
Murió el tenor Gianni Raimondi
El cantante compartió el escenario con Maria Callas, en Anna Bolena, de Donizetti
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El tenor que falleció el domingo en su residencia de Bolonia, fue una figura muy estimada en varias ciudades de Italia a partir de su debut de 1947 en Budrio, encarnando al Duque en Rigoletto de Verdi. Mas tarde, cuando su carrera ya atesoraba éxitos en Bologna, Niza, Marsella, Paris y Londres, debutó en La Scala de Milán en 1956 con un acontecimiento trascendente, Alfredo en La Traviata junto a Maria Callas, con dirección de Carlo Maria Giulini, el episodio que provocó que ambos fueran la pareja central en Anna Bolena de Donizetti, en las temporadas de 1957 y 1958 del mismo escenario.
Fuera del teatro milanés Raimondi y Callas sólo cantaron dos funciones de Lucia di Lammermoor de Donizetti en la ciudad de Dallas en 1959, en tanto que el Teatro Colón de Buenos Aires lo había contratado ese mismo año para dos títulos en 1961 ?se cumplió la necesidad de preparar temporadas con uno y dos años de anticipación, si se pretendía calidad artística? , Rigoletto , de Verdi e I Puritani , de Bellini, junto a la soprano turca Leyla Gencer y barítono español Manuel Ausensi.
Frente a su éxito y a las condiciones vocales, tenor lírico de enorme facilidad en la zona aguda del registro, se lo aseguró para dos nuevas oportunidades en las que formó parte del elenco de Tosca junto a Regine Crespin (1961) y de Guillermo Tell , último título del Cisne de Pésaro que solo se podía ofrecer gracias a sus dotes en 1966, después de treinta y tres años de ausencia, compartiendo el cartel con un elenco que incluyó a Raina Kabaivanska, Gabriel Bacquier, Vladimiro Ganzarolli y William Wilderman con la batuta del eminente Fernando Previtali.
La última visita a nuestro país de Gianni Raimondi se produjo en 1970 con un nuevo acontecimiento artístico de gran significación como fue la puesta de la tragedia lírica Anna Bolena de Donizetti, titulo que se había representado en el Siglo XIX (1854) en el Teatro Argentino de nuestra capital. La batuta del experimentado y prestigioso Oliviero de Fabritiis puesta de una gran artista como Margarita Wallmann sobre escenografía de Nicolás Benoit (otra figura refulgente) y un elenco de cantantes conformado por la soprano argentina de familia griega Elena Suliotis, la destacada mezzoitaliana Fiorenza Cossotto y el bajo Ivo Vinco en los principales personajes.
Pero más allá de la formidable carrera del tenor boloñés, que formara pareja con Callas o sus actuaciones en Buenos Aires, queda el recuerdo de un hombre sencillo, artista de verdad, siempre temeroso de haber cometido algún error, pero de gran temple para entregarse con pasión a su profesión con honestidad y sin dobleces, de ahí que fuera admirado y requerido, desde Viena a Londres, del Metropolitan de Nueva York al Teatro Colón de Buenos Aires, por las más exigentes batutas de su tiempo como Giulini, Gavazzeni, Previtali, Karajan, Prêtre, Abbado, méritos que justifican el haber merecido el Premio Caruso en 1990, galardón que solo han obtenido grandes de la lírica; Renata Tebaldi, Mario Del Mónaco y Alfredo Kraus.




