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Modelo para armar

A partir de los crónicos problemas del teatro, hay coincidencia en la necesidad de crear una ley de mecenazgo para sostener una estructura cada vez más costosa.
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30 de marzo de 2000  

Desde hace más de diez años, venimos sosteniendo una verdad que, por evidente que sea, no tiene menos interesados en ocultarla: el teatro lírico está atravesando una grave crisis."

La frase, de una actualidad indiscutible, fue escrita por un redactor anónimo de La Nacion el 1º de agosto de 1921.

Y es la mejor prueba de que crisis y ópera son palabras indisolublemente unidas, desde el nacimiento mismo del arte lírico, hace cuatro siglos. Nada hace suponer que este curioso matrimonio se separe próximamente.

Pasan los años, las crisis recurrentes y los apocalípticos anuncios de la muerte del primer género multimedia de la historia, pero la actividad continúa, aun en el vapuleado Teatro Colón.

¿Qué hubo de nuevo en el último conflicto que atravesó el teatro de ópera porteño un par de semanas atrás? El disparador último del conflicto es el dinero. O más bien, la dificultad de conseguirlo. Para seguir adelante con una actividad tan costosa como el cine, pero que no puede conseguir su misma tasa de recuperación, el Colón se enfrenta a la misma situación que los teatros europeos, de los cuales se tomó su modelo de funcionamiento, a principios de la década del 30.

La retirada del Estado

La crisis de la que La Nacion hablaba en la década del 20 se originaba por los problemas que todos los teatros del mundo tenían para financiar la ópera y que se resolvió con la aparición del Estado como principal sostén de la actividad. En el año 2000, con la generalizada retirada del Estado de todas las actividades públicas, incluida la cultura, la ópera se vio obligada a salir a buscar fondos privados y replantear su funcionamiento, con suerte dispar.

Inglaterra, Francia y Alemania cierran cada vez más el grifo que envía dinero fresco a sus teatros. Y en Italia, directamente se cambió el status de sus teatro líricos. Ahora, como fundaciones "de derecho privado" se ven obligadas a conseguir patrocinadores para sobrevivir.

Además, deben cumplir con un cronograma de exigencias para mejorar su ubicación dentro del ranking del FUS, el Fondo Unico para el espectáculo que distribuye los fondos del Estado.

Lo cierto es que, salvo La Scala, el tradicional teatro ubicado en la poderosa ciudad de Milán, el resto de las casa de ópera de la península italiana no consiguió todavía apagar su sed de fondos frescos de parte de los empresarios privados.

La falta de un incentivo cierto para los potenciales auspiciantes (en Italia el descuento de impuestos tiene un tope del 30%, mientras que en Estados Unidos puede llegar al 100) es una de las principales dificultades que enfrenta el nuevo sistema.

En Buenos Aires, los equipos de cultura que trabajan con los dos principales candidatos a jefe de gobierno de la ciudad, Aníbal Ibarra y Domingo Cavallo, coinciden en la necesidad de crear una ley que, desgravaciones mediante, permita al Colón conseguir fondos para sostener su temporada. El financiamiento mixto parece ser un objetivo común y dentro de un marco realista. Como señala Jorge Telerman, encargado del equipo de cultura del candidato de la Alianza, Aníbal Ibarra, "la ópera no puede autofinanciarse, es de por sí deficitaria, y por eso necesita del apoyo del Estado".

La búsqueda de sponsors fue iniciada durante la gestión de Kive Staiff y luego ampliada en la de Luis Ovsejevich, pero no es el único punto por resolver.

Todavía está pendiente la redacción de una reglamentación de trabajo para los más de 1200 trabajadores del Colón, ya que el más reciente -realizado durante la última dictadura militar- ya no se toma en cuenta y el Colón se rige por "usos y costumbres", un eufemismo que impide planificar las actividades con seriedad. En este punto, el Colón se debe a sí mismo recuperar como mínimo el nivel de producción que ya tuvo en la década del 60, cuando se presentaban 15 títulos en vez de los diez actuales.

Telerman, ex embajador en Cuba y uno de los dueños de La Trastienda, se reúne tres veces por semana con un equipo que integra a grupos de origen radical, frepasista y también de la acción cultural porteña independiente. Se negó a dar nombres para una hipotética conducción del Teatro Colón, pero sí planteó algunas premisas básicas.

Además de la ley de mecenazgo, su principal apuesta es "revolucionar el manejo del management del teatro". Telerman se encontró también con los delegados de los trabajadores y con personas que cumplieron funciones en la dirección del Colón con el propósito, según explicó, de hallar la fórmula para mejorar el rendimiento del teatro que, a su juicio, debería incluir acuerdos de coproducción con otros teatros líricos de la región.

En el comité de campaña de Cavallo-Beliz, el empresario Luis Ovsejevich es la cabeza visible del área de cultura. El presidente de la Fundación Konex y ex director general del Colón le arrimó al candidato de Encuentro por la Ciudad una serie de propuestas, entre las que se incluyen la idea de construir el auditorio de la ciudad y hacer un festival de música "como el de Salzburgo", según explicó a La Nación . Para el Colón, Ovsejevich plantea la necesidad de una ley de mecenazgo y "aumentar la producción del teatro".

Cualquiera que sea el resultado de las próximas elecciones para jefe de gobierno porteño, lo cierto es que para el área de cultura el Colón será un hueso duro de roer. En cuatro años ya pasaron tres directores y el actual, Juan Carlos Montero, todavía está cerrando los frentes de conflicto con los trabajadores.

Y lo cierto es que, más allá de la obsesión por los números, todavía falta una discusión seria sobre los objetivos artísticos para un teatro como éste, algo que, como señaló Ricardo Szwarcer, ex director del Colón y de la Opera de Lille en un artículo de la revista Clásica, está siendo relegado en todo el mundo: "Los teatros de ópera han perdido su dirección, envueltos como están en resolver gravísimos problemas de orden político, presupuestario, de rentabilidad, laborales y burocráticos".

Mercosur

El panorama lírico en el Mercosur es irregular. En Brasil, los teatros, directamente, no tienen una temporada regular. En Uruguay la actividad del Sodre continúa, aunque con intermitencias. Es en Santiago, Chile, donde se consiguió la mejor relación entre costo y capacidad de producción. La ópera chilena exporta habitualmente sus producciones a varios países de América latina, incluido el Teatro Colón de Buenos Aires.

Las claves

Financiamiento: los recientes conflictos que afectaron la actividad del Teatro Colón se explican, en última instancia, por las dificultades para conseguir fondos que son difíciles de recuperar.

Tendencia: en el año 2000, con la retirada del Estado de varias actividades, entre ellas la cultura, las casas de ópera, sobre todo en Europa, comenzaron a buscar fondos privados para su funcionamiento.

Estrategias: los equipos de cultura que trabajan con la Alianza y Encuentro por la Ciudad coinciden en crear una ley para conseguir fondos, por medio de desgravaciones, y destinarlos al Teatro Colón.

Riesgos: este procedimiento, que se aplicó en varios países europeos, sólo tuvo resultados satisfactorios en ciudades poderosas o que disfrutan en la actualidad de una bonanza económica. Lo que explica el renacimiento lírico de Madrid y la exitosa experiencia con apoyo privado en La Scala, de Milán.

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