Abel Pintos encontró en River la consagración que aún le faltaba

El solista más popular del país ofreció un muy buen show ante un público fiel y devoto; hoy, segunda función
Cecilia Martínez
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18 de diciembre de 2017  

A Abel Pintos se lo vio exultante. emocionado y muy alineado con su público
A Abel Pintos se lo vio exultante. emocionado y muy alineado con su público Crédito: DIEGO SPIVACOW / AFV

Abel Pintos se convirtió anteanoche en el primer folklorista argentino en llenar el estadio de River Plate, con un show cuyo cierre se aceleró con la tormenta y que tuvo como invitados a León Gieco, Marcela Morelo y el músico colombiano Santiago Cruz.

A pesar de la lluvia final, los 40.000 asistentes disfrutaron de más de dos horas de concierto, que sirvieron para constatar el camino de consagración conquistado por el artista y la religiosidad con la que sus seguidores viven cada uno de los encuentros.

Con la voz impecable y consolidadas cualidades de intérprete, Pintos interpretó un repertorio en el que los temas de su último disco, 11, fueron cantados por el público como himnos y a la par de los que ya tienen figura de clásicos.

Abel Pintos no llegó a River por casualidad: ganador de tres premios Gardel de Oro, lidera las listas de ventas tanto de álbumes como de entradas a conciertos y el techo de su convocatoria no parecería estar cerca. Además, alrededor de su figura nació una gran "familia", su público, que se identifica con sus letras y que destaca su habilidad para la comunión entre el folklore y el pop.

"Sus letras te llegan porque cuentan historias reales". "Representan la simpleza, los sentimientos más profundos". "Para cada momento de tu vida, él tiene una canción". Estas frases son algunas de las opiniones de "su gente" que pudimos recoger antes del concierto y que sirven como muestra de lo que el músico genera en sus seguidores.

Desde distintos puntos del país, este ejército de "cómplices" destaca la cercanía con que el músico se relaciona con ellos, la proximidad que mantiene. En el show de anteanoche (hoy se realizará una segunda función), el cantante no ejerció de estrella de la música, sino de dios. Empezó con tres temas de su nuevo disco -"El adivino", "Pájaro cantor" y "Cómo te extraño"- y rompió en un llanto que inútilmente pudo resistir tras las gafas oscuras. A continuación, exclamó: "Es un regalo maravilloso verlos aquí, sentirlos y ver resumidos 22 años en un segundo. Me hace sentir orgulloso el tipo de relación que hemos construido. A los conciertos viene gente de todas las edades y nos queremos y nos cuidamos como una familia, por eso nos llamamos familia. Hoy les iba a decir que, a lo mejor, en las canciones más introspectivas, podíamos tomar nuestras ubicaciones para que todos puedan disfrutar, pero no tuve que decir nada porque todo está entendido desde hace mucho tiempo. Les agradezco que abrieran su alma y que permitieran la conexión".

Vestido de rojo y plata, el músico continuó con varios temas nuevos. "Oncemil", "Tres" y "Mariposa" sirvieron para que se luciera en gestos y pasos de baile de delicada expresión. Sus sonidos más folklóricos se hicieron presentes luego, en temas como "Sueño dorado" y "Cactus", en los que Pintos volvió a emocionarse. "Hace muchos años, siendo un niño, soñé algo muy parecido a esta noche. De alguna manera, en algún punto, yo ya estuve aquí", contó.

El primer invitado de la noche fue el folklorista Nahuel Pennisi, que antes había oficiado de telonero, y luego Marcela Morelo, quien subió al escenario para cantar "Aventura" junto a Pintos. Bailaron de la mano, se abrazaron y se halagaron mutuamente. Luego llegó "No me olvides" y "Tiempo", canción que contó con otro invitado: Santiago Cruz.

A mitad del concierto, Hernán Piquín y su pareja de baile irrumpieron en escena para desplegar su danza en una introducción a "El mar", tema en el que Abel Pintos apareció al otro lado del estadio, sobre una plataforma que permitió que el resto de su "familia", la que estaba más lejos del escenario, pudiese por unos minutos estar más cerca de su ídolo. "Fue bueno verlos de cerca", comentó, antes de pedir a los presentes que bailaran con él "Todo está en vos" y "Aquí te espero".

"Tu voz" comenzó en formato acústico y, por instantes, un silencio se abrió paso en el Monumental, similar al que se respira en el estadio cuando hay tensión con el balón. Comenzó a llover espuma en las primeras filas, Pintos se retiró y volvió, de negro, con sombrero y con un invitado de lujo: León Gieco, "el papá de todos", gritó. Juntos cantaron "Pensar en nada" y, por momentos, la voz de Pintos se fusionó con la armónica de Gieco, quien vistió remera negra con un lema-pedido en su pecho: "Cambiar el nombre de la calle Iberá por Luis Alberto Spinetta".

Pintos y Gieco se confundieron en un abrazo, se despidieron y lo que siguió fue algo de cumbia y más folklore. Ahí nomás las primeras gotas de lluvia y los relámpagos sumaron una escenografía que no estaba prevista, aunque sí se esperaba por ella desde el mediodía. Mientras el cielo se iluminaba, Pintos seguía con el repertorio previsto, pero sus canciones parecían engarzar con el clima, como cuando en "Crónica" cantó aquello de "la lluvia y la imaginación".

"A esta familia, que recorre tantos kilómetros, que no la pare nadie", gritó luego, conmovido. La lluvia, declarada, le agregaba tintes épicos a la noche. Para el cantante popular que este año protagonizó más de 80 conciertos -"A-Dios marcaría el cierre-, llegar a River implicó el fin de un capítulo, el más popular de su recorrido. "Voy girando sin parar del campo a la ciudad / De las montañas a las luces del mar", canta en "Crónica". Ahora, ahí mismo podría improvisar: y del río al Monumental.

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