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Hace más de una decada que Martín Elizalde comanda el timón de Falsos Profetas, una nave melancólica que deambula entre el rock, el tango y los aires rioplatenses, inmersa en una suerte de cruzada por renovar la música popular ciudadana. En la antesala del cuarto disco de la banda, Elizalde entrega aquí doce canciones de su puño y letra –producidas por Acho Estol (La Chicana)– que no hacen más que confirmar al pianista y cantor como un cínico cronista de sus derrotas cotidianas. Martín se permite hablar de amores perdidos ("Las fiestas") y de terapias y pastillas ("Solo fue un mal año"). Y extiende los límites de sus canciones al terreno de la cumbia, el vals y el pop de cámara, en las que la sociedad instrumental con Estol y el violinista Osiris Rodríguez alcanza su apogeo, reeditando aquello de que la canción más bella suele ser la más triste.
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