5 discos para repasar la vida musical de Yoko Ono

Un vistazo por la discografía de la artista, en el día de la inauguración de su retrospectiva en el Malba
Alejandro Lingenti
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23 de junio de 2016  • 13:35

Hubo, e increíblemente sigue habiendo, muchos prejuicios en torno a la carrera musical de Yoko Ono . Agotado por la insólita resistencia que despertó ya desde el arranque su relación con la artista japonesa, John Lennon escribió "Everybody's Got Something to Hide Except Me and My Monkey", aquella sardónica canción del Álbum Blanco que operó como cruda respuesta a los malévolos ataques de los fans de los Beatles que, sin argumentos demasiado convincentes, atribuían a Yoko todos los problemas que rodeaban al grupo a fines de los 60. Aprovechamos la inauguración de la muestra Yoko Ono: Dream Come True en el Malba para reivindicarla. Aquí van cinco discos provocadores, ambiciosos y plagados de magia y belleza de una artista extraordinaria que cumplió en febrero pasado 83 años, sigue en plena actividad y ya se ganó sobradamente un prestigio que tendría que ayudar a extinguir de una vez por todas la idea de que fue apenas la artífice de una lamentada discordia.

Yoko Ono/Plastic Ono Band (1970)

Uno de sus trabajos más discutidos, a excepción del Wedding Album (1969), que sufrió la ceguera de aquellos que lo examinaron con los parámetros de un disco tradicional, cuando en realidad siempre se trató de un artefacto experimental de corte avant garde (el vinilo original tenía un "tema" por lado: "John & Yoko", una grabación en la que cada integrante de la pareja prueba llamar al otro con diferentes rangos vocales, y "Amsterdam", una serie de entrevistas, conversaciones y sonidos registrados durante la famosa Bed-In post-casamiento, en marzo del '69). Grabado en simultáneo con el que muchos consideran el primer disco solista atendible de Lennon, luego de otros cuatro decididamente conceptuales y trabajados bajo el influjo de las investigaciones de John Cage, se construyó a partir de sesiones de improvisación en las cuales Ono prueba diferentes desarrollos vocales derivados de su dominio del hetai japonés, una técnica utilizada en el teatro kabuki. Fue defenestrado por la inmensa mayoría de la prensa musical de la época, pero apoyado con fervor por Lester Bangs, el visionario crítico que supo ver las virtudes del disco antes que nadie y publicó una reseña muy favorable en la revista Rolling Stone, señalando el valor novedoso de los collages electrónicos de muchos temas del disco y encontrando sagazmente referencias decisivas en los cut-ups de William Burroughs. Con la perspectiva que facilita el paso de los años, se lo puede entender perfectamente en sintonía con las búsquedas de otros artistas que tuvieron que esperar años para que llegara el justo reconocimiento a su estatura de adelantados: The Velvet Underground y Silver Apples, por citar dos casos concluyentes. Hoy es difícil discutir este disco con argumentos sensatos.

Fly (1971)

Cuando apareció en el '71, la crítica publicada por la revista Rolling Stone fue lapidaria: "Admito que tengo prejuicios contra los discos dobles, pero en este caso ni siquiera pude escucharlo completo una vez", dijo Tim Ferris en el inicio de su virulento review. El track que lo indignó definitivamente es el que le da nombre al álbum: a lo largo de 23 minutos, Yoko reproduce con su voz el sonido del vuelo de una mosca a su manera, por momentos francamente inaudible. Pero el disco no es sólo eso. También hay píldoras de krautrock, un género decisivamente influido por las corrientes que siempre capturaron la atención de Ono -el minimalismo, el avant garde, el free jazz-, y pasajes de blues y rock and roll en clave deforme, gracias al particular estilo interpretativo de Yoko, una vanguardista que hizo buenas migas con John Cage, de quien fue discípulo su primer marido, el músico vanguardista Toshi Ichiyanagi. Ah, y hay también algunos invitados de lujo, como Eric Clapton, Ringo Starr y Klaus Voorman. Además de John Lennon, claro. La edición original tenía un ambicioso packaging en formato book que incluía un póster enorme y una postal para comprar con descuento Grapefruit, famoso "libro de instrucciones" y pieza de arte conceptual de Ono.

Season Of Glass (1981)

Primer disco grabado después del asesinato de Lennon. La tapa es por demás elocuente: los lentes de John manchados de sangre junto a un vaso de agua lleno hasta la mitad y, de fondo, una imagen nebulosa del Central Park, la zona del edificio Dakota, donde vivía el matrimonio Ono-Lennon y en cuya entrada se produjo el letal ataque de Mark David Chapman en diciembre de 1980. Todo el disco exuda nostalgia y tristeza, a pesar de que ya desde el track inicial Ono lo plantea como un esforzado ejercicio de superación del trauma. Pero en verdad "Goodbye Sadness" es, más que la afirmación de un estado de aceptación de lo inevitable, la obvia revelación de un obstinado voluntarismo. El nombre de John Lennon no se menciona, pero su presencia se nota en todo el disco (además de que hay un par de guitarras y teclados grabados por él que fueron utilizados en la mezcla final). En "Even When You're Far Away" aparece la voz del pequeño hijo de la pareja, Sean, recordando un precioso relato oral que su papá solía contarle. Para acentuar el dramatismo, Rykodisc relanzó el disco con una versión a capella de otra pieza desgarradora de la edición original, "I Don't Know Why". Producido por Phil Spector, es probablemente uno de los discos más accesibles de Ono, a pesar del tono gris, elegíaco y agriamente confesional con el que Yoko desnuda paranoias sexuales, angustia por la soledad e impotencia por los sueños rotos. En dos de los temas más logrados del álbum, "She Gets Down on Her Knees" y la más difundida (y regrabada más de una vez en el futuro) "Walking On The Thin Ice", Ono consigue equilibrar su habitual inclinación por la experimentación con una sensibilidad pop que desarrollaría con más solvencia unos años después. Para escuchar con un paquete de pañuelos descartables cerca.

It's Alright (I See Rainbows) (1982)

El disco new wave de Yoko y quizás uno de los más brillantes y subvalorados de su carrera. A los 50 años, Ono se acerca desde el vamos a la canción perfecta (Never Say Goodbye, uno de los temas con mayor rotación radial de su extensa carrera) y consigue con el aporte de músicos de la talla de Carlos Alomar y Tony Levin retomar con eficacia y personalidad el post-punk romántico de Ultravox y los paisajes sonoros más espectrales de Kraftwerk. Aunque el mensaje general del álbum está cargado de esperanza, el fantasma de Lennon sigue rondando en algunas letras, pero claramente Yoko ya no habla desde el resentimiento y el dolor -más bien asume con entereza su destino- y por fin la crítica especializada empieza a detectar que es mucho más que "la mujer que provocó la separación de los Beatles". Ono continuaría en esta línea tres años más tarde, con otro disco inmerecidamente aporreado por los prejuiciosos, Starpeace (1985), con el culto y polifacético Bill Lasswell en la producción y el apoyo de una sólida sección rítmica de reggae liderada por los jamaiquinos Sly Dunbar y Robbie Shakespeare, que profundizaron el oblicuo acercamiento al género que aquí esbozaba Wake Up. Incluye Loneliness, segundo corte del disco y uno de los temas más inspirados y conmovedores de su carrera. Notable.

Yes, I'm a Witch (2007)

A los 74 años, Ono convoca a una pléyade de estrellas del universo indie para grabar un disco que, como oportunamente señaló Pitchfork en su reseña, "deja a las claras que lo único malo de Yoko es su reputación", a todas luces injustificada. Le Tigre, The Apples In Stereo, The Polyphonic Spree, Antony Hegarty, Jason Pierce (Spiritualized) y The Flaming Lips se asocian con una artista veterana que sigue conservando su espíritu lúdico y explorador, además de un cáustico humor revelado en la declaración de principios del título del álbum. Que Yoko consiguió dar vuelta la idea de que era una impostora o una arribista sin ningún talento queda patente observando el éxito de su convocatoria para las colaboraciones, que se repitió en la continuación del proyecto, Yes, I'm a Witch Too, editado este año y con al aporte de Sparks, Cibo Matto, Death Cab For Cutie y el DJ Danny Tenaglia, encargado de una nueva versión, ideal para la pista de baile, de un favorito que Yoko nunca deja de revisitar, "Walking On Thin Ice". Incluso en las relecturas más discretas (la más reposada versión de la preciosa "Samantha Death" que canta acompañada por Porcupine Tree no brilla como con la Plastic Ono Band en Approximately Infinite Universe, de 1973), las canciones lucen sólidas como una roca. El disco que sirvió para desterrar la idea de que el repertorio de Ono excede largamente las aventuras vocales difíciles de seguir y que además son capaces, todavía hoy, de generar reinvenciones menos convencionales que sus modelos iniciales. Y para demostrar de manera categórica que su rico catálogo musical es mucho más cálido y desafiante que las mezquinas caricaturas que han propagado sus detractores.

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