Música y ciencia ficción
BelMondo: la banda de Diego Frenkel presenta su primer disco, hoy y mañana, en el Centro Cultural Recoleta.
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BelMondo tiene más preguntas que respuestas fijas. Y eso los convierte en una banda interesante, más allá de que sus cuatro integrantes tengan una reconocida trayectoria en el rock local. Y que en esa recorrida estén aquí, nuevamente, los mismos que en los ochenta se habían encontrado en otra vuelta del camino, en el grupo Clap. Es esta nueva encarnación la que presentarán hoy y mañana, a las 21, en la capilla del Centro Cultural Recoleta, Junín 1730.
El lenguaje ciber, la ciencia ficción de los setenta, los recitales como encuentros tribales, se mezclan en la conversación. Pero tampoco tienen la pose del erudito, ni pierden el sentido del humor. La entrevista estuvo estrictamente dividida en dos partes: antes y después de comer, en un barcito de la avenida Córdoba. En el antes, Diego Frenkel, Sebastián Schachtel y Ricky Sáenz Paz no dejan de encontrar metáforas culinarias. Así, en el relato de la mezcla en Madrid de "BelMondo", su primer disco, lo más importante pasaron a ser las tortillas españolas, el excelente café, los bares trasnochados y el tabaco.
Claro que también -y lo cuentan mientras llega el café que inaugura la segunda etapa- grabaron percusiones en Río y hubo un técnico británico, elegido por Samalea (cuarto integrante de Bel Mondo), elegido para la mezcla porque la banda se siente más cerca del sonido inglés que del más limpio de los norteamericanos, siempre pendientes de repetir la novedad.
"Tampoco BelMondo tiene una territorialidad definida. Podríamos decir que la banda nació entre Buenos Aires y el suburbio de un planeta lejano", aclara y ataja Frenkel.
La referencia cósmica no es casual. Y está reflejada en letras como "Extranjero" o "La marea". "Yo lo llamaría ciencia ficción poética o psicológica, que no es la de los monstruitos y la obviedad -continúa Frenkel-. Todos fuimos influidos en nuestro crecimiento por la ciencia ficción de los setenta. Todos recordamos cuando vimos "2001, odisea del espacio". Después se nos metió Bowie en la cabeza y los Talking Head, que traían esa mecanicidad rara que anunciaba una sociedad nueva. Esa energía fue suspendida por un tiempo, pero ahora nos sentimos plegados a la tendencia a reconectar con esa mirada".
¿Cómo definir entonces a esta banda que combina viejos sonidos de sintetizadores con texturas de samplers y guitarras distorsionadas? "Trip rock con profundidad de viaje -le gusta decir a Frenkel y arriesga aún más-; creo que esa combinación produce movimientos neuronales concretos. Por un lado, la sonoridad de esa distorsión del viejo rock; por otro, una contundencia muy moderna en la base, muy grave, que te afecta de una manera física. Un doble golpe: al centro de la materia gris y al bajo vientre".
"Para eso trabajamos con sub-lows -agrega Ricky Saénz Paz-, tanto que yo tuve que usar un bajo de cinco cuerdas, con una quinta más grave."
Reseña de un reencuentro
Los músicos que hoy integran BelMondo ya habían tocado juntos en Clap, en el under porteño de mediados de los ochenta. Luego, cada uno tomó su camino. Diego Frenkel formó La Portuaria, junto con Sebastián Schachtel; Ricky Saénz Paz se unió a Los Siete Delfines y Samalea pasó por Fricción, integró la banda de Charly García y los Illya Kuryaki.
Fue Frenkel quien, tras más de diez años, convocó sin rumbo fijo al resto. "Tras la disolución de La Portuaria grabé un disco solista en el que participaron Samalea y Ricky. Para el segundo, comenzamos con Ricky a componer algunos temas juntos, lo mismo que con Sebastián, y llamamos a Samalea para que toque la batería. A los dos días de ensayo, un fenómeno astrológico y meteorológico determinó que la unión de los cuatro superara el proyecto solista. Nos dimos cuenta de que se había gestado una nueva banda".
La marcha demostró que la percepción no había sido equivocada y que, aunque se conocían, era algo nuevo lo que surgía. "Fue extraño -cuenta Ricky-, porque en el momento de volver a tocar juntos, al conectarnos, se desata una energía como adolescente, pero a la vez nos encuentra a todos mucho más claros de hacia dónde queremos ir".
Toda esa energía está concentrada ahora en las presentaciones en la capilla del Centro Cultural Recoleta. "Nos gusta darle un toque teatral y dramático; nos interesa que la música esté plagada de esa imagen visual". Será un buen lugar, por sus dimensiones, para apreciar lo que está banda propone. "Preferimos tocar varias veces en un lugar chico que elegir uno más grande -acota Ricky-. Es una banda de rock con mucho power, pero hay momentos en que juntamos las canciones más simples, momentos en que el show se pone hipersilencioso y requiere mucho de quien escucha. Pasamos de la intimidad absoluta a una explosión eléctrica."
Una apuesta difícil para tiempos de oídos haraganes. Sin embargo, poco a poco, la banda va encontrando su público. Diferente del de los grandes eventos pero que convoca igual al encuentro. "Tenemos algo de encuentro tribal también, pero en todo caso los chamanes son distintos y el ritual es diferente -concluye Frenkel-. Tenemos otros sueños, queremos sobrepasar las barreras de nuestra propia sensibilidad. Queremos vivir de esto, pero no aspiramos al superpoder. Todos pasamos por momentos de mucho más éxito que éste; yo conocí la popularidad masiva y no estoy en absoluto ansioso de que a BelMondo le pase el fenómeno de "Selva".





