Bernarda Fink, en "Las tres B"
Interpretará obras de Bach, Beethoven y Brahms, con Fernando Pérez, en piano
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BERLIN.- El lunes, en el Avenida, dentro del ciclo "Las tres B", que organiza Festivales Musicales, se presentará la mezzosoprano Bernarda Fink, acompañada en el piano por Fernando Pérez, que interpretará un programa integrado por obras de Bach, Beethoven, Brahms.
Bernarda Fink, una de las mezzosopranos más destacadas del mundo, es argentina y fue formada en el Instituto de Arte del Teatro Colón. De su familia, inmigrantes eslovenos en Buenos Aires, recibió la feliz costumbre de cultivar el canto popular antes de dedicarse a la música clásica, "algo decisivo para incorporar el canto como forma de expresión muy arraigada", según explica. Su trayectoria, jalonada por trabajos con directores como René Jacobs, Nikolaus Harnoncourt, Colin Davis, Valery Gergiev y Riccardo Muti, así como también por sus originales aportes en el panorama discográfico (su último CD con canciones de Dvorák para Harmonia Mundi fue distinguido con el Gran Premio de la Academia Charles Cros y el famoso Diapason d´Or entre otros), y por una acogida crítica siempre impecable, le ha valido un reconocido lugar en el mundo clásico.
Entre las cualidades que la distinguen, posee antes que nada una voz dulcemente redondeada, personal y reconocible; luego, una fina calidad interpretativa y una enorme ductilidad a la hora de abordar géneros, estilos y repertorios diversos. Por último, una individualidad que marca cada paso de su quehacer artístico, por ejemplo, con una selecta elección de sus actuaciones (cierto lujo que contados casos pueden permitirse).
Hoy, después de experiencias que acentuaron ese carácter selectivo, Bernarda se reencuentra con la ópera en escena de la mano de Nikolaus Harnoncourt en una nueva producción de Lucio Silla (Mozart) en el Festival de Viena. "Hacía años que no cantaba ópera y debo decir que estoy feliz por este reencuentro con el trabajo en escena", comentó la cantante.
"Lo que hay que sacrificar es demasiado, especialmente cuando no hay suerte con el régisseur o el director, o si la ropa es cualquier cosa, si la concepción no coincide con la mía...", explicaba en una anterior entrevista, en relación con sus escasas apariciones en los escenarios de ópera, en comparación con las de conciertos, lieder y ópera en versión concertante.
Acerca de su singular visión de la carrera, Bernarda dialogó con LA NACION al cabo de una sesión de grabaciones en Berlín.
-¿Es un lujo, hoy en día, poder escoger sus actuaciones?
-Es un derecho que me gané con los años que llevo cantando. También ocurre que con el tiempo, al ir perfeccionándose y experimentando el trabajo con tantos directores y orquestas, uno se pone más exigente. La persona joven, en cambio, tiene obviamente que hacer experiencia y es lógico que se entusiasme fácil con ciertos directores con los que hoy ya no me muero por cantar. Tengo ofertas muy variadas, pero no acepto todo lo que me ofrecen. Además considero fundamental que uno permanezca fiel a sí mismo porque, de no ser así, no se puede dar en un escenario la sinceridad y la pasión que el canto exige.
-Parte de lo que no aceptás fácilmente es ópera escenificada. ¿Qué dificultades advertís en las producciones actuales?
-Como madre de adolescentes y reflexionando sobre la preocupación de los programadores de ópera acerca de la necesidad de ganar a los jóvenes, me pregunto: ¿cuál es el argumento que siempre se oye? "Hacemos puestas ubicadas en el siglo XX para acercarlas al público." Creo que es una argumentación falsa. La gente ya está acostumbrada a ver chicos en jeans, escenas de guerra en la TV, etc. Es lo de todos los días. Entonces, ¿por qué no darle al público cosas que lo conmuevan, justamente exóticas por pertenecer a otras épocas? Si de repente vemos una "Incoronazione di Poppea", ambientada en la moderna villa de un presidente, en lugar de ubicarse en Roma, se corre el riesgo de perder el meollo de la historia. Otro argumento es "vamos a hacer «La traviata» de una manera diferente porque todo el mundo la conoce..." Nosotros conocemos "La traviata", pero si queremos ganar público, la gente que va a ver la ópera irá por primera vez. Espero que en el futuro se vuelva a pensar en el público nuevo, pero en el sentido justamente contrario.
-Puesta en práctica esa exigencia al elegir, ¿cómo escogés tus actuaciones?
-Depende de varios factores. Primero, si la obra que me proponen cantar corresponde a las cualidades de mi voz. Luego, si el contenido textual es algo con lo que puedo identificarme. Después, quién dirige y cuál es la constelación integral del proyecto, porque a veces la colaboración con cierto artista puede ser de una motivación tan grande que la obra gana dimensiones completamente nuevas.
-¿Cómo se construye una carrera prestigiosa, activa e independiente?
-La base es siempre el talento e inmediatamente después (pero escrito con letras grandes) mucho trabajo. Nunca hay que dejar de romperse el alma porque uno nunca llegó; siempre se están buscando nuevos horizontes. Ser humilde, saber aceptar consejos, seguir con el control de un profesor de canto, pero al mismo tiempo poder ser independiente. Tener una personalidad definida y decidida, y buscar el sentido de la vida para encontrar el verdadero sentido de las obras. Sólo así uno logra un lenguaje y una interpretación propia.
Como artista exclusiva de Harmonia-Mundi (sello recientemente incorporado a SONY-BMG), la talentosa cantante, junto a su hermano, el bajo barítono Marcos Fink, y ambos acompañados por la pianista argentina Carmen Piazzini (radicada en Alemania desde hace décadas), grabaron en Berlín un álbum que será editado a fin de año, con canciones de cámara de diversos autores argentinos (López Buchardo, Ugarte, Gianneo, Gómez Carillo, Williams, Guastavino y otros).



