Autores argentinos, en un concierto de cámara
Anaïs Crestin y Matías Villafañe, en el Jockey Club
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Recital del dúo Anaïs Crestin, piano, y Matías Villafañe, violonchelo. Programa con obras de autores nacionales en homenaje al Bicentenario. Ars Nobilis. Auditorio Anasagasti del Jockey Club.
Nuestra opinión: buena
Las temporadas musicales de Ars Nobilis a lo largo de sus catorce años de existencia han dado claras muestras de que son el resultado de una planificación impulsada por un profundo amor a la música, pero también al reconocimiento y el querer recordar de modo permanente al prolífico compositor argentino Roberto Alemann a quien con esta magnífica y a la vez elogiable iniciativa se le rinde permanente y amoroso homenaje no sólo por la temporada en sí misma, sino también por incluir segmentos llamados festivales con su apellido.
En este recital de cámara, fue posible escuchar un atractivo y poco frecuente programa de composiciones de autores argentinos a partir de la grata Romanza sin palabras, de Arturo Beruti, pasando por la delicada Elegie, de Floro Ugarte; la muy compleja Pampeana Nº 2, de Alberto Ginastera, la pieza con sabor a tango Graciela de Buenos Aires , de José Bragato; la nada sencilla Sonata en tres movimientos, de Constantino Gaito, y la siempre amable canción y arreglo La rosa y el sauce, de Carlos Guastavino. En una palabra, un ramillete académico inspirado, en su mayoría, en los ritmos de bailes, cantos, tonadas y giros de sabor popular.
Con respecto a los intérpretes, desde la primera entrega se tuvo la sensación de escuchar a una pianista de origen francés, íntimamente vinculada a nuestro país, Anaïs Crestin, evidentemente dotada de muy buenos recursos técnicos (brazos relajados y flexibles, dedos dominados por la mente), que, con el logro de una sonoridad bien regulada, contribuyó a que el violonchelo se pudiera lucir con el predominio exigido en este tipo de formación.
Por su parte, también se apreció a un violonchelista, Matías Villafañe, de llamativos antecedentes escritos en el programa de mano, pero que, acaso por algún inconveniente técnico en su instrumento, no logró, en esta actuación, una exacta afinación ni un fraseo matizado y expresivo, con lo cual el placer auditivo esperado con páginas tan delicadas e inspiradas fue mucho menor al deseado. No obstante, el público, dando muestras de evidente respeto y gentileza, ofreció su aplauso, pero sin forzar alguna composición fuera de programa.






