Acercarse a Ligeti y su "gran macabro"

Pola Suárez Urtubey
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21 de julio de 2017  

Fue en la apertura de su temporada lírica de 2011 cuando el teatro Colón dio a conocer una versión adaptada para piano y percusión de El gran macabro de György Ligeti, realizada por la Fura dels Baus. Lejos de aquel anticipo, ahora el Teatro Argentino de La Plata nos anuncia la versión completa de la obra a partir del domingo próximo 23 de julio. Contará con la dirección musical de Tito Ceccerini y la puesta de Pablo Maritano.

No será fácil tal vez acceder a la comprensión total de El gran macabro y su pluralidad de significados, en la que el autor, basándose en la pieza de Michel de Ghelderode , ubicada en la tradición del teatro de marionetas, presenta la historia de Nekrotzar, el ángel, o más bien la bestia de la muerte, en un estilo de "farsa negra" , una pieza irrisoria, burlesca, pero al mismo tiempo trágica, muy próxima, dice Ligeti, al mundo alucinante de Hieronymus Bosch. Teatro del absurdo, esperaba el autor de sus régisseurs un tratamiento acorde. Es la razón por la cual el compositor se fue de este mundo con el sabor amargo de la puesta, en el Festival de Salzburgo de 1997, del estadounidense Peter Sellars, quien convirtió la idea de su pieza, en la que finalmente el personaje de la muerte no es sino un gran charlatán, borracho y fracasado, en una trágica catástrofe nuclear, con un mensaje ideológico que estaban lejos de imaginar sus autores.

* * *

Recordemos que Ligeti, tras huir de la Hungría comunista en 1956, se instaló en Viena y en la década de 1960 sus experimentos con la dodecafonía lo caracterizaron como uno de los compositores más innovadores de la época. Mientras Luciano Berio, Karlheinz Stockhausen y Pierre Boulez exploraban el serialismo derivado del método de los doce tonos de Schoenberg, Ligeti se inclinaba por el surrealismo. El gran macabro, su única ópera extensa, defiende que la vida no debe vivirse temiendo morir. El que en teoría quiere terminar con todo es Nekrotzar, lord Macabro, el segador, cuyo propósito divino es aniquilar el mundo, aunque en realidad es un payaso de proporciones gigantescas.

El responsable de la régie en esta puesta en el teatro Argentino de La Plata, Pablo Maritano, afirma que "lo que me pareció más interesante es que Ligeti la definió como una "anti-ópera" y, en momentos en que las vanguardias despreciaban al género, él concibió una gran ópera que, a manera de collage de citas, de paráfrasis, de parodias, homenajea a toda la historia del teatro cantado. Es, asimismo, una ópera anti-moral, que aprovecha ese sentido bruegheliano (en Bruegheland, la tierra el pintor Pieter Brueghel, se desarrolla la acción, según se aclara) de un mundo sórdido y procaz para mostrar a una humanidad estancada, vacía, agresiva, a la que en principio llegará como castigo la muerte, bajo la figura de Nekrotzar. Pero esa sanción -continúa Maritano- al final no ocurrirá sino que la parábola nos ofrecerá la moraleja opuesta". Más adelante aclara que la pieza "tiene un sentido del humor muy particular, por momentos surrealista, de a ratos grotesco, por su manera de pintar la civilización, la política, la ciencia o la pareja". Maritano saca como conclusión que la que aparece en la obra "es una humanidad obsesionada, como hoy, por la posibilidad de su autodestrucción, fascinada por esos mitos del fin del mundo que actualmente siguen trayéndonos".

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