
Mark Sandman en el recuerdo
"Gracias, Palestrina. Es una hermosa noche. Es bello estar aquí y quiero dedicarles una canción supersexy." Así, en Roma, hace cinco años, Mark Sandman, líder e ideólogo musical de Morphine, una de las bandas más originales de los años 90, presentó el segundo tema de un show, antes de que el corazón lo traicionara sobre el escenario.
Morphine por entonces ya se había convertido en una banda de culto en todo el mundo. Un trío de rock particular, con un sonido barítono que desafiaba las costumbres del trío histórico (guitarra, bajo, batería) para ahondar en otras combinaciones sonoras: bajo de dos cuerdas tocado con slide, saxo barítono y batería. Y, como si eso no bastara, la voz de barítono de Sandman.
Siempre resultó difícil imaginar un rock sin guitarras. Sin embargo, Sandman lo desarrolló a partir de esa ausencia (la guitarra aparece esporádicamente), aun siendo guitarrista. En una entrevista con LA NACION antes de presentarse en el mítico Dr. Jeckyll, contó que tocaba con slide porque no tenía fuerza para apretar las gruesas cuerdas del bajo: "Siempre fui guitarrista. Amo la guitarra. Tengo diez en mi casa: imaginate". Y además inventó un instrumento que llamó Tritar, con una cuerda de bajo y dos de guitarra: "Pero hay días en los que no funciona -confesaba-. Depende del tiempo, de la presión atmosférica. Creo que es así".
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Unos pocos álbumes le bastaron a Morphine para ganarse un lugar distintivo. Desde el inicial "Good" (1992), en el que Sandman ejecutaba el bajo con una sola cuerda, ya se vislumbra la apuesta estética que los diferenció en pleno estallido grunge (donde justamente las guitarras cobraban el protagonismo sonoro) y que se perfeccionó en los posteriores "Cure For Pain" (1993), "Yes" (1995) y "Like Swimming" (1997).
En 1999, el grupo preparaba un álbum en vivo (que se editó en octubre de ese año), y ya trabajaba en nuevas canciones que se editaron un año después en "The Night", la obra póstuma de un músico que, además, tenía tiempo para atender otros asuntos, la Fundación Mark Sandman de apoyo a los jóvenes artistas, que todavía se mantiene en actividad. De hecho, sus compañeros Dana Colley (saxo) y Billy Conway (batería) y otros allegados a la banda pidieron que, en lugar de llevar flores, aportaran ese dinero a la fundación para poder seguir trabajando.
Para Sandman, el error era parte de la obra, y así se lo explicó en una entrevista a Adriana Franco: "No importa si no sale perfecto. Es más válido el sentido que la perfección. Eso es lo que me gusta del jazz de los años 50 o 60; Thelonious Monk, Miles Davis, tienen muchos errores y no importa; se pasa y la música continúa. Me gusta eso. Es más vivo, más espontáneo. En las grabaciones somos más perfeccionistas y creo que no es bueno. Espero que en nuestros próximos discos tengamos más errores".





