Murió Juan Ramón: el exitoso artista popular que luchó contra el mote de "mufa" y las malformaciones físicas

Juan "Corazón" Ramón murió a los 80 años
Juan "Corazón" Ramón murió a los 80 años Crédito: Facebook oficial
Pablo Mascareño
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31 de julio de 2020  • 02:14

La muerte del cantante Juan Ramón enluta al mundo del espectáculo y entristece a los fans de un artista popular y sin prejuicio por serlo. Este 30 de julio, a los 80 años, luego de luchar contra una salud debilitada, murió en compañía de Isabel, su segunda esposa, a quien había conocido en su estadía de siete años en Perú.

El artista padecía una gastritis crónica y un notorio proceso de deshidratación que se vieron acelerados en las últimas horas. Aunque no se emitió un comunicado oficial, trascendió que una neumonía habría precipitado su muerte en pocas horas.

"Últimamente, casi no podía hablar. Comenzó con una disfonía, luego se agravó su respiración y, en los últimos meses, eludía el teléfono. Su capacidad pulmonar era un espanto", explica a LA NACION el reconocido locutor e historiador musical Hernán Rapela, quien fue uno de los grandes amigos del cantante. "Juan Ramón fue una gran persona, un luchador de este medio", define a modo de recuerdo el periodista y locutor Miguel Core, gran conocedor y obsesivo difusor de la música popular en sus espacios radiales.

Amigo de sus amigos, de perfil bajo Juan Ramón conservó una conducta intachable y jamás se apartó de sus intereses artísticos. En los ´60 y ´70 vivió su momento de mayor trascendencia, cuando su perfil se hizo realmente conocido. No buscaba otra cosa más que entretener con su música. No renegaba de los géneros masivos que podían ser interpretados en una sala teatral de buena acústica o bajo los tinglados de los clubes de barrio de todo el país. Él supo de todo eso.

Juan Ramón conoció el éxito grande, la trascendencia que le dio aquella televisión que tenía espacio para los cantores y una industria discográfica que difundía a sus artistas con ahínco y los masificaba con aquellos viejos LP, el vinilo y más tarde el disco compacto. Ese era el universo donde desarrolló ese repertorio atravesado por hits como "Cariñito", "Tabaco y ron", o "Macumba", que resuenan en el inconsciente colectivo.

A pesar de estar asociado a lo festivo, su vida estuvo atravesada por grandes dolores. Una malformación en sus pies le impidieron desarrollar una infancia normal. Y, cuando el éxito había golpeado a su puerta, tuvo que convivir con un irrisorio y espantoso mote vinculado a la mala suerte que él mismo desenmascaró en un programa de televisión.

Una larga historia

Nació como Ellery Guy Rech, un 13 de enero de 1940 en Cañada de Gómez, Santa Fe. Hijo de un italiano y una argentina, desde chico supo que lo suyo sería cantar. Aquella vocación lo llevó a coleccionar los discos de sus artistas favoritos, con una clara influencia de los gustos de su padre europeo, un ferroviario al que su trabajo lo trasladó hasta la ciudad de Campana cuando su pequeño hijo tenía sólo 13 meses. Allí, en el norte de la provincia de Buenos Aires, la familia se afincó y fue donde Ellery realizó allí sus estudios primarios y secundarios.

Aquellos primeros años lo marcaron para siempre. Tuvo todo el apoyo de su familia y la contención necesaria para sobrellevar una malformación congénita denominada pie bot. Sus pies tenían una forma invertida, los dedos se organizaban hacia atrás y el talón por delante. "La gente creía que era paralítico o que tenía una pierna ortopédica. Pasó buena parte de su infancia con tratamientos quirúrgicos hasta que le acomodaron sus pies, pero nunca quedó bien. Por eso caminaba raro y lucía unas botas extrañas", explica Hernán Rapela.

Eran tiempos en los que no aplicaba el bullying de manera teórica, pero acontecía. De niño y adolescente, Ellery tuvo que sortear la discriminación y hasta las burlas. "Esta condición de pibe recluido hizo que fuera un enorme oyente de radio, sabía todo sobre la época de oro de la radio argentina", reconoce Rapela.

Juan Ramón no se privó de hacer cine. "Nacidos para cantar" fue una producción compartida entre Argentina y México
Juan Ramón no se privó de hacer cine. "Nacidos para cantar" fue una producción compartida entre Argentina y México Crédito: Facebook oficial/ gentileza Daniel Orellano

Aquella pasión iniciática por el canto lo llevó a formar parte de un coro prestigioso en Zárate y a ser la voz de la banda Los Casanovas, donde reemplazó a Billy Cafaro. Sin embargo, cuando terminó su quinto año del bachillerato no se inclinó por su verdadera pasión, sino que se inscribió en la carrera de abogacía. No duró mucho en esos claustros. Lo suyo era otra cosa.

Seguramente, la influencia de la sangre italiana interpeló a esas primeras decisiones como artista. Aquellas interpretaciones estuvieron vinculadas al versionado de letras italianas o francesas. Los éxitos de los ´60 del otro lado del Atlántico sonaban bien acá, con la tonalidad que Juan Ramón les imprimía con estilo propio. Un ADN que fue germinando en esos tiempos y del que nunca se apartó. Su tono de voz fue siempre muy similar, con el correr de las décadas, no había diferencias insalvables en sus interpretaciones, salvo las variables tecnológicas que, a la hora de grabar, aportaban sus matices. "Aline" del francés Christophe fue uno de los primeros temas que formaron parte de su repertorio.

"Desde 1960, logró un éxito tras otro con covers de canciones que habían triunfado en Francia e Italia. Panamá, Colombia, y Perú fueron mercados donde recogió gratificantes resultados, incluso vivió en Panamá y en Perú. A lo largo de su carrera, recorrió diversos ritmos y melodías, sin olvidar el tango, y grabó más de 1300 canciones", enumera Miguel Core.

Esos 1300 registros tuvieron un par inicial que se convirtieron en la llave del éxito: "Recurrió a un viejo estudio de la calle Ayacucho y se costeó la producción, con músicos incluidos, de la grabación de dos canciones: ´Fuiste tu´ y ´Mira qué luna´. Con ese material fue a verlo a Horacio Malvicino, el gran músico que era, además, el gerente artístico del sello Disc Jockey. Cuando se lo cruzó, le obsequió el disco para que pudiera escucharlo y evaluarlo. Pero, con olfato, Malvicino le pidió que cantase ahí mismo para él. En la mitad del tema, lo frena y lo invita a grabar el día siguiente. Así fue como grabó por primera vez de manera profesional", recuerda Rapela. Fue el dueño de esa casa de discos quien bautizó al artista como Juan Ramón. Años después, Don Antonio Barros en su programa de radio crea el apodo "Corazón", que se acoplaría a su nombre.

Siempre en busca de sus deseos, no dudaba no solo en pagar sus producciones, aunque nunca le faltaban casas grabadoras para hacerlo con importantes contratos. Pero la inquietud por lo nuevo siempre lo movilizó a emprender. En un recién inaugurado Hotel Sheraton no dudó en acercarse hasta la flamante torre de Retiro para encontrarse con el productor Roger López, de gran injerencia en el mercado de Centroamérica con su sello Parnaso. El encuentro se desarrolló de manera muy particular: Juan llegó con un Winco y sus discos para que el productor conociese su música ahí mismo. La audacia tuvo premio: López lo contrató. Durante varios años, el cantante se radicó en el exterior, donde también era una estrella reconocida.

Enumerar su extensa y nutrida obra es una tarea titánica. Venecia Sin ti, El máximo, Más y más, A todo ritmo y De amor ya no se muere son solo algunos de los discos que grabó en tantos años de trayectoria. En los ´80, era habitual verlo participar de los programas televisivos de Canal 9 Libertad como Sábados de la Bondad o Domingos para la Juventud. Su repertorio estuvo atravesado por la canción romántica, la balada y el tango, aunque, a partir de 1990, también se atrevió con la música tropical.

Hernán Rapela es el autor del libro Historia de los discos de la Argentina. En el proceso de escritura se encontraba todas las semanas con Mario Kaminsky, responsable del sello Microfón, para producir ese documento insoslayable: "Cuando teníamos una duda, Mario llamaba a alguien que siempre le daba la respuesta correcta. Un día, muy intrigado le pregunté con quién se comunicaba. Me dijo que lo consultaba a Juan Ramón, que sabía todo sobre el mundo de la música", recuerda el locutor.

Juan Ramón llegó a ser el cantante que más vendió en el país y en buena parte de los mercados latinos. Fue quien ganó una de las ediciones del Festival de la Canción en Buenos Aires con "Carta abierta a un hijo". Antes, el trono había estado ocupado por Sandro con "Quiero llenarme de ti". Y un año después que Juan Ramón ganase tal distinción, el podio pasaría a ser ocupado por "Balada para un loco" de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer. "Fue un luchador de su arte, un triunfador a la hora de vender discos, pero sin reconocimiento mediático", lamenta Miguel Core.

Con Isabel, su mujer, no se privaban de viajar por placer. Santiago de Chile era uno de los destinos favoritos de la pareja
Con Isabel, su mujer, no se privaban de viajar por placer. Santiago de Chile era uno de los destinos favoritos de la pareja Crédito: Facebook oficial

Otro dolor

En el ambiente artístico, las cábalas inofensivas suelen ser moneda corriente. Pero también, pululan algunos motes dañinos nacidos en la ignorancia, la envidia, las inseguridades y los arrebatos de venganza.

Emulando al Jettatore, aquella crítica aguda de Gregorio de Laferrere, algunas figuras del mundo del espectáculo son estigmatizadas como causantes de mala suerte. Tal aberración existe. Más de un fanático se horrorizaría al constatar que su actor o cantante favorito debe lidiar con semejante atropello y agravio.

A Juan Ramón le sucedió: "Debió luchar con un estigma que lo acompañó gran parte de su vida, lo tildaban de mufa", explica Miguel Core. Ese mote diezmó su seguidilla de éxitos, al punto tal de tener que abandonar el país ante la falta de contratos. Aunque su carrera internacional fue trascendente, el cantante siempre añoró su tierra natal.

En 2013, fue invitado a un programa de Chiche Gelblung y no dudó en correr el manto de ese secreto a voces tras los bastidores del medio artístico: "En aquellos años ´60 si te querían ofender te decían que eras mufa o maricón", le explicaba a Gelblung. En esa charla, se atribuyó la posibilidad de la creación del estigma a Ben Molar. "Yo me porté mal con Ben Molar", reconoció el cantante ante la mirada de su interlocutor. Lo cierto es que aquella emisión le permitió a Juan Ramón romper con un tema tabú. "Ben Molar traducía los grandes éxitos europeos que Juan grababa, con esa dinámica metían goles. En determinado momento, Juan se va a Europa y cuando regresa lo convoca la RCA Víctor para firmar un contrato. Él arregló sin avisarle a Ben Molar, porque sospechaba sobre algunas diferencias económicas. Se pelearon para toda la vida. Por eso Ben le puso el mote", explica Rapela.

Tuvo dos parejas estables. Una hija, que vive en Estados Unidos, le dio una nieta. En los últimos años, Oscar Navarro, un admirador y mecenas acompañó su carrera y su vida. Navarro lo contrató para que realice un show en su boda y nunca más se separó de él. Vivía modestamente sobre la calle Soler, en el barrio de Palermo.

"Era humilde su persona y humilde sus condiciones. Hablaba de Leo Dan como un prócer. Era rarísimo, no competía con nadie. Estaba empobrecido, completamente limitado", se lamenta Rapela. A los 80 años, Juan Ramón dejó una obra musical nutrida y varias películas en las que despuntó el hobby de la actuación. Ganó fortunas y su nombre brilló en todo un continente. Pero, trágica peripecia del destino, sus últimos años lo fueron opacando. "Su final se podría definir como triste y solitario", reconoce Miguel Core.

Con la partida de Juan Ramón se va un exponente de toda una camada de músicos exitosos que contaron con el favor del público y los prejuicios de las élites.

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