
Melancolía, en blanco y negro
En "Otra vuelta", el director Santiago Palavecino apuesta por un cine diferente
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Santiago Palavecino tiene 30 años y dice que estudió Letras simplemente como una "forma oblicua de llegar al cine". "Fue una forma de aprender algunas cosas que seguramente me servirían para hacerlo", dice. En 2002, todavía en caliente el desastre socioeconómico que sacudió a la Argentina en los últimos meses de 2001, pensó incluso en emigrar en busca de algún posgrado y nuevas esperanzas. Pero no. Fue en medio de esa necesidad de encontrar una salida al laberinto cuando su proyecto "Otra vuelta" recibió un premio de la Fundación Antorchas para el desarrollo de guión, camino a convertirse en su primer largometraje.
Su opera prima, que se estrena pasado mañana, en el Cosmos y en el Tita Merello, participó en la sección "Cine en construcción" de San Sebastián en 2003, en "Lo nuevo de lo nuevo" del Bafici y en Montreal, los dos en 2004, y ya fue invitada al de Toulouse, el mes próximo.
El título de su película, rodada en 16 mm (y en cuidado blanco y negro), tiene que ver con el regreso de un joven aspirante a cineasta llamado Sebastián Pagani, a Chacabuco, su pueblo natal, dispuesto a iniciar allí el rodaje de una adaptación de "Perfumada noche", un relato de Haroldo Conti. Sin proponérselo de antemano, también intentará entender qué fue lo que realmente ocurrió con su mejor amigo, escritor, que tras una crisis decidió suicidarse, nadie sabe o quiere explicar con claridad por qué. Sebastián es un poco arrogante; sin embargo, pone distancia con cualquier apasionamiento o prejuicio de lo que ocurrió, anteponiendo su necesidad de dar un sentido incluso a la levedad del ser. Probablemente intenta llegar a una conclusión que lo satisfaga, fabricando fuegos artificiales a la antigua, una anécdota relacionada con el personaje del relato que piensa filmar. Los rellena con pólvora y los escritos de aquel que se quitó la vida, cansado seguramente de tanto vacío, hecho trizas. "Es un relato melancólico sobre la memoria", definió Palavecino a su paso por el Festival de San Sebastián, donde se vio en "Cine en construcción".
Palavecino asegura que no se trata de un relato autobiográfico, aunque aproveche cierta experiencia propia, en varios sentidos. Y lo dice aunque Pagani tenga iguales iniciales que él y que, como aquel, sea oriundo de Chacabuco y tenga entre sus metas una adaptación cinematográfica del cuento de Conti que más le gustaría adaptar. "Un gran desafío fue rodar en Chacabuco desprendiéndome de la mirada próxima, incluso paisajista que pueda tenerse del lugar y de lo autobiográfico."
Dictada en caliente
El cineasta, que estudió en la Universidad del Cine y también música (con Roberto Castro y Virtú Maragno), había participado en el guión de "Cuatro notas", con David Oubiña, Hernán Hevia y su director, Rafael Filipelli. También es el responsable de una traducción al español de "Histoire(s) du cinéma", de Jean-Luc Godard, director que -como algunos otros de la nouvelle vague: Robert Bresson, Michelangelo Antonioni, Ingmar Bergman y Andrei Tarkovski-, están entre sus favoritos.
No es casual que la poca música que acompaña las imágenes sean fragmentos, a veces unas pocas notas, de una hermosa sonata para piano de Ludwig van Beethoven, de "La tempestad", e "Ich bin der Welt", de los Rückert-Lieder, de Gustav Mahler. En su diálogo con LA NACION, el debutante fue claro al referirse al tema: "Creo que mi película tiene una concepción musical fuerte, sin embargo, en principio no estaban estas composiciones, ni siquiera rondaban mi cabeza. La incorporación de esos fragmentos surgió después, es decir, con las imágenes, y creo que se da un buen diálogo entre música e imágenes".
Palavecino, cuya película tiene como figuras principales a José Ignacio Marsiletti, Valentina Bassi, Federico Esquerro, Roberto Carnaghi y Nazarena Smit, recuerda el rodaje como uno de los mejores momentos de su vida. "Concebí «Otra vuelta» como la primera, pero también como que podía ser mi última película. Quería que fuese una experiencia intensa. Era un guión muy abierto a lo que pudiera ocurrir en el rodaje. Quería evitar el aspecto burocrático de un guión técnico: lo que quería era que la fórmula de la película fuera dictada en caliente, a partir del encuentro entre todas sus piezas. No quería que fuese la ilustración de falsas certezas", agrega.
Cuando habla acerca de la historia que cuenta su película, Palavecino es contundente: "Es una historia simple, porque el punto de partida es la vuelta al pueblo natal, algo más viejo que la vejez. Me gustó eso de contar una historia muchas veces contada. Cuando me preguntás sobre influencias, creo que en el final busqué algo al estilo de «La zona», de Tarkovski. Alguien podría reprocharme que eso es deliberado y yo estaría dispuesto a aceptarlo".
"La película -dice convencido- parte de una hipótesis realista que se va contaminando con los textos de su amigo y tal vez el clima que encuentra en el pueblo detenido en el tiempo va volviendo las cosas menos explicables. Es, en este sentido, una propuesta ambigua. Creo que va perdiendo su costado realista en la medida que avanza, que se cruza con cada personaje, y hacia el final se podría tener la sensación de que esa característica se ha perdido del todo, y que ya no se puede discernir cuál de los personajes de la película es real o falso".




