En 1987 condujo el primer programa en vivo de la Rock & Pop. Hoy, desde hace doce años, lidera el ciclo récord en la historia de la fm.
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En 1986 vos hacías Feedback, con Paluch, en fm Okey. ¿Cómo fue que llevaron el ciclo a Rock & Pop?
Nosotros veníamos de tener un juicio con Grinbank por decir que la Rock & Pop pasaba música paga. En diciembre de 1986, Grinbank compra Okey para hacer fm Clásica. Nosotros dijimos “ok, nos quedamos sin trabajo”. Ese 24 de diciembre hicimos el programa en vivo, diciendo que era el último. Daniel nos escuchó y a los dos días nos ofreció ir a la Rock & Pop. Le dijimos que no, que era la antirradio, que no había programas... Nos dijo: “Bueno, vengan a hacer el programa, armamos el estudio”. Así que yo fui la primera persona que habló en vivo en Rock & Pop.
¿Vos ya tenías ambiciones de crecer en el medio?
Yo tenía 19 años, hacía radio desde los 16... Quería hacer radio, no me importaba nada más. Nos habían echado de Continental, y en Okey venía trabajando gratis desde hacía seis meses, no tenía ni para volverme a mi casa. Nunca pensé en hacer radio para terminar en esta oficina tan bonita.
¿Qué programas te gustaban?
Yo devoraba fm Del Plata. Al principio laburaba en Radio Belgrano y a la noche lo iba a ver a Lalo como a la persona que quería ser. Cuando él fue a Rock & Pop, un par de meses después que yo, no podía creer que estuviera en la misma radio que Lalo Mir. El no me daba ni la hora...
¿En qué momento te pusiste la camiseta?
Cuando yo me peleo con Ari, después de un año y medio, el tándem Bangkok-Malas compañías se convirtió en un movimiento creativo imbatible. Ahí éramos una familia: Quique, Bobby, Eduardo, Douglas, Lalo, Tuqui... Me acuerdo de agarrarme a trompadas por Rock & Pop: entrar en un lugar, que un gil diga: “Eh, los de Rock & Pop son putos” y cagarnos a trompadas. Eramos la radio. Y Grinbank lo sabía, por eso nos pagaba para el orto. Sabía que lo hubiéramos hecho gratis [se ríe].
¿Cuáles eran tus expectativas cuando terminó Feedback y empezó Malas compañías?
Todas las fichas estaban puestas en Ari. Yo pensé que mi carrera se había acabado. Ari parecía el más preparado, pero yo producía mucho: había aprendido a editar, me gustaba pegar discos... Así que con Eduardo [De la Puente] pensamos que tenía que haber otra forma de comunicar, una manera de hacer lío sin hacer lío. Malas compañías lo armábamos todo nosotros: yo era el operador, grababa con el Revox de cinta abierta... El programa se convirtió en un boom.
¿Pasabas muchas horas en la radio?
Dormía ahí, no tenía interés en otra cosa en el mundo. Vivía con mis viejos en Martínez, pero cada vez iba más a lo de Eduardo, hasta que, cuando mi mamá se quiso dar cuenta, yo ya había vaciado el placard.
¿Cuánto ganabas en esa época?
Como si hoy ganara 800, 1.000 pesos. Y facturábamos 4 o 5 millones [se ríe a carcajadas]. Y en audiencia éramos primeros absolutos.
En el 89, toda esa primera camada se disuelve. ¿Qué pasó?
Veníamos todos muy jugados. Químicamente hablando, con los programas... Fueron tres años de mucho éxito. Estábamos quemados, medio peleados entre nosotros, mucha convivencia en un momento muy efervescente de nuestras vidas... Frente a la crisis, la radio decide bajar los sueldos; algunos no lo aceptan, a otros los echan... A mí Daniel me ofrece quedarme. Yo era el único más o menos televisable (me salvaron los ojitos claros) y veníamos de hacer un par de éxitos muy fuertes. Me quedé presentando temas.
¿En ese momento se consolidó tu lazo con Grinbank?
Yo siempre tuve una buena relación con Daniel. Salvo ahora, por razones más empresariales... Tengo sólo palabras de agradecimiento. Para mí fue como un padre, un tipo que me ayudó mucho, nunca me controló, me dejó laburar libremente... Pero yo necesitaba algo más que anunciar temas. Y medio que, sin que se dieran cuenta, contraté gente con mi guita y empecé a hacer Podría ser peor. Y termina siendo un exitazo. Era la época de la z 95. Y yo dije: “Men, a la gente le gusta escuchar programas, éste es un país de programas”. Y ahí van apareciendo Lanata, el Rafa [Hernández], vuelve Lalo, el Heavy... Resucitamos.
¿Y la radio seguía siendo ese lugar pernicioso de los 80?
Volvimos todos mucho más sanos... Los 80 fueron tóxicos, los 90 fueron un poco más calmos... Aunque yo llegué a transmitir Cuál es? desde una comisaría. En Rock & Pop siempre hubo razzias. Si no venían los de la dgi por un chanchuyo de algún concierto, teníamos que salir corriendo porque venía la dea. Teníamos muchos casos de mujeres que venían a armar quilombo porque el marido estaba ahí con alguien. Era un bulo.
¿Sentiste que cambió algo cuando se fue Grinbank?
Con toda humildad, creo que el éxito de Rock & Pop no es de Daniel. La radio la hacíamos nosotros. Daniel nos alimentaba con Rolling Stones, con conciertos que nos daban identidad. Pero lo hicimos nosotros, porque si no, cuando se fue él, se hubiera caído todo a pedazos. Y no se cayó. Y otras radios que armó Daniel no funcionaron. Incluso ahora: los proyectos que está haciendo van indudablemente al naufragio.
Cuál es? lleva doce años, batió todos los récords de audiencia. ¿Cómo emepezó?
Yo me había peleado con Eduardo; él se fue a vivir a Mar del Plata y yo extrañaba su forma de escribir, la relación que teníamos. Un día lo pasé a buscar y lo repatrié. El primer pensamiento fue: recuperemos la alegría. Eduardo escribía muy buenos guiones, a mí me gustaba representarlos... Yo no quería hacer Bangkok. ¡La mañana era de Lalo! El se había ido a Del Plata, pero el estigma de Bangkok estaba. A mí se me ocurrió que había que sumar gente, edición, producción... Empezamos a incorporar gente y más gente. Hoy en día somos veinticuatro personas haciendo Cuál es? Creo que es la cantidad de gente que tiene fm 100 o Aspen.
¿Siempre generaste esa cosa de clan cerrado con la gente que elegís?
Mis equipos radiales son la mafia. Dentro de la Familia, lo que quieran. Fuera de la Familia... es a muerte. Cuando Andy [Kusnetzoff] me dice que va a agarrar la mañana de Metro, yo le digo: “Andy, te soy sincero: voy a hacer todo lo posible para que estés anulado”. “Pero somos amigos...”, me decía él. “No sé si somos amigos, pero yo no lo puedo evitar. Te me cruzás a la mañana y para mí es más importante que la tele, es más importante que todo...” Yo amo esa radio, en todos estos años habré faltado quince veces. Me voy de vacaciones y al día 15 estoy desesperado: “¡¿Cómo no estoy en la radio!?”.
¿No podrías dejarla?
Debería. Debería por una cuestión de edad. No creo que hayamos perdido vigencia, pero me doy cuenta de que hay cosas que me van cambiando. Si yo pienso en lo que hacía a los 22, no es lo mismo que hago ahora a los 40. Antes, cuando decía “vas en el tren hecho pelota”, salía de la radio y me tomaba el tren. Y ahora sería muy injusto si digo que pago el alquiler como puedo. Porque no es así. Eso me va distanciando un poco, a pesar de que veo las mediciones y digo: “Boludo, el segundo no existe”. Cada año pienso “alguien nos va a cagar”. La gente se tiene que pudrir. Y siempre se nos ocurre alguna pelotudez nueva que funciona.
¿Por qué creés que no apareció otra radio que representara un quiebre estético similar al del 85?
No lo sé. Para mí, aún hoy Rock & Pop es la mejor radio que hay. Yo escucho Rock & Pop y me río, aun con gente de la que estoy más distanciado, como con Vernaci. Nos hemos dicho barbaridades, pero la escucho y digo: “Qué hija de puta, qué conductora”. Porque tiene ese fuego sagrado que hay que tener. En fm no hay mucho de eso. Escucho a la competencia a la mañana y entiendo por qué no le puede ir un poco mejor, por qué Cuál es? sigue apabullando.
¿Y qué cosas sí te gustan, fuera de Rock & Pop?
Con Lalo tengo una debilidad. Creo que va a cambiar la am, así como cambió la fm. Hay gente cuyo oficio aprecio mucho, aunque no me guste mucho lo que dice ni la música que pasa. Bebe Sanzo, por ejemplo, que lo tenemos en x4... Entiende muy bien la radio. Es como escuchar a Guinzburg a la tarde en Mitre. Es como cuando uno escuchaba a Castelo.
¿Qué es lo que te retiene en Rock & Pop, teniendo tu radio propia (x4)?
La única vez que estuve a punto de no renovar con Rock & Pop, hace dos años, estuve con diarrea una semana. Nunca voy a hacer algo que vaya a dañar a Rock & Pop. Es más fuerte que yo. Yo sé que suena tarado, pero es una cuestión de sentimientos... Yo la quiero a Rock & Pop. Me gusta que le vaya bien. Cuando empieza el programa me imagino que hay un montón de gente escuchando [canta]: “Otra vez en el aire...”. Tiene la identidad de una generación. Le somos a una generación lo que Fontana le habrá sido a mis abuelos. Y yo veo a la gente corriendo de un lado a otro y pienso: “Qué bien, boludo, mirá, mirá cómo vamos. Vamos, ¡vamos, vamos!” [se emociona]. A mí me encanta. Lo haría gratis. Lo hice gratis cuando no tenía para comer y lo volvería a hacer gratis ahora que tengo la panza llena.
Eso suena difícil de creer...
Te lo digo en serio, no te la estoy careteando. Yo amo a Rock & Pop. Yo me emociono hablando de Rock & Pop. Yo estoy a la mañana en la radio y me doy cuenta de que es mi lugar en el mundo.
¿Qué te queda por lograr ahí?
Mi sueño laboral es prender la radio a la mañana y que todas las demás frecuencias hagan: “Shhhh....”. Porque no tiene sentido que pongan un programa a la mañana: el que venga a la mañana, va a morir indefectiblemente. Sea como sea.
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