La vida creativa de una estrella de rock en solitario
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Haber sido el líder de una de las bandas más importantes de los 80 hacia aquí y un cerebro creativo en actividad permanente le auguraban a Gustavo Cerati, luego de la disolución de Soda Stereo, un futuro más que promisorio. En 1993 "siendo aún miembro del trío pop" había debutado como solista con Amor amarillo, y seis años después se preparaba para lanzar uno de sus mejores trabajos: Bocanada.
Con la expectativa de miles de fans que aguardaban pacientemente su primer material después de Soda, Alfredo Rosso lo entrevistó en Buenos Aires y en Londres, donde se hicieron los retoques finales del disco. La nota, que se llevó la tapa del número 16, retrataba al artista en un momento de expansión creativa, intentando edificar definitivamente un camino solitario y exorcizando viejos demonios.
"Una de las cosas más lindas que recuerdo de aquel reportaje fue un viaje en taxi que hicimos a Notting Hill, donde me habló de los grupos que le gustaban, de los samplers y la electrónica, con la cual estaba muy enganchado en ese tiempo. Después vimos juntos a los islandeses de Gus Gus en el Astoria y, a la salida, un contingente de mexicanos lo divisó y se le fue al humo. Ahí te das cuenta que Gustavo es una figura reconocida más allá de nuestro país", dice Rosso.
La segunda portada llegó en febrero de 2003, cuando acababa de editar Siempre es hoy, su regreso al universo pop. La entrevista, que se pactó a lo largo de tres jornadas, la realizó Oscar Jalil. El primer encuentro tuvo lugar un insoportable día de calor en el estudio de grabación del ex Soda. El segundo, un tanto más extenso, se desarrolló en Olsen, un restorán escandinavo del barrio de Palermo. "Cuando llegué estaba sentado en la puerta charlando con Lolo, de Miranda!, que todavía no era el guitar hero que después conocimos", cuenta Jalil.
La tercera y última parte de la conversación la mantuvieron en el remís que los transportó desde su casa de Belgrano hasta la quinta donde se haría la sesión de fotos, en Merlo Gómez. Así lo describe Oscar: "En el auto nos colgamos a charlar de música y discos, y se lo notaba muy predispuesto. Habló de su separación, del nuevo álbum, del pánico que les tiene a los aviones, del corralito –"estaba bastante caliente porque tenía plata en el banco"– y de sus próximas presentaciones en el Luna Park".
El encargado de aquella sesión fotográfica fue David Sisso: "La foto de tapa la hicimos en una pileta de la quinta y aprovechamos que el agua era verdosa y bien pantanosa, mientras que el fondo lo tomamos de la reserva ecológica. A diferencia de la mayoría de las producciones, que son una negociación con el artista acerca del conceptofinal de la idea y la imagen, ésta fue súper simple".
Al mediodía, aprovechando un parate en la producción, el equipo de Rolling Stone compartió un asado con el músico, donde sobraron las anécdotas de ruta y el buen clima. De aquella extenuante jornada, David guarda una instantánea privilegiada: "Cuando terminamos de comer, Cerati se tiró a dormir una siesta en una reposera bajo una hiedra, algo totalmente insólito para una sesión debido al escaso tiempo del que los músicos siempre disponen. Increíble".




