
Albert Plá, el juglar que actúa
Con La diferencia, su nuevo disco y show, se luce como hombre orquesta
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"Yo me explico mucho más en un escenario", suelta Albert Plá una tarde soleada, en Palermo. Entre los monólogos del cronista, lanza frases escuetas y tímidas. Lo hace casi por lo bajo, como si le restara importancia. En escena, en cambio, no parará de hilvanar frases, de narrar historias como un juglar improbable. El jueves y el viernes comenzó a presentar en Niceto Club, Niceto Vega 5510, La diferencia , su nuevo álbum, y seguirá haciéndolo entre el martes y el jueves próximos.
Visitante frecuente, Plá llevaba casi tres temporadas sin pasar por Buenos Aires y el doble de tiempo sin lanzar un disco con temas propios. Pero su método es distinto del de la mayoría: las canciones primero las empieza a soltar en directo y mucho tiempo después las encapsula. "No las escribo: las recuerdo", explica.
Mientras el bien y el mal definen por penales, el catalán transmite historias de serenos abusadores ajusticiados por una feminista, de hongos alucinógenos que crecen entre los dedos de los pies, de corazones que se alejan de los cuerpos que los contienen, y mientras aguarda el resultado se pregunta: "¿Cuál es la diferencia entre Dios y el diablo, entre el cielo y el infierno, entre ser muy bueno o ser muy ruin?".
Un intruso
"Yo siempre me siento un intruso en todos lados, como cantante, como actor, como cuando toco con músicos flamencos, de jazz o de rock." En estas palabras de Plá se encuentra la esencia de un artista desclasado, que, lejos de perseguir el mote de inclasificable, se topa con él a fuerza de vagar por distintas castas musicales y actorales.
Quienes lo hayan visto antes sabrán que suele estar acompañado por la guitarra de Diego Cortés y los teclados de Judith Farrés y en ocasiones por toda una banda. Esta vez, en cambio, eligió subir solo a escena, detrás de una guitarra eléctrica y manejando un sistema de luces que cobra mucho más protagonismo que las cuerdas.
Un Niceto con mesas y sillas resulta un buen lugar para ver un show que puede ser descripto como un unipersonal o como el concierto de un solista. ¿Cantautor? Podríamos llamarlo así, si es que por eso entendemos al representante de un puñado de letras más impregnadas por una entonación actoral que por una búsqueda musical.
En la sala hay un público cautivo; hay seguidores capaces de recordar canciones extensísimas como "La colilla", un tema que relata cómo se incendió completamente Estados Unidos a partir de una colilla de cigarrillo, pero también hay quienes se ríen a carcajadas con cada ocurrencia como si se tratara de un espectáculo cómico. Porque, antes que humorístico, Plá es irónico, y las carcajadas que a veces provocan sus metáforas no vienen más que a ocupar el espacio incómodo que se produce al haber pensado alguna vez lo mismo que el hombre está diciendo en escena.
Suerte de resumen entre Leo Maslíah, Miliki y Keith Richards, Plá adopta un tono infantil para tomar distancia de sus dichos, como en la "Juerga catalana", que empieza con una cerveza en el pueblo y acaba convirtiéndose en una road movie regada de alcohol y drogas.
Tómenlo o déjenlo, el catalán no es amigo de las medias tintas, y las discusiones a la salida entre los que lo defienden y los que lo rechazan no hacen más que afirmar la estirpe del artista.
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