
Mujeres del folklore
Cuatro intérpretes en los senderos de la expresión popular
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Como si fuera la primera coplera sobre la tierra, la voz de Verónica Condomí evoca un poema de María Elena Walsh para fijar la posición de las cantoras de este tiempo: "Vengo a decirles que en los rincones más recónditos del planeta están cantando las mujeres con voz de pueblo escarmentado y se supone que vociferan para morir un poco menos".
Melania Pérez, Mónica Abraham y María de los Angeles Ledesma se identifican con las palabras de Condomí. Las cuatro pertenecen a esa raza de cantoras de raíz folklórica que, con diversas propuestas, distintas edades y mayor presencia en los escenarios o las bateas de las disquerías rompen con la dicotomía del folklore viejo o joven y bucean en un repertorio con calidad musical y poética.
Verónica Condomí nació en un familia de músicos y canta desde los 7 años, cuando empezó a estudiar en el Colón. Con el tiempo fue una de las voces principales de MPA (Músicos Populares Argentinos), que generó una revolución cuando apareció, a mediados de los ochenta. "Siento que tengo la misión de cantar no sólo por mí, sino porque mi viejo era un cantor y compositor argentino -afirma Condomí-. Y sé que si yo no canto lo que él cantaba nadie más lo va a hacer. Tengo 39 años, que es la edad a la que murió mi papá (desaparecido durante la dictadura), por eso es que su destino y el mío van entroncados en el canto".
Mónica Abraham es mendocina, pero vive en el Gran Buenos Aires desde hace más de una década y circula como una de las cantantes de culto entre los músicos. Tiene 37 años y una decena de participaciones en discos de otros, pero todavía no logró grabar su primer trabajo. "Yo vengo de esa generación de los 60 donde el folklore tenía una importancia muy grande. Nosotros mamamos todo eso y Melania fue una de nuestras maestras -elogia la cantante-. Por eso, durante años canté a los maestros del cancionero popular, que son un bálsamo. Pero me interesa proyectarme con poesías y melodías nuevas."
Melania Pérez es salteñísima en su modo de ser y en su tonada. Y se convirtió en una de las últimas revelaciones de la música popular por su natural forma de cantar vidalas y zambas, a pesar de pertenecer a la histórica formación de Las Voces Blancas. Su primer disco solista "Luz del aire", revelador para muchos, le permitirá actuar por primera vez en una sala teatral de su provincia. Aunque aclara que nunca es tarde. "Yo simplemente entrego lo mío y el tiempo dirá, pero me considero una mujer joven. Por eso no estoy de acuerdo con las divisiones que inventaron entre el folklore joven o el folklore viejo, ésa es una burrada. Me ofende como provinciana, porque el niño en el interior recibe el bagaje cultural de sus mayores. Y ellos en ningún momento están en esta postura enfrentada", afirma.
Junto al grupo Cosecha de Agosto, María de los Angeles Ledesma es creadora de la Eulogia Peña, uno de los espacios vitales del folklore en la Capital. A los 24 años, pero una larga historia como solista, esta artista de Venado Tuerto traza un panorama de las cantoras en la actualidad: "Hay muchas cantantes que vienen haciendo cosas muy buenas, pero que no tienen el espacio que se merecen. Cuando hicimos hace un mes el encuentro Músicas de Provincia se pudo escuchar a muy buenas intérpretes, como Claudia Pirán o María Susana Escribano, que tienen poca difusión. Y dentro de todo ese movimiento me ubico como una trabajadora más, diciendo cosas comprometidas con lo que soy y con lo que vive mi país".
-¿Cuál es el espacio que tienen dentro del circuito más comercial?
Abraham: - Yo todavía no lo he probado. Grabé con distintas personas pero no tengo disco propio. Tuve algunos ofrecimientos, pero no me gustaron las condiciones. Cuando Dios quiera voy a grabar, y con mis posibilidades.
Condomí : -Yo tengo un disco grabado y terminado en mi casa hace un año. A mis amigos les encanta -dice con ironía-. Al menos pude sacar de mi cuerpo esas canciones. Eso es mi testimonio. Si se conoce, no depende de mí. Por lo pronto me pone contenta haberlo grabado.
Ledesma: -Con Cosecha de Agosto grabamos "Miradas" y los editamos a través de unos amigos de la Peña del Colorado sin ningún tipo de condiciones. Lo trabajamos nosotros, a pie, golpeando las puertas de disquerías o distribuyéndolo gracias a los amigos que viven en distintas partes del país. A Mendoza llegó por la Red Argentina de Músicos Independientes. En otras provincias hay músicos que se ocupan de nuestro CD. Y nosotros de los suyos acá.
Pérez: -En 1998 yo estaba anímicamente muy mal y gente muy famosa me hizo un ofrecimiento de corazón. Han querido ayudarme, pero la propuesta me condicionaba a un repertorio comercial. Casi cruzo el charco, pero no lo hice. Lo importante es andar haciendo cosas que tienen que ver con uno. Yo tengo un concepto del éxito: si bien el éxito es el de aquel que llena estadios, para mí también tiene éxito quien perdura en el tiempo y se convierte en un clásico.
-Hoy muchas cantantes parecen buscar más en un repertorio menos trillado y les están perdiendo el miedo a las nuevas composiciones.
Abraham: -Me he pasado la vida cantando la obra de gente conocida. Esa es mi fuente, yo me agarro de eso. Pero para evolucionar trabajo con músicos como Jorge Giuliano y Jorge Marziali, y autores nuevos como Alicia Crest y Nacho Wisky (letristas urbanos) y Diego Holzer, que es bien de la tierra. Yo soy una mezcla de eso, del interior y la ciudad.
Ledesma: -A mí me conmueve la música pampeana, quizá porque vengo de ahí. Viví su paisaje y dentro de mi repertorio hay milongas y huellas. Con el grupo indagamos sobre lo más antiguo, pero a la vez incorporamos composiciones de Jorge Giuliano y Crest, que para mí son tan grandes como el Cuchi Leguizamón. Dentro de algunos años ellos serán referentes. Escuchar en una peña de Cosquín que cinco grupos cantan la "Vidala del sol" (de Crest y Giuliano) la misma noche, significa que con ellos pasa algo.
Melania define su idea a partir de una frase. "Hay autores que componen en serio y otros que componen en serie". Y con esto se refiere a que en el proceso de creación masiva quedan relegadas obras "importantísimas". Por eso hay que bucear bastante en el folklore de recopilación o rescatar piezas antiguas y valiosas, casi desconocidas.
Madurez interior
La cantante salteña, a quien le gusta bucear en la herencia de los grandes (olvidados), agrega: "Me gusta cantar vidalas, entre otros ritmos que no son muy interpretados. Me nace naturalmente porque lo vienen haciendo mis mayores. Sin embargo, para llevarlo a mi repertorio, primero tengo que madurarlo bastante".
Condomí está entusiasmada con sus propias canciones aunque también admite que la muestran mucho más "desnuda ante los demás". También quiere rescatar los temas de sus padres y "obras invalorables" de autores que quedaron en el olvido. "Además, creo que con los años logré depurar todas mis experiencias y ahora volví a la caja y a la guitarra, y a una sencillez para cantar", dice.
Ledesma está preocupada por rearmar un tejido musical disuelto en los 70. "Sabemos que lo de los 60 no se va a repetir, porque la dictadura silenció a toda la gente que decía algo. Pero muchos se quedaron con ganas de expresarse. Ahora se está perdiendo el miedo a cantarle a la tierra". Las cuatro cantoras son apenas una muestra de la oferta de voces y de un crisol musical que aportan estas mujeres argentinas y que Mónica Abraham define a su manera: "La acción creadora crece geométricamente. Hay personas que se dedican a cantar lo que componen, otras que rescatan lo que está guardado en los cajones y otras que buscan lo nuevo. Somos distintas. Por eso Dios cuenta hasta uno cuando nos hace. Y es bueno que sea de esa manera".
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