
A más de 30 años del histórico MTV Unplugged: la banda de Charly García se reencuentra para revivir un show icónico
Días antes del cumpleaños 75 del astro rockero, el teatro Coliseo recreará aquella famosa presentación que quedó convertida en un álbum
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En 1987 Charly García compró una casona en la calle Fitz Roy y la convirtió en su búnker creativo. Hasta 2005 sus paredes cobijaron ensayos y varias de sus invenciones, incluida la producción del MTV Unplugged que grabó en 1995, cuando ese formato estaba en su mayor auge, como una de las marcas insignia de la famosa señal televisiva de videoclips.
Muchos conocieron ese lugar como La Fábrica; otros, como Fabián “Zorrito” Quintiero prefieren llamarla La Fábrica de sueños porque, de hecho, allí muchas creaciones del señor García se hicieron realidad. Comenzado el nuevo siglo, la casa fue comprada por el artista plástico Omar Lotito y hace un par de años, cuando Matías Capeluto estaba buscando alquilar un espacio para un emprendimiento cultural, se encontró con este lugar con tanta historia. Contactó a García y el astro del rock le dio el okey, siempre que el lugar no se convirtiera en un museo.
Hoy es una sala para shows y desde hace más de un año programa conciertos semanalmente. Al cumplirse, en 2025, los treinta años de Hello! el famoso MTV Unplugged de Charly, desde allí se pusieron en marcha para recrearlo. Los testigos directos, incluso los músicos que participaron de aquella grabación, recuerdan que hubo cierto tironeo entre lo que MTV proponía y la impronta secuenciada y enchufada de la música de García de aquellos años. Pero se resolvió armoniosamente y la prueba está en la grabación de aquel show.
Para recrear aquella grabación se convocó a los músicos que estuvieron en el proyecto. Fabián Quintiero (teclados y bajo), Fernando Samalea (batería) y los hermanos Di Salvo, Erica (violín) y Ulises (violoncello), quienes ya tienen en su haber al menos unos quince shows en La Fábrica, y ahora redoblan la apuesta con un concierto en el Teatro Coliseo, el 19 de octubre, y varias actuaciones en otras ciudades argentinas.
“Son irremplazables”
Por sus problemas de salud, Charly está alejado de los escenarios y una de las artistas fundamentales de aquel histórico y bello show, María Gabriela Epumer, murió hace más de dos décadas. “Son irremplazables —dice Fernando Salamea, durante una pausa de los ensayos que realiza el grupo, de cara al show del Coliseo—. Creo que lo lindo del unplugged fue que representaba a una juventud de habla hispana. Además, es una recopilación de gran parte de la obra de Charly. Muchos chicos y chicas que nacieron en los noventa lo conocieron por esa selección de canciones en formato acústico. Lo lindo de replicarlo en La Fábrica es una invitación a nuevas generaciones para descubrir cosas. O, mejor dicho, para ver en vivo cosas que él hizo en su momento y que nosotros, como músicos y también como fans, admiramos”.
Además del show para televisión, se publicó un disco, con producción de Joe Blaney, antiguo colaborador de García. Y ese disco fue muy valorado. “Es muy querido —apunta el Zorrito—. Los primeros ensayos fueron en la casa de Charly, pero el último tramo se hizo en La Fábrica. Pensamos en recrear el unplugged porque nunca se había hecho en vivo. Pudo haber sido una gran gira, por la difusión que había tenido en tantos países”.
Según Samalea, ese repertorio conectó a García con Serú Girán y con distintos momentos de su etapa solista: “Desde su guante blanco chic de los ochenta, hasta lo surrealista de La hija de la lágrima y con lo que luego aparecería más adelante, su Say No More”.
En este show, las letras y melodías de Charly están en buenas manos porque la cantante convocada es Emme. “Charly decía en broma que era lesbiano y que le salían las canciones para las voces de las chicas”. La banda estable también cuenta con Matías Mango (teclados), Santiago Maurino (guitarra) y Michelle Bliman (saxo y coros). En el show del Coliseo, además, habrá invitados sorpresa. “Probablemente el concierto derive en algo más eléctrico”, completa Samalea.
“Hay mucha gratitud hacia él de nuestra parte y el sueño oculto de acompañarlo si alguna vez decidiese volver a los escenarios. Eso es algo que siempre está latente. Por el momento, hacemos esto con todo el cariño. No intenta reemplazar lo irremplazable, pero tiene una gran producción e intenta llevar al Coliseo, a una escala mayor, lo que venimos haciendo en La Fábrica”, asegura el baterista.
“Se llama La Fábrica porque él la llamó Fábrica de sueños. Volver acá para hacer música en vivo fue el motor para querer hacerlo —dice Quintiero—. Y también nuestras ganas de querer tocar esa obra. Tuvimos el privilegio de grabarla con él. Además, como dice Sama, es para que mucha gente lo disfrute. La ilusión es esa: que siga sonando esta música”.
Erica Di Salvo, quien, junto a su hermano, fue convocada especialmente para ese proyecto y luego fue parte de la banda de García durante los siguientes ocho años, recuerda el momento y reflexiona sobre la importancia de aquel primer trabajo con Charly. “Si uno pensara que aquello iba a tener la trascendencia que tuvo, lo hubiera vivido con un poco más de susto. Porque sabíamos quién era Charly y la magnitud de su obra, pero esto quedó estampado en el alma de mucha gente. Por eso estoy feliz, celebrando la idea del Zorrito de volver a reunirnos”.
Los tres coinciden en que el trabajo previo a la grabación del unplugged fue más organizado que lo que generalmente representaba la aventura de ser parte del equipo de García.
“Fueron dos meses intensos de ensayar hasta cualquier hora, en La Fábrica o en su casa, pero bastante ordenado. Los ensayos eran largos, aunque Charly sabía lo que quería. Desde el principio no quería que le impusieran nada. Todo fue armado bajo su dirección”, recalca Di Salvo.
Samalea lo resume en la idea de varios Charly en uno: “El hippie chic de los setenta, el modernista de los ochenta, el que tomó una pátina surrealista en los noventa. El unplugged llegó en ese tiempo. Y, más allá de una aparente confusión general, fue un show muy plantado. Lo lindo es llegar a este momento, décadas después, y tener la chance de poder celebrar aquella situación”.
“En retrospectiva —dice Quintiero—, la particularidad del proyecto es que no fue una idea de Charly. Se lo propuso MTV y en las primeras charlas peleó mucho el concepto porque nunca acostumbró a hacer cosas que no salieran de su cabeza. Nadie le dice a Charly lo que tiene que hacer. El formato era desenchufado, el canal quería el sonido acústico, no el rock and roll. En el inicio fue una pelea. Le puso los puntos a MTV porque el acusticazo ya lo había curtido con Sui Generis. Pero se medió en la situación hasta que entraron los violines. Ahí todo se encaminó. Fuimos a Miami y lo hicimos”.
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