Mauré, una figura que se evoca con los grandes
Por Felipe Yofre
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El paso del tiempo por un calendario nos permite recrear el ayer y a la vez retornar con la memoria a inolvidables ídolos del 2 por 4. Por caso, a nuestro personaje de hoy, cantor de gruesa contextura, que para sus presentaciones en lugares nocturnos recurría a su esmoquin negro, al perfume dulzón e intenso y a un enorme anillo de oro y ónix con brillantes en su mano izquierda.
El se identificaba con su entorno, visceralmente porteño, de despareja arquitectura, y casitas italianas con balaustradas y balconcitos enrejados.
Hoy, al recorrer esos barrios, es dable comprobar que las "personas en la sala" de las que hablaba Norah Lange se han transformado, muchas de ellas, en propietarias de quioscos o despensitas despachando su mercadería entre las persianas caladas.
De ahí que la nostalgia nos invada al recorrerlas y con Cátulo Castillo nos preguntemos : ¿dónde está el aljibe, dónde están tus patios, dónde están tus rejas...?
Porque entre ellas transcurrieron la niñez y la adolescencia de Tito Falivene, luego llamado artísticamente Héctor Mauré, que nació en una modesta finca de Coronel Niceto Vega 5656,cuadra medianera entre Palermo Viejo y Villa Crespo con el caudaloso arroyo Maldonado por entonces sin entubar, al que Tito solía zambullirse para nadar en el verano.
Viejas diabluras
Su infancia fue humilde y feliz, con las típicas diabluras de los muchachones de su tiempo y el físico robusto, nutrido por sándwiches especiales de mortadela.
Para contribuir al sostén del hogar trabajó en un taller mecánico de las adyacencias, y enfundado en su overol entre pistones y bujías afinó carburadores y también su gola honda y emotiva.
En el barrio ya se hablaba sobre las hazañas de Tito, fornido y pintón, que despuntaba dos vocaciones: el boxeo y el tango.
Es que la vecindad con el Colegiales Boxing Club lo estimuló a calzarse los guantes, encaramarse a su diminuto ring de tribunas vociferantes y emular a Luis Angel Firpo hasta que un uppercut en la nuca casi concluyó con su vida, conmoción cerebral mediante, y su afición al pugilismo.
A partir de ahí recurrió a todo tipo de changas para subsistir y solventar sus clases de canto con el maestro Eduardo Bonessi, y Amílcar Cafferatta, su ex manager, lo anotó en 1937 en un concurso de cantores patrocinado por Puloil en LR3 Radio Belgrano.
Cinco mil postulantes participaron del evento, entre ellos, el bolerista Gregorio Barrios, creador de "Vanidad" y "Corazón a corazón".
Nuestro protagonista obtuvo el trofeo interpretando "Confesión", de Enrique Santos Discépolo, y se aseguró el contrato con la emisora donde debutó con el apellido paterno de Tito Falivene.
Con la batuta del maestro
Tiempo después, en 1940, se le abrieron las puertas de la fama con Juan D´ Arienzo. Buscaba "el rey del compás" una nueva voz para su orquesta y convocó a una prueba de cantores en Radio El Mundo, delegando en su pianista Fulvio Salamanca el acompañamiento de los candidatos.
Nuevamente se impuso Tito, que a partir de ahí fue bautizado por Juan como Héctor Mauré, inspirándose para el nombre en su bandoneonista Héctor Varela y en el apellido de su mujer, al que le adosó un acento.
Con D´Arienzó actuó en radio, bailes y locales nocturnos e impusieron éxitos como "Compadrón", "Claudinette", "Uno", "Cicatrices", "Infamia" y muchos más.
Cuatro años después, una afección en la garganta lo obligó nuevamente a colgar los trinos, igual que los guantes, y dejar la orquesta.
Curioso destino el de este intérprete, nacido allá por 1920, cuando la influencia de Gardel se hacía sentir en la mayoría de los vocalistas, y que logró trascender como cantor de un conjunto con un ritmo diferente del de su repertorio.
Recuperado de su dolencia, comenzó a actuar como solista y recorrió el país, Europa y América. A tal efecto, apeló a lucidos acompañamientos guitarrísticos y a directores de orquesta de la talla de Carlos Demaría, Jorge Dragone, Lito Escarso o Leopoldo Federico, entre otros.
Al ritmo de la marcha
Tuvo una activa participación como artista en la corriente histórica que condujo el país hasta 1955, e igual que Hugo del Carril grabó la marcha partidaria (volvió a hacerlo clandestinamente, en l964), lo que valió, al ser depuesto el gobierno, un largo relegamiento de los medios de comunicación.
A partir de allí actuó en locales nocturnos de la época, como La Armonía, donde lo vi en l958, y en el Rincón de los Artistas, de Jonte y Boyacá, donde se presentó durante muchos años hasta su fallecimiento, en l976.
Fue un ídolo popular equiparable a Julio Sosa; interpretó como pocos el repertorio del Zorzal Criollo y quisimos evocarlo, al despedir este año, ya que su figura permanece intacta entre los nostálgicos memoriosos.
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