
¿La Constitución? Proclama poco menos que una monarquia comandada por quien lleva adelante The Lunar Embassy Corp, apodado Head Cheese (Cabeza de queso), y advierte entre otras cosas que se regirán por la regla dorada de gobierno: "Trata a los demás como te gustaría que te traten a ti"; y que todas las construcciones serán subterráneas, para no "modificar el aspecto de la superficie lunar".
En números, si se cree en lo que aseguran las dos firmas, cerca de tres millones de terrícolas ya son propietarios de un lote en la Luna.
Vida satelital
Pero estos emprendimientos inmobiliarios no han sido los primeros en la Luna: en 1952, en Berkeley, Estados Unidos, los integrantes de un club de fanáticos de la ciencia ficción informaron a las Naciones Unidas y al presidente de su país que se habían apropiado de un área triangular del Mar de la Tranquilidad.
Un año después, el abogado chileno Jenaro Gajardo Vera registró la propiedad sobre toda su extensión, a tal punto que, en 1969, antes de la llegada de la Apolo XI, el presidente Richard Nixon le solicitó, con una carta personal, autorización para el alunizaje de la nave.
En 1955, el ex director de un planetario de Nueva York tuvo la idea de vender terrenos lunares: en ese momento los cotizó a un dólar el acre.
Finalmente, en 1966, ciudadanos de Geneva, en el estado de Ohio, firmaron una declaración de propiedad lunar.
Si se tiene en cuenta que la carrera espacial con el próximo foco en Marte se reiniciará más temprano que tarde y que la Luna será seguramente un punto de parada obligado en ese viaje, las mentes más emprendedoras (y con algunos ahorros) ya pueden ir pensando en una inversión que, puede asegurarse, no será de este mundo.





