
Murió Jorge Villalba, actor de trayectoria larga y fértil
Hizo mucho cine y teatro, y vivía en San Martín de los Andes
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Su recia estampa y su voz honda hicieron de Jorge Villalba, que falleció a los 74 años en San Martín de los Andes, donde residía, uno de esos actores emblemáticos para personajes de guapo, de villano y, ocasionalmente, de cálido componedor de problemas cotidianos que él dirimía con su sonrisa de hombre sabio y tolerante.
En raras oportunidades Villalba encabezó elencos teatrales o cinematográficos. Y no fue, precisamente, por su carencia de talento interpretativo, sino porque prefería asumir las responsabilidades de acompañar a los grandes actores y dejarse conducir por los más inteligentes directores en esos papeles de segunda línea a los que él otorgaba su sello distintivo.
Había nacido como Jorge Ramón Villalba en 1927 y, desde adolescente, se sintió atraído por el escenario. Inició su trayectoria cuando el teatro independiente convocaba a grandes auditorios en diversas obras de autores clásicos y contemporáneos, hasta que su éxito de aquellos años le llegó a través de su actuación en la pieza "Un viejo olor a almendras amargas", de Abel Mateo, acompañado por Eduardo Bergara Leumann.
Ya entrado en el circuito profesional, Villalba fue dirigido por Marcelo Lavalle en "La zorra y las uvas" y "Las brujas de Salem"; por Santánngelo en "El reñidero", en la versión ofrecida en 1980, acompañado por Alberto Segado, y por Miguel Bebán en "Hamlet", donde interpretó el personaje de Leartes.
Apostar al cine
El cine no aprovechó su fuerte máscara y su personalidad en "Pobres habrá siempre", "Detrás de un largo muro"; las dos versiones de "Un guapo del 900"; "Juan Manuel de Rosas" y "Mi hijo Ceferino Namuncurá".
En su larga filmografía fue dirigido por Carlos Borcosque, Lucas Demare, Leopoldo Torre Nilsson, Lautaro Murúa y Manuel Antín, y sus dos mayores aportes a la pantalla nacional fueron "Juan Moreira", de Leonardo Favio, donde interpretó a Julián Andrade, y en "La Patagonia rebelde", de Héctor Olivera, en la que encarnó al gaucho Cuello.
El teatro continuaba, sin embargo, dándole enormes satisfacciones a través de "La araña y la mosca", de Jorge Blanco; "Rebelión en las Malvinas", de Manuel Ferradás Campos; "Buen día, monsieur Gauguin", de Héctor Schujman, y "Julio Riestra ha muerto", de María Luisa Levinson, entre otros títulos. En 1985, y dentro del Festival Nacional de Teatro, que se desarrolló en el Cervantes, dirigió "Pioneros", de Hugo Luis Saccocia.
En 1981 se radicó en San Martín de los Andes y en 1995 reapareció en el film "La nave de los locos", de Ricardo Wullicher y en el teleteatro "Alen, luz de luna". El año pasado fue galardonado por el Instituto Nacional de Teatro por su sobresaliente trayectoria artística.
Desde su radicación en la Patagonia desarrolló una intensa actividad cultural en distintos puntos del sur argentino -inauguró una sala teatral, organizó ciclos de cine nacional- y dio a conocer, a través de numerosos elencos, importantes obras para la escena. Su nobleza, su cálida bondad y su empeño puesto al servicio del arte le brindaron innumerables amigos que hoy lamentan su fallecimiento.




