
Alas rescata el pulso y el sonido porteño
Presentación del grupo Alas: Gustavo Moretto (piano), Néstor Marconi (bandoneón), Carlos Riganti (batería, percusión), Alex Zucker (bajo), Martín Moretto (guitarra). Músico invitado: Pedro Aznar (bajo, canto). En el teatro ND Ateneo.
Nuestra opinión: muy bueno
Hay lluvia. Bocinas, adoquines. Entusiasmo, tristezas, broncas. Hay corridas y hay espacios en los que uno puede detenerse y detener, también, esos momentos en los que todo parece confluir hacia un solo punto, como si el sistema solar coincidiera en sus intenciones. Y hay ruido, el ruido de las cosas cotidianas. Ruidos que hacen de la ciudad un lugar entrañable y detestable a la vez.
La música de Alas se construye con esos pulsos ciudadanos. Frescos de una ciudad que parece cambiar día tras día, pero que también se guarda ciertos secretos para siempre. Secretos como el de erigirse de golpe con el sonido de un bandoneón o con el ritmo de unas cacerolas o con el martilleo de un piano que se diluye en cada compás.
Alas volvió a tocar en Buenos Aires después de veinticinco años. Lo hizo a sala llena, y en poco menos de noventa minutos repasó parte de su historia y presentó varios temas nuevos, como "Mimame bandoneón", "2001" y "Somos lo que somos", compuesto a partir del estruendoso ritmo de las cacerolas de diciembre de 2001.
Guiños
La música del grupo toma forma a partir de la música ciudadana, con constantes guiños piazzollianos y conceptos del jazz moderno que por momentos pueden conectarse incluso con la música que Hermeto Pascoal desarrolló en los años setenta a partir de la de Brasil. Un campo dispuesto a la experimentación. Un lenguaje que amplía su espacio de expresión con el aporte técnico de cada instrumentista.
Gustavo Moretto se sienta de espaldas al público para poder marcar las partes y conectarse más directamente con el resto de los músicos. Al ser un grupo principalmente instrumental, la voz cantante pasa del bajo al bandoneón, del bandoneón al piano y alguna vez a la guitarra, que aquí es utilizada más como complemento armónico que como instrumento solista.
Por la batería de Riganti pasa el ritmo de esa ciudad que se refleja en los retratos musicales. Instantáneas que juegan con la espontaneidad y con la intención, pero sin caer en extensos delirios instrumentales.
Néstor Marconi es implacable cuando presiona las teclas del bandoneón o cuando se permite alguna broma. El bajo de Zucker canta casi siempre y el piano de Moretto derrama sutilezas constantemente. Aznar puso su voz en los únicos dos temas cantados de la noche: "Buenos Aires sólo es piedra" (del primer álbum de la banda, de 1976) y el flamante "Marcia", y tocó el bajo en un instrumental donde volvió a imponer su gusto y su sonido tan particular.
Pasó todo muy rápido, pero esta primera presentación sirvió para demostrar que no se trató sólo del reencuentro de viejos amigos que se juntan a tocar. Hay varias composiciones nuevas y, al parecer, la intención de robarle más sonidos a Buenos Aires, para continuar con esa idea de pintar la propia aldea para ser universal.





