
Algunas precisiones sobre el bel canto
Un estilo con varias interpretaciones
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Bel y canto , un adjetivo y un sustantivo que, aliados en una unidad indestructible, conforman una especie de marca registrada. Hasta tal punto que traducidos a cualquier idioma pierden su significación.
Sin embargo, más allá de las muchas suposiciones y cierta asociación casi inmediata a determinado tipo de canto, en el campo de la música académica, su aplicación es pasible de varias interpretaciones.
Obviamente, para los amantes de la ópera, bel canto es sinónimo de Rossini, Bellini y Donizetti, los más grandes compositores italianos de la primera mitad del siglo XIX.
No obstante, habría que confirmar que, en su tiempo, el término, u otras construcciones similares como bellezze del canto o bell arte del canto no tenían ningún sentido musical preciso. Por cierto, hasta casi 1900, estas expresiones compuestas eran utilizadas sólo para referirse, muy nostálgicamente, a alguna tradición olvidada o perdida.
Pero en el siglo XX, bel canto comenzó a ser empleado para denominar a un estilo vocal italiano que se distingue por el canto legato , es decir fluyente y sin interrupciones, a lo ancho de todo el ámbito de la voz aunque, especialmente, hacia los agudos, con un peso vocal nada excesivo, con una emisión muy ágil y flexible y con un acompañamiento instrumental entre mínimo y sencillo para que, por sobre él, la voz se pueda florear sin mayores impedimentos.
Ejemplos conocidos de arias de bel canto son, aquellas tan nobles y de melodías mágicas como Casta diva , de la ópera Norma , de Bellini, o Una furtiva lagrima , de El elixir de amor , de Donizetti, o las más brillantes y de virtuosismo extremo como Largo al factotum y Una voce poco fa , ambas de El barbero de Sevilla , de Rossini.
En realidad, el término surgió como una necesidad para englobar, en sentido negativo, a un tipo de canto que no tenía nada que ver con el estilo más denso, enérgico y declamativo de la ópera romántica, en particular la wagneriana.
Para complicar el panorama, hacia 1920, la musicología alemana, con fundamentos claros, decidió extender el empleo del vocablo y lo consideró pertinente para referirse al lirismo del nuevo canto solista que apareció en la ópera y la cantata venecianas a partir de c.1640.
En ellas, el recitativo dramático que había caracterizado a la ópera desde su surgimiento, hacia 1600, comenzó a coexistir con las primeras arias, con sus melodías onduladas, atractivas y propiamente bellas, apenas apoyadas por el bajo continuo y algún instrumento de ocasión.
Con todo, esta ampliación del significado es un tanto ajena a los melómanos, quienes, al margen de taxonomías un tanto eruditas, siguen asociando, correctamente, el bel canto a Rossini, Bellini y Donizetti.
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