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Este film no se parece a ninguno anterior." El elogio –repetido por cinéfilos y críticos de distintos países– no es frecuente y mucho menos en el caso de un largometraje que marca, al mismo tiempo, el debut de un director y de un guionista.
El director se llama Spike Jonze; el guionista, Charlie Kaufman; y la película (la mejor de 1999 según la National Society of Film Critics de los Estados Unidos) ha sido estrenada en los países de habla inglesa como Being John Malkovich y acaba de llegar a la Argentina como ¿Quieres ser John Malkovich?.
El argumento de Being John Malkovich es tan absurdo que linda con el delirio, aunque en este caso mejor sería hablar de "delirio sumamente organizado": un ignoto titiritero llamado Craig Schwartz (interpretado por John Cusack) descubre, en un rincón de la siniestra oficina donde trabaja para sobrevivir, una puerta que le permite ingresar en la mente del actor John Malkovich, al punto de poder llegar a habitarlo y de vivir la experiencia de ser él. El propio Malkovich actúa en el film, cuyo elenco central se completa con Cameron Diaz (casi irreconocible como Lotte, la esposa morocha de Schwartz, obsesionada con un chimpancé llamado Elijah) y Catherine Keener, una de las musas del nuevo cine independiente norteamericano.
La película ha bastado para inscribir el nombre de Spike Jonze en la más reciente camada de cineastas que ha surgido en los Estados Unidos: James Mangold, Kevin Smith, etcétera. Puede ser que exista un muy delgado abismo entre lo que ambiciona el guión de Being John Malkovich y el resultado obtenido por Jonze. No obstante, por el solo hecho de haber elegido esta historia fabulosa, Jonze se coloca un poco al costado de la corriente que hoy parece dominar el cine norteamericano: la de las llamadas "ficciones polifónicas", un cine tildado por muchos de posmoderno y que arranca, en grandes rasgos, con Ciudad de ángeles (Short Cuts), de Altman (inspirada en los cuentos de Raymond Carver) y que ha dado en los últimos tiempos un sinnúmero de películas: desde Felicidad (Happiness), de Todd Solondz, hasta la recién salida Magnolia, de Paul Thomas Anderson, el director de Juegos de placer (Boogie Nights).
Valiéndose de un guión audaz y desafiante como pocos, Jonze propone no obstante un lenguaje clásico, una experimentación más modernista que posmoderna. Puestos en el aprieto de tener que describir el film, de dar una idea de su estética, críticos y comentaristas han recurrido a ejemplos tan disímiles como los Monthy Python, Alicia en el País de las Maravillas, Franz Kafka, The Truman Show, Samuel Beckett y el teatro del absurdo en general.
En efecto, tal como hacían los más reconocidos autores del absurdo (Ionesco, Arrabal, etcétera), desde sus primeras escenas el guión de Charlie Kaufman instaura, o mejor dicho impone, una lógica a partir de la cual todo parece posible.
–Hola, mi nombre es Craig Schwartz y tengo una entrevista con el doctor Lester –dice el titiritero, el primer día que acude al trabajo.
–Por favor, tome asiento, señor Juárez –responde la secretaria (la actriz Mary Kay Place) de LesterCorp.
La oficina donde Schwartz será admitido queda en el piso 7 y medio; para poder bajarse allí hay que detener contra natura el moderno ascensor; entre el suelo y el techo del piso 7 y medio hay una altura de poco más de un metro, o sea que la gente debe caminar encorvada; el jefe es un erotómano que asegura tener 100 años y a la vez está convencido de que le ocurre un problema grave en su boca porque cuando habla nadie lo entiende, cuando en realidad es su secretaria, profundamente sorda, quien lo ha convencido de esta enfermedad inexistente. Cansado de deambular como artista callejero, Schwartz ha buscado un trabajo que ponga un poco de orden en su vida, pero la oficina se revela aún más ridícula y surrealista que su mundo de sueños artísticos.
Conviene no revelar mucho acerca del argumento del film. Digamos básicamente que Craig, el personaje de Cusack, primero, se enamora de una compañera de trabajo llamada Maxine, que interpreta Keener; segundo, descubre la puerta que lleva a la cabeza de Malkovich, y tercero, a instancias de Maxine, funda una empresa que cobra 200 dólares por el privilegio de viajar por quince minutos a la mente de Malkovich. Hay en esta historia, claro está, una crítica a la industria montada en torno de la fascinación por las celebridades, así como a las publicidades de tipo "sea otro por 10 pesos". Pero esto es sólo el comienzo del film, cuya historia Kaufman y Jonze hacen evolucionar con maestría, al punto de incluir un "cuadrángulo amoroso" de los más originales e intrincados que haya presentado el cine.
"Cuando debute haciendo clips y publicidades, no tenía la intención de hacer un día un film de ficción", declaró el tímido Spike Jonze en uno de los excepcionales reportajes que ha concedido.
El nombre verdadero de Jonze es Adam Spiegel. Nació en 1969, en Potomac (Estado de Maryland) y fue criado, junto con su hermano menor Sam, por su madre soltera. Un miembro de su familia, Sam Spiegel, fue hace años un famoso productor de cine: La reina africana, de John Huston; Lawrence de Arabia, de David Lean.
Antes de volcarse al cine, Jonze trabajó algún tiempo como periodista y sobre todo como fotógrafo en las revistas Freestylin’, Go y BMX Action. En 1991 fundó con unos amigos la revista Dirt y por esa misma fecha filmó en video unas imágenes de skate que interesaron a Kim Gordon y Thurston Moore, del grupo Sonic Youth. Los músicos terminaron de ver el video y mandaron llamar a Jonze: deseaban que el skateboarding fuera la base de su clip 100%. Así, por intermedio de los Sonic Youth, Jonze se puso en contacto con Tamara Davis, directora de clips, y terminó rodando todas las secuencias de skate del video y hasta apareciendo brevemente en una escena. En cierto aspecto, fue también su debut como actor, una actividad que realiza de manera secundaria pero con bastante regularidad. Puede vérselo en películas como Mi vida loca, The Game y la flamante Tres reyes (Three Kings), de David O’Russell, al lado de George Clooney, Mark Wahlberg y Ice Cube.
Lo concreto es que, a partir de aquel clip de Sonic Youth, Jonze no dejó de hacer cine y dirigir videoclips, hasta convertirse en uno de los mejores realizadores de los años 90. Enseguida, de la mano de sus clips, ingresó en el mundo de la publicidad.
La lista de los trabajos de Jonze apabulla. Avisos publicitarios: Coca-Cola, Coors, Nike (con André Agassi), Nintendo, Woodstock 94 y otros más. Videoclips musicales: "Home", de Sean Lennon; "Cannonball", de Breeders; "Shady Lane", de Pavement; "Crush with Eyeliner", de r.e.m.; "The Diamond Sea", de Sonic Youth; "My Wave", de Soundgarden; "Hang On", de Teenage Funclub, etcétera.
Para muchos el mejor clip de Jonze es "Sabotage", de los Beastie Boys (se cuenta que durante el rodaje rompió dos cámaras 16 mm, valuadas cada una en 200 mil dólares, cuando el presupuesto total era de 55 mil dólares), en el que parodia las típicas series policiales de los años 70, con Starsky & Hutch a la cabeza. Para otros, su obra cumbre en el género es "It’s Oh So Quiet", de Björk. En este clip, basado en el film francés Los paraguas de Cherburgo (Jacques Demi, 1964) que lanzara al estrellato a Catherine Deneuve, Jonze pudo llevar a cabo una travesura técnica: hacerle cantar a Björk el tema a exacta doble velocidad para que luego los labios concidan a la perfección mientras todo a su alrededor se mueve en cámara lenta. Algo por el estilo había hecho The Police, casi dos décadas antes, con el clip de "Wrapped Around Your Finger". Incansable investigador, Jonze probó otro truco en un video de The Pharcyde: los músicos cantaron el tema al revés (para ello debieron practicar con una cinta revertida) mientras caminaban de espaldas por la calle. El resultado es perturbador: puestos los músicos "al derecho", todo cuanto los rodea se mueve en retroceso. El efecto es conocido pero la osadía de Jonze consiste en haberlo utilizado en un clip, donde el menor error de lipsync (sincronismo de labios) bastaría para echar por tierra toda una secuencia.
charlie kaufman tuvo la rara idea de being John Malkovich hace unos cinco años. Al parecer, estaba escribiendo una historia más convencional (la de un hombre casado que se enamora de otra mujer) cuando de pronto se le apareció la imagen de una puerta capaz de llevar a la cabeza de otra persona. Acto seguido decidió que esa persona debía ser un actor famoso, de prestigio y con "cierta aureola de misterio". John Malkovich, se dijo.
Completó el guión sin consultar al actor ni a ningún abogado, persuadido de que –de todas maneras– jamás sería llevado a la pantalla. La versión final lo convenció, al menos, de que valía la pena hacer un intento. Primero le envió una copia del guión a John Cusack, que se entusiasmó mucho con el argumento y pidió interpretar al titiritero. Envalentonado, le mandó una copia a Malkovich y –enorme sorpresa– el actor le respondió ofreciendo sus servicios.
¿Qué hubiese ocurrido si el actor se ofendía o no ofrecía sus servicios? Kaufman asegura que no habría reescrito el guión con otro actor fetiche en su reemplazo (ni Being Al Pacino, ni Being Jack Nicholson, ni nada por estilo) por la sencilla razón de que Malkovich era su "primera y única elección".
Lo verdaderamente difícil fue, en cambio, despertar el interés de una productora. Le respondían que el guión no era muy comercial u, otras veces, que era genial en papel impreso pero "irrealizable" en la pantalla. También fue a ver a varios directores pero "todos quedaban medio desorientados luego de examinar el proyecto".
Fue entonces cuando la idea llegó a oídos de Spike Jonze. Asociados, director y guionista consiguieron finalmente que Michael Stipe, cantante y líder de r.e.m., produjera la película. Stipe se ha volcado últimamente de lleno a la producción cinematográfica. Luego de Being John Malkovich, su última película marca el regreso del director Milos Forman y se llama Man on the Moon, lo mismo que una de las canciones más populares de r.e.m.
Jonze y Kaufman han contado en algunos reportajes una anécdota reveladora. Antes del padrinazgo de Stipe, los ejecutivos de otra productora les dijeron que únicamente financiarían el film si el mismísimo John Malkovich actuaba. Cuando se confirmó que el actor aceptaba, la productora no supo qué hacer ni qué otra excusa enarbolar. Convencidos de que Malkovich jamás diría que sí, habían dicho esto por pura diplomacia, en vez de simplemente rechazar el guión.
La colaboración de John Malkovich fue muy amplia. Hasta llegó a rodar él mismo sus propias tomas subjetivas, cosa que no debe extrañar porque el actor ha dirigido algunos cortometrajes y planea desde hace tiempo debutar como realizador: de hecho va a hacerlo en mayo o junio con producción española y Javier Bardem como actor. No obstante la excelente predisposición de Malkovich, lo que Kaufman no quiso, en ningún momento, fue ajustar el guión original con datos provistos por el actor. Tampoco el actor pidió ni sugirió esto; por el contrario, se sometió al juego y aceptó que Jonze y Kaufman le indicaran cómo debe comportarse Malkovich.
Sería incorrecto decir que el actor hace de sí mismo en la película. Más que actuar as himself, Malkovich representa lo que Kaufman y Jonze piensan que la gente piensa acerca de Malkovich. Esto incluye un segundo nombre pomposo inventado para la ocasión (John Horatio Malkovich) y algunas bromas pesadas, como la primera escena en que el galán de imagen progre e intelectual aparece leyendo The Wall Street Journal, lo que equivaldría más o menos a Miguel Angel Solá leyendo Ambito Financiero. Otra broma recurrente y cruel: las personas con las que Malkovich se cruza en el film (un taxista, un mozo de restaurante, etcétera) no recuerdan muy bien su apellido, confunden sus papeles con los de otros actores o hasta llegan a felicitarlo por un papel que jamás interpretó.
Si hay una escena de antología en el film de Jonze es cuando Malkovich entra en el túnel que lleva a su propia cabeza. El resultado es una pesadilla, un viaje al fondo de su propio inconsciente que no es sino un universo de clones: una especie de cabaret lujoso donde se han congregado decenas de Malkovich de todo aspecto y tamaño que no pronuncian más que una sola palabra ("Malkovich", por supuesto) de todas las maneras y entonaciones posibles. La escena revela el punto límite del artefacto truculento pero asimismo podría verse en ella una pizca de sátira al narcisismo de las figuras públicas.
Para el crítico francés Franck Garbarz, de la revista especializada Positif, el film de Jonze debería entenderse como la contracara de La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen. Aquí el hombre de la calle se ve arrojado a la vida cotidiana y glamorosa de una estrella de Hollywood, mientras que en Allen los actores se manifestaban prisioneros de un mundo ficticio y decidían entonces desprenderse de la tela para unirse a la realidad cotidiana de los espectadores. "Pero en ambos casos la metáfora sobre la evasión y el entretenimiento es, a fin de cuentas, la misma", sostiene el crítico.
Spike Jonze se casó hace algunos meses con Sofia Coppola, la hija de Francis Coppola, que acaba de estrenar su primer largometraje, Las vírgenes suicidas, basado en una novela de Jeffrey Eugenides recomendada por... ¡Thurston Moore, de Sonic Youth! En la época en que era novia de Jonze, Sofia aceptó aparecer, personificando a una gimnasta, en "Elektrobank", un viejo videoclip de su actual esposo para los Chemical Brothers.
En coincidencia con el estreno de Tres reyes, que lo muestra como actor, Jonze dio a conocer un pequeño documental que tiene como protagonista y tema central a Ice Cube. Filmado en pleno rodaje, se titula An Intimate Look Inside the Acting Process with Ice Cube, y se añade a otros cortometrajes como Amarillo by Morning (1997), que narra la historia de unos jóvenes tejanos que quieren dedicarse al rodeo; How They Get There (1996), que fuera exhibido en el festival de Sundance, y Hi Octane, realizado íntegramente en Hi-8 con Roman Coppola (también hijo de Francis) y Dewer Mick.
Charlie Kaufman viajó hace pocas semanas a Londres para apoyar el lanzamiento de Being John Malkovich. ¿Cuánto influirá el éxito de éste, su primer guión cinematográfico, a la hora de encarar futuros proyectos?, le preguntaron a Kaufman. "No puedo controlar el impacto que ha causado nuestro film", contestó. "No imaginaba que iba a ser tan bien recibido. Voy a seguir tratando de hacer lo que me gusta."
Jonze y Kaufman, de hecho, trabajan en un guión que por ahora se llama Human Nature (Naturaleza humana) y que empezaría a rodarse entre septiembre y octubre. El film, por lo que ha trascendido, contará la historia de una joven, interpretada por Patricia Arquette, a la que empieza a crecerle piel en su cuerpo –pero piel animal, como si fuera un tapado– y va a consultar a un científico. Es probable que el proyecto no sea dirigido por Jonze sino por Michel Gondry, otro realizador de videoclips. "La historia suena extraña, lo sé", admitió hace poco y en público Jonze. Aunque, después de Being John Malkovich, ¿qué cosa puede resultar más extraña?






