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"Escucho el disco ahora desde la colina y me alegro de que no se parezca a nada, y de que a la vez todo lo que soy y toco hoy día ya esté presente en estas canciones", reflexiona y sintetiza Martín Buscaglia hacia el final de las liner notes que acompañan la reedición de Llevenlé (1996), su debut discográfico. El texto, lúcido, lúdico y bellísimo, es un buen argumento para conseguir este disco. Pero, además, están las canciones que se volvieron clásicos de su repertorio ("Samantha Brown", "El candombe de Marte") y otras que, por olvidadas, no perdieron su belleza ("Manzana colorá", "Anís"). Fundacional y fundamental, incluye una emocionante versión del "Himno a Artigas" y la participación de artistas uruguayos de la old school (Rubén Rada, Urbano Moraes, el "Corto" Buscaglia) y de la New Power Generation (Samantha Navarro, Nico Arnicho, Tatita Márquez). Grooves de funk y candombe, canciones intimistas y multicolores y un marcado espíritu brasileño (influencia de Gilberto Gil, Cazuza y Jorge BenJor) son unas pocas pistas para enmarcar este disco inetiquetable.
Por Humphrey Inzillo
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