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- Paro en la Scala. MILAN (DPA).- El último fin de semana se canceló en la Scala de Milán la función de "El barbero de Sevilla" (foto), la ópera de Rossini, debido a un paro de sus trabajadores en reacción por los recortes del presupuesto propuestos por el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Este considera que la Scala de Milán podría ahorrarse la mitad de su personal: "Allí trabajan mil personas, pero alcanzaría con 400", dijo el premier, y criticó que "todos los empleados de la Scala quieran cobrar como artistas. Además, un bailarín deja de trabajar a los 40 y se le sigue pagando hasta los 65". El director artístico del teatro, Stéphane Lissner, advirtió hace poco que el plan de recortes de Berlusconi pone en peligro la temporada 2005/2006.
- Madama escandalosa. BERLIN (ANSA).- Una inusual "Madama Butterfly", que en lugar de ceder a su hijo y suicidarse, mata al niño y se aleja en la noche como una Medea que castiga al culpable dando muerte a un inocente, ofreció el régisseur catalán Calixto Bieito al público conservador de la Komische Opera de Berlín. Una "Madama Butterfly" cargada de sexo, sangre y violencia, como todas las puestas de Bieito, pero que esta vez no despertó la animosidad de la platea como ocurrió el año pasado con "El rapto en el serrallo", de Wolfgang A. Mozart. En parte porque para los alemanes Puccini no es un monstruo sagrado como Mozart, y en parte porque ya ha habido muchas versiones escandalosas de "Madama Butterfly". Pero hasta ahora nadie se había atrevido a cambiar la triste historia de la resignada Cho-Cho-San, transformándola en una furia vengativa que blande cuchillos y tira café hirviendo en la cara a su pretendiente Yamadori. Esta Cho-Cho-San de Bieito mata a la fiel Susuki y a su propio hijo, al que envuelve en la bandera de los Estados Unidos para horror de Pinkerton, quien cierra la ópera con el famoso triple "Butterfly", no ya como llamado amoroso sino como manifestación de desesperación. El escenógrafo Alfons Flores, fiel colaborador de Bieito, ideó un decorado-calesita único, donde se mueve una multitud de turistas en Hawai o en una Disneylandia tropical -uno está incluso disfrazado de Ratón Mickey- que se libran a toda suerte de actividades sexuales. El vestuario de Anna Eiermann no prevé quimonos, ni pelucas de geisha. La calesita está coronada por palmeras de plástico y por todas partes hay mesas y sillas que a cada momento vuelan por los aires para acompañar la furia de algún personaje.
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