
Atendidas por sus dueños
Las orquestas nuevas retoman una tradición: la de ocupar espacios donde poder tocar para los amantes del género locales y para los turistas curiosos en busca de milongas auténticas
1 minuto de lectura'

Hace algunas décadas era común que los músicos fueran anfitriones de sus propios locales de espectáculos. Fue (y sigue siendo) muy habitual en el ambiente folklórico y también hubo casos dentro del mundillo tanguero, como el de El Viejo Almacén, fundado en 1969 por el cantor y guitarrista Edmundo Rivero.
Los motivos fueron varios: sociales, económicos y artísticos. El local propio es una manera de tener un espacio para, justamente, difundir lo de uno sin intermediarios. Es probable que para los tangueros esto haya dejado de ser habitual en la medida en que el público perdió interés por el género. Pero cuando la audiencia volvió a aumentar, los músicos debieron ganar nuevos espacios. Como ejemplos sirven los de dos orquestas fundadas en la última década: la Fernández Fierro y la Imperial.
La Orquesta Típica Fernández Fierro tocó en distintos escenarios de Buenos Aires y el exterior. Incluso en espacios callejeros. Pero su apuesta más interesante fue la que bautizó Club Atlético Fernández Fierro (CAFF), en Sánchez de Bustamante al 700. El boca a boca hizo que durante 2004 los miércoles y sábados el público llenara el viejo galpón para escuchar a esta típica.
Reformado, pasó a ser de taller mecánico a milonga. Pero luego de la tragedia de Cromagnon la orquesta revisó las cuestiones legales y ahora espera la habilitación para que el CAFF funcione como cualquier otro local con música en vivo. Tal vez eso suceda en un par de meses. "El CAFF nació como un espacio fijo para ensayar y tocar. Siempre buscamos un lugar propio para no depender de que nos llamen. Hasta que uno logra un cierto nombre las condiciones que se ponen siempre son más favorables para el lugar que para la orquesta", dice Pablo Jivotovschi, violinista de esta poderosa típica.
Antes, el CAFF era un taller mecánico para taxis. "Estaba hecho pelota. Arreglamos el piso, armamos el escenario y así conseguimos una sede fija para ensayar." Desde mayo del año último funcionó como una especie de "milonga under", donde asistía una tribu joven seguidora del grupo, totalmente desprovista de los estereotipos tangueros. "Si bien era una milonga, generó un público medio atípico. Tal vez no bailaba mucho, iba más que nada por el espíritu del lugar. Y la idea es mantener eso. No necesariamente tiene que ser un lugar tanguero."
Ojalá que los trámites de habilitación avancen para hacer una reinauguración formal y mantener ese espacio tan interesante y, prácticamente, único en su especie. "En realidad, no era gran cosa lo que nos faltaba. Sólo ampliar baños para la cantidad de gente y cambiar una puerta", asegura el violinista.
Meses atrás la orquesta trasladó sus reuniones musicales al club Villa Malcolm, de Córdoba y Thames, con el título "El CAFF de visitante". Y ahora, todos los lunes actúa en La Trastienda. "El esquema es el mismo. Hay práctica [para bailarines] y la orquesta toca después. Pero con el CAFF reabierto nos gustaría mantener lo de La Trastienda, porque ahí estamos cómodos y son públicos distintos." Sólo habrá interrupciones por viajes. Porque ya tienen programadas actuaciones en México, en septiembre, y durante febrero en los Países Bajos y, probablemente, España.
El caso de la Orquesta Típica Imperial es similar. Hace dos años comenzaron a tocar en la calle. Los domingos, desde el mediodía hasta las 15, en Defensa y el pasaje Giuffra, a un par de cuadras de la feria de la plaza Dorrego. "Pasábamos la gorra y vendíamos muchos discos. Nos iba bien. Muchos nos preguntaban en qué otro lugar nos podían escuchar. El tema es que tocábamos en milongas muy de vez en cuando", cuenta el pianista Gerardo Martínez Argibay. "Nos hacía falta el lugar para invitar a la gente que nos veía en la calle. Además, en la calle tuvimos problemas, una denuncia de una vecina por ruidos molestos, por eso nuestro próximo disco, que recién terminamos de grabar, se va a llamar «Ruidos molestos». Eso también nos empujó a armar la milonga."
En Independencia 572 existe un viejo edificio donde se organizan milongas varias veces por semana. La Imperial ocupa las noches de los domingos. La cosa arranca a las 19.30 con clases de baile y un par de horas después comienza la milonga con música en vivo. "Ahí hacemos todo. Atendemos a la gente, ordenamos las mesas. Dos se dedican a hacer empanadas y chipá para vender", dice el pianista.
Además, está la milonga que completa la mejor de las excusas para no dejar de tocar, o para hacerlo con la mayor continuidad posible. A fines de septiembre la típica volverá a salir de gira (partirá hacia Europa para actuar durante dos meses en ciudades de Holanda, Bélgica, Italia, Alemania, Francia, Austria y Dinamarca). Para no perder el espacio, posiblemente otra orquesta se ocupará de mantener las milongas domingueras.
Hubo una época para el Taconeando de Beba Bidart, el Rendez Vous de Osvaldo Fresedo y El Viejo Almacén que Rivero fundó en un viejo local de ramos generales de Independencia y Balcarce. Veinte años después, y cuando por su escenario ya habían pasado muchos de los popes del tango, la fachada de la tanguería llegó a ser imagen de estampillas porteñas.
Hace poco más de una década, el cantante Fernando Soler recicló un galpón de la calle Vieytes, del barrio de Barracas, hasta convertirlo en Señor Tango, un espacio para cena-show que convoca al turismo. "Me acuerdo de los comienzos, cuando pasaba a buscar con mi auto a los turistas por los hoteles y después subía a cantar", decía Soler a LA NACION hace algunos años. Señor Tango también fue una base de promoción para la carrera solista del cantor.
En un barrio vecino, La Boca, el mes próximo se inaugurará Che Tango, local que tendrá a Raúl Lavié como uno de los socios y responsables artísticos. Ubicado en Pinzón y Pedro de Mendoza, contará con tres escenarios y capacidad para mil personas.
Porque no sólo las nuevas orquestas encaran proyectos personales. También algunos artistas consagrados y con larga trayectoria como Lavié se animan: "No sólo pasa por el hecho de cantar. Me encanta juntar gente, producir cosas. No entraba en mis planes abrir algo porque iba a limitar mi trabajo. Incluso tengo propuestas para varios años en teatro, televisión o shows. Pero se dio la circunstancia y me gustó el desafío", concluye Lavié.




