
Alberto Cortez, una voz con estilo propio
"Después del amor", recital de Alberto Cortez. Teatro Opera, Corrientes al 800. Nueva función: mañana, a las 21.
Nuestra opinión: bueno
Alberto Cortez pertenece a esa generación de intérpretes populares, suerte de bohemios románticos, buenos bebedores, amantes de la poesía, sibaritas en muchos sentidos, un poco callejeros y otro poco aristócratas. El cantante y autor de temas como "A partir de mañana", se entrega a ese juego de madura seducción con el público que fue cosechando en cuarenta años de trayectoria con los que el intérprete dialoga, filosofa o riega anécdotas sobre la vida y el amor, que le dan pie para mostrar sus últimas creaciones y algunas que escribió en la adolescencia.
"Hoy haré un repertorio con canciones especiales que no suelo cantar habitualmente." Sin otros compañeros de ruta que sus músicos (tras sus experiencias con Facundo Cabral o Estela Raval) el cantor desparrama todos esos temas que fue acumulando en sus años de oficio como "La ternura", "Los inmortales", "Mi madre y el aire", y otras que volcó en su material "Después del amor", canciones de cierto corte erótico, como define el mismo pampeano.
El cantor logra vencer el pudor de su público maduro, que recibe bien esas pequeñas crónicas de amor que surgen en las flamantes "Mientras llueve", "Después del amor", "Dijo de mí" y "Cuando vuelva a verte". En ese terreno sus versos pecan de algunos clisés recurrentes, pero ganan cuando aflora el humor. Lo mismo sucede en canciones más sentenciosas o metafóricas como "La canción de la cigarra", una lectura sobre los mandatos de la sociedad.
Boleros y romanticismo
Cuando utiliza elementos más sencillos el músico logra calar con mayor hondura como en la clásica "Mi árbol y yo", al igual que en el bolero "Un cigarrillo, la lluvia y tú", que escribió según dice a los 10 años de edad, y donde insinuaba su vena romántica y bolerística que le calza muy bien.
Para cada tema el cantante encuentra una manera de condimentarlo con una situación particular. Antes de presentar su poema "El vino", recuerda la vez que actuó en un local de México donde lo fue a ver el mismísimo José Alfredo Jiménez, autor de "Un mundo raro", entre otras de proyección internacional. "Esa noche pensé que no podía hacerle un tema mío -cuenta Cortez-, pero me acordé de un poema que le había escrito al vino y le gustó mucho". Allí, en esos pasajes, surge el Cortez profundo que se alimenta de lo cotidiano para definir un universo propio y un ambiente nocturno.
Los músicos acompañan las pausas, los silencios y las arremetidas del intérprete que deja cuero y garganta, aun a costa de alguna nota desajustada. La gente agradece con fervor la pasión adolescente que pone Cortez sobre el escenario. Cuando encara "Callejero", el cantautor marca esa diferencia y pone de manifiesto el clasicismo imperturbable de su música. Así es que puede ser coreada tanto por el público promedio de cuarenta años que lo sigue como haberse transformado en un himno adolescente del grupo Attaque 77.
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