
Misión posible en Mar del Plata
Célebre: Lalo Schifrin, el autor del conocido tema de la serie de TV, se presenta esta noche, en la Rambla marplatense, a las 21.
1 minuto de lectura'
MAR DEL PLATA.- Lalo Schifrin sabe que, aunque su historia como músico sea vasta y riquísima, para la gran mayoría de las personas siempre será "el que escribió la música de Misión Imposible". Pero este pianista, compositor y director de orquesta que estudió con Messiaen, en París, se fue de la Argentina para tocar y hacer arreglos para Dizzy Gillespie, escribió la música de más de cien películas, compone música sinfónica y de cámara y ahora tiene la batuta en los megaconciertos que ofrecen por el mundo los tres tenores, se lo toma con buen humor y agradecimiento. "Para mí es algo positivo -suele decir-; es como el "O sole mio" para Luciano Pavarotti. Si lo conocen por eso no creo que él se queje."
De hecho, Schifrin ofrecerá hoy, a las 21, un concierto con entrada libre y gratuita, solamente con música de películas, a las 21, en el cierre del ciclo "Música junto al mar", que organiza la Subsecretaria de Cultura de la provincia de Buenos Aires. Se trata de un espectáculo que, según le dijo a La Nación , sirve de puerta de entrada hacia la música sinfónica.
"Refuerzos de lujo"
En el escenario montado en la Rambla del casino marplatense, Schifrin, junto a una agrupación integrada por la Camerata Juvenil Bonaerense y la Orquesta Sinfónica de General Pueyrredón, hará escuchar los temas de colegas, como Nino Rota, Joplin, Teodorakis o Williams, que son la marca sonora de las películas "El padrino", "El golpe", la saga de "James Bond", "Zorba el Griego" y "La Guerra de las Galaxias". También dirigirá los que él escribió para "Bullit", "El Zorro" y -obviamente- "Misión Imposible", en su versión original. Como "refuerzos de lujo", Schifrin convocó al baterista Eduardo Casalla, el bajista Alfredo Remus y Fats Fernández, que estará sentado como líder de la fila de trompetas.
Después de disfrutar un asado en el casco de una estancia ubicada a 30 kilómetros de Mar del Plata, un Schifrin distendido y de permanente buen humor asegura que el concierto de esta noche es la versión instrumental de lo que hacen los tres tenores. "Ellos fueron muy criticados por haber hecho una especie de música más ligera, conocida y popular para un gran público -recuerda-, pero la ventaja que tiene es que abre las puertas a mucha gente que no conoce de ópera y que terminan abonándose a las temporadas regulares, según me dijeron muchos de los administradores de teatros líricos".
Según Schifrin, sus conciertos con versiones orquestales de temas populares del cine y de la televisión lograron el mismo efecto con las orquestas sinfónicas. "En los Estados Unidos -ejemplifica-, algunas minorías, como la gente de raza negra o los hispanos, le tienen miedo a la música para orquesta. Cuando ven que hay muchas cuerdas piensan que es música de ascensores. Y de golpe les gusta, se abonan a los conciertos y ahora están escuchando a Mahler, Beethoven y Brahms, por ejemplo".
Orgulloso eclecticismo
Lalo Schifrin es un ferviente defensor del eclecticismo en música. Su espectáculo "Jazz Meets The Simphony", la música que escribió para la nueva película de Carlos Saura, "Tango", y su producción sinfónica son la prueba de su vocación por el cruce de estilos y tradiciones. "Hay mucha gente que llama a esto eclecticismo -comenta-, pero para mí no es una palabra peyorativa. Al contrario, estoy muy orgulloso de ser ecléctico".
_¿Cuáles son los límites que define un género como tal y cómo hace para establecer los nexos?
_Primero, soy muy curioso. Luego, esto forma parte del rejuvenecimiento artístico de tomar temas de distintas culturas. Sin pretender compararme con grandes maestros de este siglo, hay ciertas similitudes, por ejemplo, con lo que hizo Igor Stravinsky. El tomó elementos del folklore ruso y también del ragtime y el tango.
Cuando salió el primer disco de la serie "Jazz Meets the Simphony" escribí algo que me parece una buena imagen: hay un mundo imaginario en donde una calle de Viena se cruza con otra, pero de Nueva York. En la esquina hay una taberna que tiene un piano, y alrededor de él están Duke Ellington, Gustav Mahler, Dizzy Gillespie, Ludwig van Beethoven. Y a pesar de que son conscientes de las diferencias, también lo son de lo que tienen en común. Y empiezan a intercambiar ideas, tocan acordes y se interesan por lo que cada uno hace. Luego llegan más músicos y se arma una jam session gigantesca. Esto es Jazz Meets the Simphony".
El signo de la música
La fórmula que Schifrin aplicó al cruce entre la tradición sinfónica y el jazz y para su música en general es para él parte de la tendencia actual. "En esta época el símbolo de la caída del muro de Berlín es el del fin de las etiquetas. Claro, en las disquerías están separados por rubro, pero es un asunto del marketing, para poder vender. No quiero ser profeta _agrega_, pero me parece que éste será el signo de la música del segundo milenio."
_Supongo que los puristas del jazz o de la ópera no estarían de acuerdo con esta idea.
_Eso me pasa cuando hago "Jazz Meets the Simphony". Hay puristas del jazz que me critican, pero, por otro lado, estoy ganando un público mucho mayor. El purismo está bien, pero me parece que no es tiempo para ser snob. El esnobismo me parece que es un arma de defensa, porque se sienten amenazados. El problema es que es muy fácil que nos guste lo conocido, pero lo importante es empezar a conocer lo nuevo.






