
Monstruos de la laguna
El verano los encontrará juntos de nuevo en Punta del Este para recrear un estilo que hizo historia en el humor argentino .
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Después de 25 años donde cada uno hizo su camino, Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle vuelven a compartir escenario.
Será desde el 3 de enero, en la bella casa del cómico uruguayo, en Laguna del Sauce. Hacia allí viajó un enviado especial de La Nación y compartió con los divos una extensa y jugosísima jornada, que comprendió el backstage de la filmación de un corto promocional y el recorrido por toda una época que ya parece distante y en la que se dio un fenómeno único e irrepetible, el del café concert, toda una era dorada del espectáculo nacional.
La leyenda cuenta que ellos terminaron enojadísimos antes de saltar, cada uno por las suyas, hacia círculos de mayor masividad: teatros del circuito comercial, revistas y shows de music hall, comedias musicales y televisión, altos y bajos.
No niegan que ese folklore existe y que también pesará en la repercusión del espectáculo, pero tampoco se lo toman con tanta gravedad como para no disfrutar de volver a trabajar juntos.
"No fue una pelea de pelearse, sino que cada uno tenía ganas de hacer cosas distintas", concluirán luego de exponer en detalle el largo proceso que culminó con la separación del dúo y en el cual tuvo parte central un accidentado viaje a España. En medio del paisaje edénico de Laguna del Sauce, Gasalla yPerciavalle quizá se estén poniendo en paz con una parte fundamental de sus vidas.
Gasalla y Perciavalle ahora unifican sus reinos
PUNTADEL ESTE.- Tras las edificaciones independientes que componen la casa de Carlos Perciavalle en Laguna del Sauce brota un resplandor que sale al encuentro de las visita. Es Carlos Perciavalle con brillos de rey y corona. Al lado pasa Mamá Cora. Avanza raro, un poco fuera de tiempo, porque camina firme y apurada, como Antonio Gasalla en la vida. Huye del sol del mediodía que le da una fotofobia que le da alergia que le da tos.
Cuando regresa, de frac y zapatillas, ya Carlos se había extendido sobre una elección. "Después del accidente, me vine a vivir acá, me relajé, dejé las pastillas y la cocaína. Internet, cable, computadora: todo eso te acerca la ciudad a la naturaleza", alecciona, acomodándose la corona. En dos o tres repeticiones saldrá la toma satisfactoria para el corto promocional que anunciará la vuelta al trabajo conjunto después de 25 años en los que cada uno hizo su vida. Será desde el 3 de enero, en casa de Carlos.
Gasalla cree que no hay que buscarle tantas vueltas. "Estas cosas aparecen en la vida de un actor de una manera más cotidiana. No es que decís: "Uy, ahora es la hora del reencuentro". Después de que dije sí a la oferta de los productores, me di cuenta de que se iba a armar esta bola."
"El tiene razón, Antonio. Uno no es consciente de lo que producimos. Trabajar con Antonio me da placer, al público también. Y uno está en un momento de la vida en que no puede no dar cosas positivas", apura Carlos en su conocido plan burbujeante.
Antonio insiste en que es un proyecto más, en que hay que ponerse a laburar, hacerlo y punto. Pero zanja con un subrayado agudo, de un humor negro que no se desentiende de la practicidad y propio de quien sabe el valor de tener las cosas en paz con la vida mientras haya tiempo: "Yo pensé simplemente: si no nos juntamos ahora, no nos vamos a juntar nunca más, porque después ya no vamos a entender ni quién es uno ni quién es otro. Hay un momento también para estos reencuentros, porque después uno ya da lástima".
¿Pero qué van a hacer en este show que aún no tiene título y probablemente nunca lo tendrá? Antes de contestar, se miran. "Sabemos algunas cosas y otras, no tanto -dice Antonio-. La idea es retomar un poco aquella especie de crónica de la realidad. Pero la cosa tampoco será hablar de lo que pasó en estos 25 años, porque sería demasiado largo, como una ópera de Wagner." "Y yo ya no me acuerdo de tanto", dice en chiste Carlos.
Buenos Aires era una fiesta, clima de transgresión (de cuando había barreras a las cuales transgredir), desparpajo para nombrar lo hasta ese entonces innombrable (en los rubros sexualidad, política, farándula y comportamientos sociales). Estos maduros caballeros de hoy recuerdan así aquellos tiempos en los cuales su solo modo de vestirse ya llamaba la atención: todavía no era fácil salir a la calle con musculosa y jean pata de elefante, subidos a un par de zuecos y peinados a lo mota carancho (Perciavalle dixit).
Se acabó lo que se daba
Para Antonio, tampoco es cuestión de entregarse a la nostalgia ni a la idealización del pasado. "Había más ingenuidad, pero también éramos bastante tarados en muchas cosas. Ahora está como de moda hablar mal de la globalización. A mí me parece bastante interesante esto de andar enterado al momento. Los proyectos de la sociedad entera son más cortos. Porque, ¿qué vino después de la fiesta? La bomba atómica, la carrera nuclear, el SIDA y no sé qué. Entonces, ahora uno tiene los límites acá", y su mano frena sólo al encontrarse con la cara.
"Cuando murió Lady Di, Amalita (Fortabat) me dijo: "¿Te das cuenta? Hasta me puedo morir yo". Te juro", ejemplifica Perciavalle.
Gasalla compara épocas. "Cuando Susana Rlnaldi empezó, hubo gente autorizada que le anticipó una buena carrera. Hoy en día, de nadie se está diciendo eso. También porque todo entra por la televisión. Fijate Natalia Oreiro: es la chica del año, la chica éxito, qué sé yo. Pero si no le cuidan los teleteatros que va a hacer de aquí a dos años, termina en cualquiera. Nosotros nos formábamos en el teatro: respetar el horario y al director, aunque no te gustara. Todo eso cambió. Y no es ni malo ni bueno: es la realidad."
Los de su generación andan cada uno en lo suyo. También tienen proyectos: Pinti estrena revista en el Maipo, Nacha hará teleteatro con Gustavo Bermúdez, Edda Díaz prepara una obra para el verano en el Andamio y Les Luthiers harán febrero en Mar del Plata.
De ayer a hoy
Hacer una comparación entre aquello que como jóvenes aspiraban a ser y lo que hoy realmente son, supone un nivel de generalización que los supera a los dos. "Me considero un sobreviviente, un hombre que ha tenido mucha suerte, aun en la desgracia. El accidente fue una cosa maravillosa, me cambió la vida. Un golpe en la cabeza de vez en cuando viene brutal. Por naturaleza soy un hombre positivo. Cuando era jovencito quería ser famoso, triunfar en la televisión y en el teatro. Mi carrera se fue desarrollando como en una fantasía de Hollywood. Hasta los golpes", desenrolla Carlos su película.
De todos ellos, Antonio fue el único que terminó estabilizándose en la selva de la TV. "Será que a la gente le gusta lo que hago. No hay otra vuelta. Ya hace diez años que estoy, si me lo hubieran dicho en aquel momento... ºLas veces que antes había rechazado ofrecimientos! Que tenía miedo de esto, de lo otro, que no sabía de cámaras. Porque también hay que aprender: me fui a Nueva York y me compré esos libritos bien baratos onda Cómo ganar amigos. Bueno: ellos también tienen Cómo hacer un guión, Cómo hacer televisión. Y aunque parezca mentira, dicen exactamente lo que hay que hacer. Yo no sabía escribir un guión y aprendí así. Y si no sabés de luz, también vas muerto." Dice que todavía tiene que seguir aprendiendo, y mucho, sobre cine, al que vuelve con "El condenado", la historia de un señor casado (la esposa la hará Carmen Maura) que contrae SIDA, "algo que despierta una cosa justiciera dentro de él".
"¿Y a mí no me preguntás cuáles son mis próximos proyectos? Hacer "Sólo 80", con Keanu Reeves", se adelanta Carlos, reservándose así el último chiste frente al grabador.
Medida por medida
PUNTADELESTE.- Cinco horas con Gasalla y Perciavalle (incluyendo sesión de fotos, tramo frente al grabador, bambalina de la filmación del corto promocional, relajado almuerzo con el grupo más íntimo, larguísima sobremesa y trato muy relajado entre ellos) permiten apuntar rasgos singulares, al correr de la pura observación.
A Carlos le alcanza con saber que los cronistas son mono y gallo, respectivamente, para augurar entendimiento inmediato. Dice brutal del mismo modo y con la misma frecuencia en la vida que en el escenario. Subraya el acento al pronunciar giros en inglés. Se acuerda con precisión de nombres de teatros, recorridos o fechas, y menos ordenadamente de la secuencia que los llevó a la separación laboral. Contesta al toque. A veces habla muy rapidito y una palabra se encima con la otra, con intermitentes infiltraciones de chinazorrismos al pronunciar. Tiene una data impresionante de chistes y le salen con toques muy puestos.
A Antonio le alcanza con tomarse su tiempo para hacer contacto y no participa cuando se habla de horóscopos. No usa ninguno de los latiguillos consagrados por sus personajes ("atrás", "forros" "ídolas", "¿qué está pasando?"). Y cuando usa "no sé qué" para hacerla corta, igual siempre se le entiende de qué está hablando. Se le pueden escapar nombres de teatros u obras, pero es muy preciso para explicar los procesos, personales o de cuando eran dúo. Tiene su ritmo para contestar: habla despacio, a veces se le cuela alguna modulación de sus personajes y escucha con mucha atención, la misma que muestra cuando hace preguntas o comentarlos en sus programas. Tiene una rapidez impresionante para salirle al toro de lo imprevisto o para zanjar diferencias.




